Sufrir de dolor de estómago…

¡Por querer probar toda nuestra gastronomía en poco tiempo!
Empanadas, arepas, buñuelos, almojábanas, envueltos, chicharrón, morcilla, carimañolas, butifarra, tamal, plátano en todas sus presentaciones (como el aborrajado), postres típicos como obleas, arequipe, bocadillo (dulce de guayaba), postre de natas, o platos como la bandeja paisa, sopas de todo tipo, papas chorreadas. ¡Más toda clase de frutas! Si a esto le agregas bebidas como avena o masato…. Podría seguir por siempre.

No te prives de probar todo lo que te antoje pero ten cuidado con lo que combinas. Una bandeja paisa con avena podría ser un peligro para cualquier estómago, y más para uno que no esté acostumbrado.

Crédito: cvander

Quedar atrapado en un pozo circular lleno de plantas marinas…

Mientras nadas en Caño Cristales, uno de los ríos más bellos del mundo.
El río de los cinco colores, hasta hace unos años, era una joya oculta que nadie conocía debido a la inseguridad y la violencia de la región. Afortunadamente, la situación ha cambiado. Hoy, es uno de los sitios más bonitos para visitar. El riesgo más grande es quedar enamorado de las algas más coloridas que le dan vida al río y asombrarnos con la belleza de la naturaleza que nunca deja de sorprendernos.

Crédito: Mario Carvajal

Tener que abandonar tu trabajo…

Para quedarte a vivir en una playa de aguas cristalinas.
No son solo las playas cristalinas de Colombia lo que harán que te quieras quedar: es su vibra especial la que atrae a los extranjeros. La música, la amabilidad de la gente, el turismo auténtico y local, el tomarse las cosas con calma, harán que quieras dejar tu trabajo para siempre. Relajarte en una hamaca todos los días, mientras escuchas las olas del mar y comes pescado frito con arroz de coco y patacón en playas de aguas cristalinas rodeadas de montañas, palmeras y bosques… ¿quién diría que no a eso? Puedes encontrar lugares así en el parque Tayrona, San Andrés y Providencia, Islas del Rosario, San Bernardo, Barú, o Palomino, por mencionar los primeros sitios que vienen a mi mente.

Sufrir terribles dolores musculares y no poder levantarte de la cama una mañana…

¡Por la cantidad de baile de la noche anterior!
Si no eres de los que baila, en Colombia lo harás. La buena rumba, la fiesta y la gran cantidad de festivales y ferias típicas caracterizan a este país. Acá mostrarás tus mejores pasos para gozarte la buena rumba colombiana como un verdadero local, en fiestas como El Carnaval de Barranquilla o la Feria de Cali, entre muchas más. Una vez que empieces, no vas a querer parar. Y si no estás acostumbrado a moverte tanto, el cuerpo puede hacértelo notar al día siguiente.

Crédito: Mario Carvajal

Llevarte un gran susto al ver la cabeza de un cerdo sobre una mesa mientras caminas tranquilamente.

Tranquilo, es sólo una lechona, plato típico de la región del Tolima y muy popular en el centro del país. No es nada raro encontrarte locales comerciales y puestos callejeros informales donde la venden de la manera tradicional y auténtica. El cerdo completo se exhibe, mientras un gran cucharón saca de su interior su carne mezclada con arroz, arveja seca y otros ingredientes. Cada plato se adorna con una arepita blanca y un trozo de su cuero tostado y crujiente. Su sabor es definitivamente más rico de lo que puede parecer su apariencia.

Tener exceso de equipaje…

Porque necesitarás ropa para todos los climas.
Aunque sea conocido como un destino “tropical”, verás que el clima en Colombia varía muy fácilmente. Prepárate para el frío y la lluvia en Bogotá en cualquier momento del día y del año, para la primavera eterna de Medellín, para el calor intenso de Cali, Barranquilla y Cartagena, para el clima templado del Eje Cafetero -y también para su lluvia, que permite ese paisaje verde intenso-.
Trae ropa de frío para visitar Boyacá, Pasto y los alrededores de Bogotá, así como para ascender a nuestros nevados y páramos. Alista un poncho y ropa anti-mosquitos pero fresca para el Amazonas, y ropa playera para la brisa de la Costa Atlántica y la humedad de la Costa Pacífica. Por supuesto, no puede faltar el vestido de baño para disfrutar de gran parte del país.

Perder todo un día de tu viaje…

¡Porque sufres un terrible guayabo causado por el aguardiente!
El aguardiente, nuestro licor nacional más conocido como guaro, es de amores y odios. Debes probarlo, pero desde ya te advierto que el guayabo (resaca) puede dejarte en cama por un buen rato, especialmente si lo tomas a la colombiana: empiezas con cerveza y terminas con guaro, o en su defecto, pasas el fuerte sabor del aguardiente con cerveza. Esa mezcla es fatal, pero muy local.

Subir tus estándares de servicio.

Debo decir que después de viajar a muchos países, valoro el buen servicio que hay en Colombia. La amabilidad de la gente se refleja también en el servicio de los restaurantes, los bares, las tiendas, los hoteles o los almacenes. Como todo, siempre hay excepciones, pero si visitas el país seguro te volverás más exigente que antes.

Engordar unos cuantos kilos.

Además de la variedad de comida que no querrás dejar de probar, estarás rodeado de gran cantidad de fritos, harinas y muchas invitaciones locales. Es decir, no solo se trata de “cantidad” de platos, sino también de una buena dosis de presión social de los lugareños para que te la comas toda e incluso repitas.

Tener una profunda confusión mental…

Por la gran diversidad cultural y folclórica.
Si visitas Colombia, no sabrás si visitaste un solo país o diez. Cada región de Colombia es tan única que requiere un capítulo especial para describirla. Costeños, paisas, rolos o cachacos, pastusos, llaneros, opitas, boyacos, toches, es como llamamos a las personas de algunas de esas regiones. Cada uno tiene un acento y un lenguaje particular.
Los bailes tradicionales varían también, desde el bambuco, la cumbia, el mapalé, la puya, el porro, la guabina, el joropo, el currulao, el pasillo, entre otros, y los trajes típicos son totalmente diferentes de una región a otra, pero eso sí, todos son muy coloridos. ¡Con decir que hasta los sombreros tienen sus particularidades! Además, a las diferencias gastronómicas ya mencionadas, se le agregan los distintos temperamentos de su gente.

Creer que sufres una grave enfermedad en los ojos…

Por exceso de colores que registra tu visión. Tranquilo, no tienes una condición opuesta al daltonismo… Lo que sucede es que Colombia es un país de colores.
Colores en la diversidad de sus paisajes, en las flores que se cultivan y adornan los balcones de las casas, en las artesanías que se venden en los mercados de pueblos y ciudades, en las frutas que se comen y colorean las plazas de mercado. También en sus festivales: la marimonda, las máscaras y los disfraces coloridos del Carnaval de Barranquilla; las cientos de flores del desfile de silleteros que adornan la espalda de campesinos en la Feria de las Flores en Medellín; las comparsas y carrozas de la Feria de negros y blancos en Pasto y de la Feria de Manizales; los vestidos de baile en el Reinado del Bambuco en Neiva, y los brillantes vestidos para bailar salsa en la Feria de Cali.
Por algo somos el país con el Mar de los siete colores -San Andrés- y el Río de los cinco colores -Caño Cristales-.

Crédito: Mario Carvajal

Sentirte abrumado…

Por la amabilidad y el cariño de su gente.
Es una constante entre extranjeros decir que Colombia es tierra de gente amable y con gran hospitalidad. Aquellos que son de países más fríos pueden sentirse un poco abrumados por tantas demostraciones de cariño. La alegría, la calidez, el valor por la familia, la capacidad de hacer amigos en todas partes y el valor que damos a los extranjeros, hará que finalmente te enamores de su gente… y por qué no, de alguien muy especial también.

Crédito: Mario Carvajal