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Que se te ponga cara de pez

Boquerones, sardinas, doradas, lubinas, róbalos, pescada, rape, pintarroja, jurel, caballa, pescaílla, bacalaílla, salmonetes, besugos, lenguado, chanquete, palometa… Las opciones son tantas y sus sabores tan ricos, que querrás probar todos y terminarás con cara de pez. ¡Ojito con los camperos!

Y que se te pongan los ojos achinados

Básicamente, porque si en tu lugar de origen no hay tantos días de luz, tendrás que cerrar un poco los ojos para soportar las horas de intensa luminosidad solar. Una solución es que te acostumbres a llevar gafas de sol en todo momento… ¡hasta para dormir!

Subirte a un crucero sin darte cuenta

El centro de Málaga se convierte algunas mañanas en un mar de personas procedentes del mar. Son los cruceristas, un espécimen poco conocido hace unos pocos años pero que se ha multiplicado por mucho en el siglo XXI. Como te despistes, acabarás siguiendo un paraguas de color que te guiará por los monumentos y te hipnotizará de tal manera que terminarás subiendo a un megacrucero del que, quizás, nunca salgas. ¿Para qué?

Volverte rural…

Los Montes de Málaga que rodean la capital, los paisajes de las comarcas del Genal, Axarquía o la Serranía Ronda, sumado al centenar de bonitos pueblos existentes en la provincia harán que vuelvas a amar la ruralidad. ¡Hay que retornar al campo!

… o un esnob

Porque pasearás por el barrio del Soho hablando de graffitis, visitarás el Centro de Arte Contemporáneo disertando sobre Ai Wei Wei, pedirás platos de alimentos reducidos que ni conoces, gin tonics con macedonias y frutos secos exóticos en las azoteas de moda o te codearás en conciertos modernos donde nadie, realmente, sabe tocar un instrumento. Qué más da: ¡lo importante es el postureo!

Entender que la vida puede ser otra cosa

No dudarás de que aquí se trabaja como en cualquier otro sitio: la fama de vagos de los andaluces está mal ganada. Sin embargo, entenderás que la vida también puede ir más allá porque en Málaga siempre tendrás hueco para una cañita, una escapada a la playa, un cafelito o un buen vino en una terraza con vistas. ¡Los días tienen 24 horas y se puede hacer de todo!

Olvidar qué era la manga larga

Más de trescientos días de sol, una temperatura media anual que ronda los 20 grados y microclimas tropicales hacen que el frío de verdad nunca llegue a Málaga capital. Aquí se considera que hace rasca cuando el termómetro baja un poquito de los 10 grados, aunque suele ocurrir pocas veces, por no decir casi ninguna. Con veranos de cinco meses e invierno de unas pocas semanas, los jerseys, polares, bufandas y similares desaparecerán del armario. ¡Tiembla cuando vuelvas a casa!

No tener ni un fin de semana libre

En la provincia de Málaga hay fiestas hasta debajo de las piedras. Casi todos sus 103 pueblos celebran una fiesta gastronómica anual, además de sus romerías y fiestas grandes. A ello se suma la Feria de la capital, que dura casi diez días, las ferias de sus barriadas, la Semana Santa, el carnaval… Elige una excusa y alguien habrá montado ya una fiesta por ello. ¡A divertirse!

Vivir en un museo

Aunque ahora sólo hay expuestas 2.200 piezas, el Museo de Málaga tiene 17.500, lo que puede hacerte pasar meses allí dentro para verlo todo. Súmale el Museo Picasso Málaga, el Centre Pompidou, el Museo Ruso, el Museo Thyssen y no te olvides de pequeñas joyitas locales como el Museo del Vidrio o el Museo del Vino. Si te sumerges en ellos, igual no vuelves a ver la luz solar.

Subir un poco de peso…

El pescaíto es una delicia, pero también la carne de matanza, las migas de Torrox, los platos de los montes, la porra antequerana, el ajobacalao veleño, las berzas malagueñas o los potajes de castañas.

… y luego bajarlo

Quizás no te lo parezca, pero Málaga es una de las tres provincias más montañosas de España. Así que vayas donde vayas a pasear, te tocará subir cuestas, atravesar montañas y olvidar que existe el terreno llano. En vehículo se hace más fácil, pero a pie o en bici terminarás echando piernas.

Vivir en un charco

El calor húmedo malagueño te hará sudar de día, sudar de noche y sudar en cualquier gesto que hagas. Da igual que trabajes a pleno sol o en tu casa con las persianas bajadas: la humedad se moverá por tu piel como pez en el agua durante todo el verano. Y recuerda, aquí duran cinco meses…