Crédito: Daniel Sánchez

1. Encontrar películas en su versión original.

Veamos películas traducidas dijeron, qué tan malo puede ser dijeron. Después del desengaño, llenarás tu computadora de mil programas que te dejen ver tus películas favoritas o los últimos lanzamientos como a ti te gusta… ¡En su idioma original! Ni de coña podréis acostumbrar vuestros oídos a los modismos castellanos. ¡Qué va!  

 

2. Dormir antes de medianoche.

En España la fiesta se toma en serio. Lo que puede aparentar ser una simple cenita, fácilmente se puede convertir en una tertulia trasnochadora y bien podrías terminar con la peor cruda de tu vida y sin recordar en qué momento el plan dejó de ser tranquilo. No importa que sea domingo, ¡siempre es un buen día para salir de fiesta!

 

3. Evitar ser imitado por un español.

¿Cuántas veces no te divertiste imitando a un español en México? Bueno, pues resulta que a ellos también les parece gracioso tu acento, así que ha llegado la hora de la venganza por todas esas veces que soltaste un “joder tío” imaginando que imitabas el acento a la perfección. Acostúmbrate a frases como “cuate aquí hay tomate” o al muy socorrido “güeeey no mames…” cada vez que alguien se entere de tu procedencia.  

 

4. Olvidarte del auto sardina… y del coche en general.

Si moverte libremente quieres, usar el transporte público debes.  

 

5. Encontrar un restaurante mexicano que de verdad sea mexicano.

Lo primero que tienes que hacer es buscar paisanos. Ellos te mostrarán el camino para alejarte un poco de la dieta mediterranea y sentirte como en casa.

 

6. Cruzar las calles por donde debes y no por donde se te antoja.

Si te preguntas por qué todos te miran como bicho raro al cruzar la calle, probablemente sea por cruzar por en medio de la calle y no por las esquinas como el protocolo lo indica. Las vallas están ahí para impedir el paso, ¡no para que las saltes!

 

7. Hacer un guacamole hecho y derecho.

No, si hacerlo sigue siendo igual de fácil. El problema es comprar las frutas y verduras necesarias con los precios del mercado europeo. ¡La pasta que tienes que invertirle a tus pequeños placeres!

 

8. Empezar tu día con unas buenas porras… de las que se comen.

Tal vez nunca termines de comprender las sutiles diferencias entre el español mexicano y el castellano peninsular, pero pronto aprenderás que unas buenas porras chopeadas con chocolate caliente no se le deberían negar a nadie.

 

9. Acostumbrarte a tomar una siesta vespertina.

Ahora reconozco claramente que los mexicanos trabajamos en exceso. Acá las calles quedan desiertas entre dos y cuatro de la tarde porque hay que descansar para volver al curro… ¡Chulada de costumbre!

 

10. Evitar tener canciones españolas en tu playlist.

Los éxitos españoles ya no te sonarán tan extraños una vez que te acostumbres a cantarlos y entiendas un poquito más de lo que dicen (un poquito nada más). Como diría Vetusta Morla…. ¡dejarse llevar suena demasiado bien!

 

11. Detener el tren del mame.

Es común que entre paisanos salga a relucir nuestro vocabulario más florido, incluyendo una de nuestras máximas expresiones: el tan socorrido “¡no mames!” Deberás tener en cuenta que a las personas adultas les resulta bastante inapropiado esta expresión y que en una de esas te puedes llevar una buena regañada en público.

 

12. Integrar el palabrerío español a tu vida.

Notarás que los modismos españoles van ganando terreno en tu inconsciente. Eventualmente contestarás con un “vale” para todo eso a lo que antes contestabas con un “bueno” y entenderás que alguien no necesita ser de tu sangre para que lo llames tío