Crédito: Zyan

1. Tienen un poder ultrasónico y terrorífico en la mirada…  

Que cuando te portas mal o haces berrinche te dice, sin necesidad de palabras, que estás a dos de que te cargue la chingada.

 

2. Viven con el termostato alterado.

Por eso, durante los veranos sonorenses infernales, les da por recibirte a la hora de la comida con un plato hirviendo de sopa de fideos, cocido o gallina pinta. Y como ya sabes que la casa no es restaurant, mejor te sientas a comer y te callas. Hay batallas que desde el principio están perdidas.

 

3. No toleran las faltas de respeto ni las malas palabras.

Y te lo dejan bien claro con mensajes como: “Que sea la última pinche vez que me pones en vergüenza con esa chingada boquita, cabrón. La próxima te reviento el hocico”. Y a veces hasta te preguntan quién te enseñó a hablar así.

 

4. Suelen andar siempre impecables y esperan lo mismo de sus polluelos.

Dice mi tía Virginia que cuando peor se siente, más se arregla porque al mal tiempo buena cara y los demás no tienen por qué enterarse de tus penas. Las mamás sonorenses no ponen un pie fuera de la casa sin haberse bañado, peinado, arreglado y perfumado, y esperan lo mismo de ti. Si quieres ser la vergüenza de tu familia, sal al súper en pantuflas (y olvídate de éstas últimas, tu mamá las va a tirar a la basura).

 

5. A veces pecan de sinceras.

Como cuando le presentaste a tu primer novia y te dijo que podrías haber escogido mejor.

 

6. Tienen las costumbres y fobias alimentarias más extrañas.

No vayas a comer sandía con leche porque te da “jiricua”. Prohibido comer pescado en la noche (nadie sabe por qué pero está prohibido). Y ni se te ocurra tomar agua después de comer galletas recién salidas del horno. Algunos valientes se han atrevido a desafiar la última advertencia y han pagado las consecuencias.

 

7. Viven sus emociones siempre al extremo.

Un día eres un cabrón malagradecido y al otro eres el tesoro más hermoso que la vida le ha mandado.

 

8. Les da TERROR el qué dirán.

Por eso, pobre de ti si haces cosas buenas que parezcan malas.

 

9. Son ULTRA solidarias.

Tratan de ayudar siempre a quien lo necesita y son súper sensibles al dolor ajeno. Porque detrás de la mirada matadora se esconde un corazón enorme y generoso.

 

10. Tienen sus propias versiones del catolicismo y la religión.

“El matrimonio es para siempre y espero que sepas escoger bien con quién. Pero si te toca un cabrón mentiroso que te falta al respeto, lo mandas directito a la chingada. Dios no nos quiere ver sufriendo”

 

11. Con sus hijos son garantía de crianza. Pero NO con los nietos.

Contigo fueron estrictas y severas porque querían educarte de la mejor manera y hacer de ti un buen ser humano. Pero con los nietos sus ideales educativos les van a importar un carajo. Se les derrite el corazón nada más imaginar  tener de nuevo a su bebé en brazos. Mejor acéptalo, van a malcriar a tus hijos desde el embarazo.

 

12. Son una chingonería.

Te enseñaron a ser fuerte, a lograr tus objetivos, a ser sincero contigo mismo y con los demás y a no que no te rindieras nunca. Y mientras se dedicaban a la tarea exhaustiva de educarte, se mantuvieron fieles a sí mismas y a sus sueños. ¡Por eso las adoramos!