1. Equipados con asador, hielera y grabadora

Esto aplica para los típicos viajes de fin de semana. Siempre hay quien se encarga de llevar la hielera para las chelas, el carbón y el anafre —aunque no sea nada práctico y nadie tenga experiencia de parrillero. Por supuesto, tampoco puede faltar el equipo de sonido portátil para las complacencias y hasta una tienda de campaña para guardar todo el guateque. Básicamente buscamos transformar nuestro destino en una extensión de nuestro patio o jardín.

 

2. Salsa picante en el equipaje

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Si el viaje es fuera del país y se extenderá más de un mes, seguro en la maleta irá una botellita de Valentina o al menos un bote de Tajín. Porque, ¿qué es eso de andar comiendo fruta así como nos la da la naturaleza?

 

3. La despedida y bienvenida multitudinaria

Un clásico ejemplo de lo arraigados que somos a nuestras familias son las despedidas y bienvenidas en el aeropuerto. Mientras un viajero normal se despide al salir de casa, en México, la partida es un ritual en el que la familia —o al menos la familia cercana— se reúne en el aeropuerto para ver partir al viajero. No importa si nada más te vas unas semanas, todo el numerito hará parecer que te vas a colonizar Marte.

 

4. La bandera y la máscara de luchador

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Si el viaje será prolongado, no está de más cargar con el lábaro patrio, una máscara de luchador o una playera de la selección. ¿Para qué? Por lo general para echar despapaye en la primera oportunidad que se nos presente y hacernos notar en fiestas, partidos de fútbol o cualquier situación que amerite mostrar la nacionalidad.

 

5. Viajas en bola

Viajar en bola es sinónimo de incluir a todo aquel que quiera apuntarse en el viaje, llámense familiares, amigos o familiares de los amigos. Los viajes en bola son muy comunes, probablemente por la concepción de que mientras más nutrido sea el grupo, más divertido será el viaje, aunque esto no necesariamente sea cierto.

 

6. Haces coperacha para solventar los gastos

Un viajero normal se hace cargo de sus propios gastos, aun viajando con amigos; sin embargo, al mexicano le gusta compartir y hacer coperacha para solventar los gastos de manera conjunta. Armar el “fondo común” puede ser una forma de reforzar lazos de amistad o una manera de no sentirse desamparado en tierras desconocidas, aunque no haya ningún problema económico de por medio.

 

7. Compras recuerditos para toda la familia

Siempre hay que pensar en lo que le vas a llevar a la parentela, aunque esto implique exceso de equipaje, gastos extras y pérdida de tiempo en encontrar los mejores lugares para comprar chucherías. No es obligatorio hacerlo, pero como no nos gusta quedar mal con nadie o que se nos tache de codos, mejor nos armamos con un montón de llaveritos, dulces e imanes.

 

8. Encuentras a otro mexicano y lo ves como parte de tu familia

Si llevas tiempo viajando solo en el extranjero y te encuentras a otro mexicano, sientes como si te encontraras a algún familiar. En la mayoría de los casos surge una amistad instantánea, aunque quien sabe si duradera. El sentimiento que da encontrar un acento familiar nos remite inmediatamente a México y a todo lo que extrañamos.

 

9. Te arrepientes de no haber aprendido a cocinar como tu mamá

No le pusiste atención a tu mamá ni a tu abuela cuando te hacían la sopa de fideo y ahora es hora de que te las arregles para cocinar. Es cuando te das de topes porque por más que intentas reproducir la receta, te queda desabrida o se te quema. Tristemente, terminarás haciéndote unas quesadillas con tortillas de harina la mayoría de las noches.

 

10. Utilizas modismos y regionalismos indiscriminadamente

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Sabes que no te va a entender, pero si te encuentras con un extranjero que sabe español, probablemente te sueltes hablando con un exceso de folclor que impresionaría incluso a tus amigos de México. ¿Será el gusto de hablar en la lengua materna? Independientemente de las buenas intenciones de tu interlocutor, eventualmente terminará preguntándote por el significado de no mames, chido, está cañón o a toda madre, y como buen mexicano, te vas a tomar el tiempo para explicarle absolutamente todos los básicos del español en México.

 

11. Si no te gustaban las rancheras, ahora hasta las cantas

No hay nada que pueda contra la nostalgia y cuando esta te gana estando fuera de México, comienzas a tomarle cariño a cosas que aquí ni pelabas. Un caso típico son las canciones rancheras, un género del que muchos reniegan estando en México, pero que a la distancia adquiere nuevos bríos.

 

12. Nunca te imaginaste ser tan feliz encontrando jalapeños en el súper

Sigues en el extranjero, ya se te acabó tu reserva de salsa Valentina, llevas un tiempo con el antojo de algo picante y hasta has soñado con chilaquiles. De pronto vas al súper y ante tus ojos brilla una lata de jalapeños. De la sorpresa pasas a la emoción y te preguntas cómo llegó ahí. La metes en la canasta y ya ni te importa qué más debías comprar.