Crédito imagen de portada: pegatina1.

El drenaje.

Mientras en la Europa del siglo XVI la gente arrojaba sus desechos por las ventanas -lo cual causó terribles pestes-, en Tenochtitlan el drenaje era subterráneo. Había baños públicos y los desechos eran utilizados como composta en las famosas chinampas, islas artificiales que producían dos veces más cultivos que los sembradíos en tierra.

La odontología.

Por si aún no lo sabías, los mayas fueron los precursores de la odontología moderna, pues fueron los primeros en utilizar prótesis dentales hechas de piedras preciosas, en extraer muelas con caries y en tratar los malestares bucales de manera muy efectiva con plantas medicinales.

El clavo quirúrgico.

Los pueblos del centro de México estudiaron el cuerpo humano en profundidad, valiéndose de los cadáveres de los guerreros caídos o de los delincuentes ejecutados. Además, experimentaron con diferentes plantas para hacer cirugías en el cuerpo humano. Así fue que llegaron a descubrir que, ante una fractura, el médico podía abrir la herida y colocar entre los huesos un pequeño palo de ocote recubierto con miel. La miel es un antiséptico natural, incapaz de albergar bacterias debido a lo dulce de su composición. Este clavo, que ayudaba a soldar el hueso roto, fue el antecedente directo de los clavos quirúrgicos modernos que se elaboran hoy con acero inoxidable.

El uso de anticonceptivos.

Para la corriente judeocristiana, la anticoncepción siempre ha sido un tabú y hasta un pecado. En la América prehispánica, por el contrario, los nativos estudiaron desde tiempos inmemoriales cientos de plantas, raíces y semillas que les permitían a las mujeres no embarazarse. Los principales remedios anticonceptivos prehispánicos eran el pericón, la ruda, el epazote y la gobernadora, que se combinaban y se bebían en forma de té, entre ciclos menstruales. Estos remedios aún hoy se consiguen en los mercados mexicanos.

El sistema de cuadrícula para diseñar ciudades.

Tenochtitlan era la ciudad más grande del mundo en el siglo XVI, tres veces más grande que Londres y cinco veces más grande que Sevilla. Contaba con alrededor de 300 mil habitantes, cuyas viviendas y calles estaban distribuídas de manera muy organizada, gracias al sistema de cuadrícula. En Europa, mientras tanto, se utilizaba un esquema de “plato roto”: Un centro en torno al cual se iban construyendo otros edificios de manera desordenada.

El chicle.

El tzictli era una goma que los indígenas acostumbraban masticar después de comer. Sin embargo, era muy mal visto su consumo en público, no como ahora…

El uso de las plantas para tratar enfermedades.

El Viejo Mundo se encontraba realmente en la edad de piedra en el campo médico en el siglo XVI, pues la mayoría de las enfermedades se atribuían a demonios o a causas divinas. En nuestro continente, en cambio, se había desarrollado una ciencia muy avanzada en relación a la cura de las enfermedades a través de plantas medicinales, a partir de las cuales se desarrollaron muchos de los medicamentos que hoy conocemos. Algunos ejemplos: El árbol de bálsamo, que crece en el valle de México, y que al formar una pasta con sus hojas ayuda a cicatrizar las heridas externas e internas o la yoloxochitl, “flor del corazón” o magnolia mexicana, que sirve para aliviar malestares cardíacos. También la semilla del árbol de zapote blanco, que era utilizada como anestésico por sus efectos somníferos o el acocoxihuitl, “hierba de oso”, que sirve para tratar la epilepsia.

El maíz y el chocolate, entre otros alimentos maravillosos.

El choque cultural que se produjo entre América y Europa fue, sin lugar a dudas, mucho más beneficioso para el Viejo Mundo, que encontró en nuestro continente alimentos que cubrirían el hueco alimentario del planeta. Como grandes aportes americanos podemos encontrar el maíz, que es el cuarto alimento más importantes del mundo, el alga espirulina -el alimento del futuro, según la Nasa-, el amaranto, el jitomate, la vainilla, el pavo, la calabaza, la semilla de chía y el chocolate, claro, ¡el rey indiscutido de los postres!.

Las hamacas.

Cuando los europeos vieron a los nativos del Caribe utilizarla se sorprendieron por la practicidad de este instrumento que servía para descansar cómodamente y que, además, protegía contra el ataque de ciertos animales e insectos.

El hule.

Este material, indispensable hoy en día en la fabricación de neumáticos, juguetes, impermeabilizantes y demás, ya era utilizado por los pueblos originarios del continente americano y le daban el mismo uso que hoy en día, excepto en el caso de los neumáticos, claro.

El tabaco.

Este es tal vez uno de los pocos aportes malignos que los pueblos indígenas hicieron al mundo, aunque cabe destacar que entre las culturas originarias el tabaco se utilizaba con fines rituales. Hoy en día es una de las industrias más poderosas del mundo, está alcance de cualquier persona y es una de las principales causas de cáncer.

La fórmula sucedánea de la leche materna.

Fueron los nativos americanos del norte del continente quienes idearon una fórmula para bebés, hecha en base a salmón, vegetales y grasa de animales.

El algodón.

Este material, el más importante para la industria textil actual, ya era utilizado por los nativos americanos cotidianamente para la elaboración de todo tipo de prendas, mucho antes de la invasión europea.