Foto: Javier Candeira

1. Nunca pides sidra en un bar.

Has probado la sidra en Madrid y decidido no hacerlo nunca más: es peor, más cara que en Asturias y solo puedes escanciarla con un pitorro que no es demasiado útil (al menos un escanciador eléctrico…). Mejor esperar a subir a casa o traerte cantidades industriales contigo.

2. Te llevas la bandera de Asturias para no olvidarte de tu tierra.

Aún recuerdo cuando tenía la bandera de Asturias colgada en la pared de mi habitación del Colegio Mayor. Era un signo de orgullo, una forma de estar más cerca de casa e incluso, quedaba bien. Es muy común ver un partido de fútbol o una carrera de motos y ver la bandera asturiana ondeando. ¡Estamos en todos los lados!

3. Te resistes a perder tu acento.

Los asturianos nos resistimos a perder nuestro acento y nuestras expresiones, del tipo “¡meca!”, “¡calla, ho!” o “¡flipes!”, ¡nos recuerdan de dónde venimos! Cuando llevas bastante tiempo en Madrid, ves como poco a poco el acento va desapareciendo y hasta te descubres pronunciando expresiones de la capital, pero no será algo que buscaste. ¡Eso nunca!

4. Te haces un lío con los tiempos verbales.

¿Cómo es eso de ese verbo que se utiliza para una acción que del pasado pero que pervive en el presente? Para los asturianos, solo existía uno. Poco a poco, como en el caso anterior, empezarás a usarlo.

5. Vas contando todos los bares asturianos que te encuentras por el camino.

Si hay algo asturiano en Madrid, eso son muchos de sus bares. No sé por cuantos se pueden contar, pero hay cientos, si no miles, de bares asturianos en la capital. Es difícil contener la emoción de verlos, reconocerlos y pensar que hay un montón.

Muchos de ellos están lejos de ese ambiente de “chigre” de algunos de Asturias, pero al final uno consigue lo que quiere: sentirse un poco más como en casa.

6. Descubres que a los madrileños les encanta Asturias.

Sea en conversaciones con taxistas, amigos de amigos o compañeros de trabajo, siempre te asombras de cómo te reciben los madrileños cuando descubres de dónde eres: “¡Asturias, qué bonita!” “¡Oh, Asturias!” O “¡me encanta Asturias!” son las más comunes. Además, su conocimiento de la geografía asturiana siempre te sorprende: ¡no es raro que sepan dónde está tu pueblo!

Estas situaciones te ayudan a poner en perspectiva lo que tú ya sabías: Asturias es un paraíso.

7. Buscas un buen bar donde pongan cachopo o una fabada.

No hay nada mejor para volver a casa que un cachopo o una buena fabada, eso está claro. Para el cachopo, La Pomarada, y para la fabada asturiana, el Ñeru. No hay mejor plan para un domingo.

8. Siempre que ves a una personalidad asturiana, lo recalcas para que la gente no olvide su origen.

‘El guaje’ Villa, Mata, Fernando Alonso o Melendi… no podemos evitar sentirnos orgullosos de los famosos que ha generado nuestra tierra. Ellos llevan nuestro nombre más lejos, sea por la razón que sea.

9. Siempre que se baraja una cena, propones ir a La Burbuja que Ríe.

Las cenas en este local son copiosas y no se van de precio, por eso a asturianos expatriados y otros amantes de la región nos parece siempre la mejor opción. Picadillo asturiano, pastel de cabracho, chorizo a la sidra… ¿Qué más se puede pedir?

10. Echas de menos la lluvia.

Aunque cuando estamos en Asturias nos quejamos sin parar del tiempo gris, unas semanas en Madrid sin lluvia bastan para que la echemos de menos. Clamamos al cielo para que llueva y se limpie esa fina capa de contaminación que ahoga en Madrid y ¡apreciamos mucho más esos días de peli y manta mientras llueve fuera!

11. Entiendes el valor de la calma.

Para cualquier asturiano, Madrid es un caos. Aunque disfrutes del ritmo de la gran ciudad, tarde o temprano acabas también apreciando el valor de la calma y deseando volver a casa, aunque sea por pocos días.

12. Te emocionas cuando te encuentras a un grupo de borrachos cantando Asturias, patria querida.

El himno de borrachera de asturianos… y no asturianos. ¿Cómo no sentirte tentado a unirte a ese grupo que le canta a tu tierra? El alcohol ayuda, claro, pero el arranque viene de la más pura nostalgia.