Foto: Erin Borrini

De comida tortilla, paella o un buen cocido, eso lo tiene todo el mundo claro. Pero ¿y de postre (o desayuno o merienda o tentempié cuando nos fallan las fuerzas y necesitamos un buen subidón de azúcar)? Ten un vaso de agua cerca. Salivarás y te entrará sed a partes iguales. Y acabarás asaltando la pastelería más cercana.

1. Chocolate con churros


El chocolate debe ser espeso, de esos en los que la cuchara no se hunde; los churros grasientos. La temperatura exterior debe ser fría y tú debes llegar al bar todavía con los guantes puestos. El chocolate caliente y los churros enseguida te harán entrar en calor y ser un poco más feliz. Puedes tomarlo de desayuno, merienda o en la madrugada del 1 de enero. Para irte a dormir con el estómago lleno. Puedes mojar o no el churro en el chocolate, pero no nos engañemos: la gracia está en mojarlo.

2. Torrijas

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Típicas de la Cuaresma y la Semana Santa (así es como nos purificamos en España), las torrijas son, como los churros y tantos otros dulces, un postre en los que la huella española es fácil de reconocer: pasar por la sartén con abundante aceite es un paso clave en su preparación. Por lo demás, son sencillas: rebanadas de pan viejo empapadas en leche o vino, rebozadas en huevo y fritas. Azúcar o miel, canela, y a disfrutar.

3. Ensaimada

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Las encontrarás sobre todo en Mallorca y las reconocerás por su forma en espiral que recuerda a los peinados de las falleras y de la Princesa Leia. Se prepara con harina de fuerza, agua, azúcar, huevos y manteca de cerdo (de ahí viene el nombre, saïm significa manteca de cerdo en catalán). En cuanto a su origen, hay una teoría que fue introducida en la isla por el general árabe Issam al-Khawlani y, de hecho, existe un dulce árabe muy similar llamado bulema, que se diferencia solo en que no está elaborado con manteca de cerdo. Claro que la bulema también existe en la tradición judía…

4. Crema catalana

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Su nombre ya nos da mucha información: sabemos dónde es típica y que no es un bizcocho. El postre catalán por excelencia consiste en una crema pastelera con base en yema de huevo que suele ir cubierta con una capa de azúcar quemada (literalmente) crujiente. La leyenda cuenta que su origen está en el siglo XVIII, momento en el que un obispo visitó un convento catalán. Las monjas, que todo parece indicar que no eran unas cocinillas, querían hacer flan, pero les quedó muy líquido y encima el azúcar con el que intentaron arreglarlo se les quemó. Además, cuando el obispo probó el «flan» estaba todavía muy caliente, por lo que exclamó «¡crema!» (¡quema! En catalán) y de ahí surgió su nombre. Porque resulta que, a pesar de todos los percances, el postre no estaba nada mal.

5. Tarta de Santiago

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Si vas a Santiago de Compostela y paseas por alguna de sus rúas más turísticas, te asaltarán con trocitos de esta tarta para que la pruebes. Hazlo, compara, y llévate la que más te guste. Se trata de una tarta de almendra, huevo y azúcar que, al no llevar ni harina ni levadura, queda bastante compacta. El toque final es la representación de la cruz de Santiago en su superficie (esto se hace solo desde 1924, pero hay noticias de este tipo de bizcocho de almendra en Santiago desde el siglo XVI). La encontrarás a lo largo del Camino y en toda Galicia.

6. Tarta de la abuela

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Para mí esta tarta fue siempre la que preparaba mi abuela en los cumples —y en mi familia sigue siendo la tarta de cumpleaños única e indiscutible—, así que imaginad mi sorpresa cuando descubrí que existe fuera de mi núcleo familiar y que su nombre popular es precisamente «tarta de la abuela». Se trata de una tarta elaborada con capas de galletas (mojadas en leche o vino) intercaladas con capas de chocolate, crema y nata (depende de la versión). Es muy fácil de preparar porque no necesita horno y está siempre deliciosa.

7. Yemas de Santa Teresa (o de Ávila)

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El doble nombre se debe a que el fundador de la primera pastelería que empezó a comercializar este dulce como Yemas de Santa Teresa registró su nombre, por lo que el resto de las pastelerías que lo querían vender también empezaron a hacerlo llamándolas Yemas de Ávila. Son el postre más famoso de la provincia y, como su propio nombre indica, se preparan con yema de huevo que se mezcla con una reducción de almíbar. Son una pequeña delicia perfecta para acompañar al café.

8. Buñuelos de calabaza


Ir a Valencia en marzo es una de esas cosas que hay que hacer al menos una vez en la vida. Ver las Fallas. Poner a prueba el tímpano. ¡Comer buñuelos de calabaza! Los buñuelos, una masa frita de harina, huevos y manteca, están por todas partes en España con distintas variaciones. Los valencianos se preparan sin huevos y sin manteca, pero con un puré de calabaza que les da un toque especial. Los puedes tomar en cualquier época del año.

9. Flan


Uno de esos postres típicos en todo el país que nunca pasan de moda: huevo, leche, azúcar, limón y, por supuesto, caramelo. Los hay de leche condensada, de café y hasta de queso; puedes hacerlo en casa, comprarlo como si fuese un yogur o tomarlo de postre en casi cualquier bar de España. Fresquito está delicioso.

10. Filloas o frixuelos

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Las crepes gallegas se llaman filloas y las asturianas se llaman frixuelos. Y, no, no son exactamente crepes. Aunque el aspecto es similar, cambian algunos ingredientes: la versión gallega y asturiana no lleva ni mantequilla ni harina integral. Notarás la diferencia en la textura, en el sabor y hasta en la presentación: las crepes suelen llenarse de muchas cosas; las filloas se toman con un poco de azúcar, miel o mermelada. Son típicas del carnaval.

11. Natillas

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Leche, yemas de huevo, azúcar, canela y vainilla o limón. Esta crema no es exclusiva de España (en otros países europeos existe como creme anglaise), pero sí lo es nuestro toque maestro: acompañarlo con unas galletas María. Hay quien cree que tiene su origen en conventos y quien defiende que es parte de la repostería francesa. Pero ¿nos importa cuando están tan ricas?

12. Goxua

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Goxua significa en vasco ‘dulce, rico’, así que ya de entrada promete. Es típico de la zona de Álava y fue creado en los años 40, tomando la crema catalana como inspiración. Consiste en tres capas: una de nata montada, otra de bizcocho borracho y una última de crema pastelera. En la parte superior se espolvorea azúcar que, como en la crema catalana, se quema con un soplete. Se presenta en una cazuela de barro y no deberías intentar tomarlo fuera de Vitoria: ellos mismos lo dicen, es un «postre vasco siempre imitado nunca igualado».

13. Pestiños

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Típico de la Semana Santa sobre todo en Andalucía, es un nuevo ejemplo de la forma preferida de preparar postres en España: haciendo una masa y friéndola. Hay referencias ya en el siglo XVI, pero se cree que es mucho más antiguo y que posiblemente tenga origen andalusí (es muy parecido al shebbakiyya marroquí). Se hace con harina, aceite, anís y vino blanco.