La historia de la lengua española es bastante fascinante (posiblemente todas las historias de todas las lenguas lo sean): todos conocemos su evolución básica, cómo el latín llegó a la península ibérica, se alejó del latín clásico y se fragmentó en distintos dialectos que finalmente se convirtieron en lenguas romances (pasó en la Europa romance también). Por temas políticos y de casualidades, el castellano fue ganando peso sobre el resto, se extendió por la península, fue llevado a América y todo eso. Pero olvidamos muchas veces el papel que jugaron otras lenguas esa evolución: el hebreo, lenguas africanas que llegaron a través de los moriscos a la península o incluso a través de los esclavos que se llevaron a América, las lenguas indígenas americanas… y el árabe.

De esta última influencia sabemos algo básico: que las palabras que empiezan por al- casi siempre tienen su origen en esos siglos de Al-Andalus. Pero ¿qué otras palabras hemos heredado del árabe? Lo de «¡olé!» (se dice que es una evolución de «¡Alá!») era una historia muy buena, pero parece que en realidad no es cierto. Lo de estas otras palabras, en cambio, sí que lo es:

ojalá

Cuando deseamos que algo ocurra suspiramos y decimos que ojalá, no muy conscientes de que que se lo estamos pidiendo al mismísimo Alá. La palabra viene del árabe hispánico law šá lláh, ‘si Dios quiere’ (este viene a su vez del árabe clásico وشاء الله, ‘quiera Dios’).

taza

La historia de la palabra taza es de esas bonitas y viajeras. En el árabe que se habla actualmente en el norte de África se dice طَاسَة (tāsah) con el mismo sentido con el que nosotros decimos «taza» (la del café, vaya), pero no es de ahí de donde viene nuestra palabra. El origen está en طَسَّة (tassah), que significaba ‘jofaina’ o ‘palangana’. Se decía tassah en árabe andalusí y de ahí salió nuestra taza, que poco a poco fue desplazando su significado hacia el actual. Y es de esta taza de café en castellano de donde sale la del árabe del norte de África que comentábamos al principio.

tarea

¿Haces listas de tareas? Dale las gracias también al árabe, por lo menos por la palabra en sí, y sé feliz con este pequeño dato curioso: tarea y tara tienen el mismo origen, el verbo árabe طرح (‘tirar, lanzar, asignar’). De ahí tenemos el árabe طريحة (tariha) que se refería a trabajos que hay que hacer en un tiempo determinado y, en castellano, las tareas que llenan nuestros días desde que íbamos al cole.

sandía

España es el país que más sandía produce por metro cuadrado (sí, es lo primero que me ha dicho Google al buscar «sandía»), pero eso no quiere decir que el origen de la fruta esté aquí. Está en África, de donde llegó a Asia. A los árabes les llegó de Pakistán, en concreto desde la región de Sind… y eso es lo que significa sandía: ‘de Sind’ (سندية, sindíyya).

rincón

Piénsalo cada vez que te sientes en tu rincón de leer, que te sientas arrinconada, que abras la rinconera de la cocina. Según la RAE (porque no todo el mundo ve tan clara esta etimología), rincón viene del árabe ركن (rukn, ‘recoveco’). Según la otra teoría, rincón es una aburrida palabra latina, algo que tiene cierto sentido: en francés, recoveco se dice recoin y ahí nadie duda que el origen está en el latín.

noria

Aunque ahora la relacionemos más con la atracción de feria (y es la tercera acepción), la noria es esa máquina compuesta de dos ruedas que sirve para sacar agua de un pozo. Y esto es lo que nos trajeron los árabes: el artilugio y la palabra. Es ناعورة (na’úra), literalmente ‘crujir’.

máscara

Es como si la propia palabra quisiese con su rebuscada historia explicarnos qué significa, ese no todo es lo que parece. En el DLE vemos un camino claro: nos dice que nos llegó desde el italiano maschera y este del árabe masẖarah, ‘objeto de risa’. Pero en realidad no llegó al castellano de forma tan directa: según indican en Dechile.net, llegó a través del catalán o provenzal mascarar.

jaqueca

No es que les debamos las jaquecas a los árabes, pero sí la palabra que usamos para hablar de ellas. Viene de شقيقة (šaqīqah) que significa ‘mitad’. Si alguna vez has sufrido una, seguro que entiendes perfectamente ese nombre: por lo general, las jaquecas afectan a uno de los lados del cerebro.

guitarra

Técnicamente, el origen de la palabra guitarra está en el griego κιθάρα (kithára), pero no siguió el camino habitual para llegar a nuestra lengua: en vez de llegar a través del latín o tomando la palabra directamente del griego en época de cultismos y traducciones (siglos XVI y XVII sobre todo), llegó a la península a través del árabe. Ellos, a su vez, habían tomado la palabra del arameo, lengua que, aquí sí, había tomado el préstamo directamente del griego.

fulano

Este término algo despectivo (no tanto como su versión femenina, aunque no es que esto sea una sorpresa) para referirse a una persona cualquiera viene del árabe فلان (fulān), que según Corominas era un adjetivo que significaba ‘tal’. Cuenta también que en el siglo XVIII este uso adjetivo todavía existía en castellano: fulán camino, fulana calle. No me digáis que no os dan ganas de volver a hablar así.

cero

Que sí, que se la copiamos al italiano, adonde llegó directamente desde el latín. Pero puntualicemos: el latín del siglo XII. Fue el matemático italiano Fibonacci el que introdujo el concepto de cero, que ya utilizaban los indios y los árabes desde hacía varios siglos, en el mundo occidental. Para hacerlo, se basó en la palabra que usaban los árabes, صفر (sifr), que significa ‘vacío’ y tomó la palabra latina zephyrum. De ahí se pasó a zero en italiano y cero en español.

barrio

En árabe hispánico, *bárri significaba ‘exterior’, lo cual tiene bastante sentido. Pero es que este *bárri viene del árabe clásico برّ, (barrī), que significa ‘salvaje’ (según la RAE). Según qué barrio venga a nuestra mente, en realidad lo de salvaje tiene también bastante sentido.

adoquín

Adoquín es de esas palabras clásicas que han llegado al castellano a través del árabe, lo que pasa es que engaña un poco porque nos hemos comido la ele que delata ese origen (en realidad ya se la comieron ellos). Y es que adoquín, como cuentan en Dechile.net, viene del árabe hispano addukín, «compuesta con ل (al-) y دكان (dokken = asiento de piedra)». Si hablásemos de «aldoquines» lo tendríamos todo más claro.