Crédito: María Borja

1. Tienes una excelente concepción del espacio…

¡Del espacio que debería medir un carril si al menos estuviera pintado! Es común que te encuentres grandes tramos en avenidas importantes en las cuales los carriles desaparecen de forma súbita. No importa, todos nos los imaginamos claramente y la libramos.

 

2. Siempre que llegas a un alto pones el índice de la mano derecha sobre el volante en modalidad de negativa rotunda.

Sabes que debes estar listo con esta señal universal y muy atento ante cualquier persona que se acerque a tu coche con la intención de darle una manita de gato a tu parabrisas.

 

3. Sabes que usar la direccional como se debe puede no ser la mejor idea…

Esa palanquita que la gente normalmente acciona para indicar hacia dónde dará vuelta o hacia qué carril quiere incorporarse, en la ciudad se ha transformado en una alerta que significa: soy una amenaza para tu espacio, ¡no me dejes pasar! Como si con esos tres metros de espacio fueran a revertir los quince minutos que salieron tarde…

 

4. Pero usas “la manita” como direccional de emergencia.

Aceptémoslo, cuando lo cafre ya no surtió efecto, siempre hay un último recurso: sacar el brazo por la ventana y agitar la mano como si fueras a levantar el vuelo. Es 100% efectivo, al igual que cuando logras hacer contacto visual en un embotellamiento con otro conductor y le haces señas suplicando que te deje pasar.

 

5. Conoces muy bien el sonido de tu claxon.

No sólo tú lo conoces, lo conoce toda la ciudad y sabes bien cómo tocarlo para causar infartos. Los chilangos abusamos un poquito del claxon: lo tocamos para quejarnos del tráfico, para decirle a los demás que se apuren, para indicar que se ha puesto el siga, para hablarle al de los chicles o para insultar a todo aquel que te haga pasar un mal rato, porque obviamente…

 

6. ¡Sabes mentar madres!

¿Cómo es que cinco simples toques nos pueden dar tanta satisfacción?

 

7. Eres experto en pistas con obstáculos.

Los constantes baches, coladeras destapadas, topes sin pintura, ¡topes con hoyos! y un sinnúmero de imperfecciones te hacen manejar como borracho. Y ya entrados en tema, ¿sabes cómo identificar claramente a un borracho al volante? Claro, es aquel que maneja bien derechito y cae en todos los hoyos.

 

8. Y por supuesto, sabes cambiar una llanta.

Ya que por más atención que pongas a los accidentes del pavimento, siempre habrá un objeto no identificado que te haga perder un neumático.

 

9. Valoras las pequeñas victorias del día a día… como encontrar un buen lugar de estacionamiento.  

Estacionarse en la ciudad puede ser un proceso estresante. No importa si estás pagando una millonada por estacionarte en una plaza o estás buscando lugar en la calle, sabes que debes tener de tu lado un poco de suerte y mucho de paciencia. Entre cubetas, palos, garrafones, macetas y letreros de “Se ponchan llantas gratis”, encontrar un lugar de estacionamiento decente es una proeza.

 

10. Has aprendido a desconfiar de las indicaciones de los letreros.

No tiene sentido que en medio de la ciudad haya un letrero que diga: Guadalajara vía corta. Ok, pero lo que menos sentido tiene es que si lo sigues, llegarás a cualquier lugar ¡menos a Guadalajara! Las señalizaciones de nuestra querida ciudad suelen mandarte a un lugar y después asumir que ya sabes hacia dónde jalar, así, tú solito. En estos tiempos, es mejor si usas una aplicación con mapas para ayudarte en tu tránsito habitual.

 

11. Conoces la delgada línea entre el “gracias” y el “con permiso”.

Debido a que los chilangos no somos los más amables al volante, está muy bien visto agradecer cualquier buen gesto de algún automovilista con la típica señal de la mano izquierda. Una deformación bastante útil es dar gracias antes de que te dejen pasar, lo cual deja al otro conductor en una situación de confusión y vulnerabilidad que dura lo suficiente como para que tú la puedas aprovechar.

 

12. Sabes que nunca falta el que piensa que las filas son para los tontos.

¡Mira esos cuarenta coches intentando salir de Periférico en fila! ¿Por qué tendrías que esperar como todos? Si tú eres más chingón y seguro tienes más prisa. Mejor vete hasta adelante de la fila y espera que algún incauto, distraído o buena onda te deje pasar. Déjame decirte que este es el mayor síndrome de gandallismo chilango.

 

13. Estás acostumbrado a usar la ciudad como una tienda gigantesca.

Las esquinas de la ciudad ofrecen mucho más que bebidas, cigarros, dulces, chicles, pastillas y frutas frescas. Dependiendo de tu camino y horario, puedes encontrar de todo. Desde un cargador universal para tu teléfono, hasta un selfie stick o una sala de tres piezas en oferta. Todo hasta la comodidad de tu vehículo y sin salirte de tu ruta. ¡Súper servicio!