Crédito: Nieri Da Silva

Tu nombre ha sido oficialmente cambiado a güey.

A veces se referirá a ti con otros pseudónimos amistosos, principalmente cabrón y puto. Tu nombre real se mantiene reservado para situaciones extraordinarias, pero aún en estas siempre va a ir acompañado por un güey, un cabrón, un puto o todas sus combinaciones. Sobra mencionar que has perdido la capacidad de ofenderte con facilidad.

 

Sabes lo importante que es cuidar tus palabras.

El albur es el ajedrez lingüístico del mexicano y aunque no todos somos maestros albureros, no perdemos la oportunidad de meter en aprietos a nuestros amigos. La mejor forma de aprender a alburear es ser albureado, pero si después de setecientas veces no has agarrado confianza, lo mejor es buscar a alguien que te pueda resumir el tema.

 

Su casa es tu casa… pero tu refri es su refri.

Sabes que las puertas de su casa siempre estarán abiertas para ti. A cambio debes hacer lo propio con la puerta de tu refrigerador y mantenerlo con suficientes chelas y comida para cuando se le antoje pasar a verte.

 

Sabes que tienen deudas pendientes, pero no te quita el sueño.

Le has y te ha prestado dinero infinidad de veces. Hacer cuentas es una práctica sana, pero a ustedes en realidad no les importa cómo ni cuándo saldarán su deuda.

 

No necesitan afinar detalles para encontrarse.

Tienen muchos “lugares de siempre” donde encontrarse, por lo que concertar una cita es tan simple como “nos vemos en el metro” o “nos vemos en Coyoacán”. Intenten ser tan simplistas con alguien que acaban de conocer a ver qué tan lejos llegan.

 

Han pasado por algún momento catártico… del que solo tú te acuerdas.

Al calor de las copas te ha confesado que eres el hermano que nunca tuvo, que daría la vida por ti sin pensarlo dos veces y que le gusta tu hermana. Estas confesiones son generalmente la antesala de la inconsciencia y la luz del sol borrará todo rastro de ellas.

 

Una buena parte de tus pertenencias ha migrado a su casa.

¡Pedirse cosas prestadas denota tanta falta de confianza! A un verdadero amigo solo le avisamos que nos estamos llevando alguna de sus preciosas pertenencias. Esos discos, libros, películas y videojuegos que sabes que alguna vez tuviste, pero que llevas años sin ver, probablemente estén guardando polvo en algún rincón de la casa de tu amigo. No lo cuestiones, porque probablemente haya olvidado que las tiene y recibirás una falsa negativa. La única solución factible es ir por tus cosas tú mismo.

 

Sabes que cuentas con una amistad totalmente sincera.

Un amigo mexicano evitará darte negativas para no herir tus sentimientos, pero tu mejor amigo te va a decir, con la mano en la cintura, que tus planes son una porquería y que prefiere quedarse en casa a picarse los ojos. ¡Toda esa sinceridad frustrada del mexicano tiene que salir a relucir contra alguien!

 

Te han quitado lo quisquilloso a la fuerza.

Seguramente te sorprendiste la primera vez que a la voz de “dame”, le metió mano a tu plato, le encajó el diente a tu sándwich o le dio tremendo trago a tu bebida. Si te enojas es peor… ahora lo hará solo para molestarte.

 

Sabes que siempre festejarás tu cumpleaños como es debido.

No querer festejar tu cumpleaños o hacer algo tranquilo no son opciones. Si te empeñas en no organizar nada, tu amigo tomará las riendas del festejo y te obligará a asistir.

 

Sabes que nunca aprenderá a tocar el timbre.

Prefiere anunciar su llegada gritándote desde media calle, aventándote piedritas a la ventana, tocando el claxon o lanzando un silbidito que -según él- es muy original.

 

Su familia te conoce (y se refiere a ti) por tu apodo.

Especialmente si se conocen desde la escuela, sabes que nunca dejarán que olvides ese sobrenombre que empañó tus años de juventud.

 

Sabes que siempre tendrás un hombro en el cual apoyarte.

Sin importar que se vean cada año bisiesto, sabes que cuentas con él en las buenas y en las malas, que siempre te echará en cara tus errores y que por siempre serán carnales.