Atreverse a dar el primer paso para viajar en solitario es un momentazo de la vida para cualquiera que viaja. No obstante, es una realidad que, siendo mujer, todos esos miedos, esas dudas, esas imágenes de violencia, caos y destrucción que pasan por la mente se acentúan. Todo es por partida doble.

Pero nada hay que eche para atrás en sus propósitos a un auténtico espíritu wanderlust, sea hombre o mujer. Se trata de aplicar algunos consejos y trucos para que algunas situaciones sean mucho más fáciles de llevar.

1. Sentido común

El sentido común es básico, aquí, allí y en Pekín. A mí en mi propia ciudad no se me ocurre meterme sola a explorar durante la noche zonas no muy transitadas. De hecho, tomo esas precauciones especialmente en mi propia ciudad. Soy de Algeciras, Cádiz, así que cuando me dicen que si me voy sola a tal país, que es peligrosísimo… pues me dan ganas de reír.

Confía en tus instintos, analiza el lugar donde te encuentres para valorar la situación, su ambiente y el paisaje. En caso de actuar, que no te pille nada desprevenida. No se trata de ir con miedo, sino despierta. Disfruta a tope, pero no te pongas en situaciones de riesgo. Por desgracia, vivimos en un mundo machista, simplemente es cuestión de asumirlo y aprender a desenvolverse.

2. Haz aliados

Establece relaciones simpáticas con los locales: recepcionistas, dependientas de tiendas, guías turísticos, etc. Si en un momento dado te ves en un apuro, siempre tendrás a quién acudir para explicar la situación. Te aseguro que refugiarte en una tienda —por ejemplo— de una situación incómoda da una gran tranquilidad.

Una tarde pasé entera en un puestecito de fruta en San José de Costa Rica, con una doña que bien podría ser mi abuela. Doña Rosa entendió la situación a la primera: había un tipo al que me encontraba al doblar cada esquina, y en cada encuentro me miraba de arriba a abajo, haciéndome sentir incómoda y violenta. A la hora de estar con ella poniéndome fina de jugos, uno de sus hijos ya estaba hablando con el tipo, al que no volví a ver nunca más.

3. Empieza con poco y fácil

Lo mejor para comenzar a viajar sola es ir despacito, suave, suavecito. No te lances desde 0 a un viaje sola de 3 meses por un continente desconocido, porque el cambio puede ser demasiado brusco. Te recomiendo comenzar por un fin de semana o puente en un destino cercano y fácil. Cuando digo «fácil» pienso en un sitio culturalmente cercano, con infraestructura turística, en el que no se te haga complicado moverte ni lidiar con el alojamiento. Y, por supuesto, donde no haya conflictos armados ni riesgos de catástrofes naturales.

No es lo mismo meterte sola en Guatemala o Nepal que irte de princesa un puente a Budapest. Mi primera incursión en solitario fue a Croacia por una semana. Lo «peor» fue que me sentía muy rara a la hora de las comidas, pero muy libre y «conectada» conmigo el resto del tiempo. A partir de ese viaje, lo único que mi cuerpo pedía era MÁS.

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4. Allá donde fueres, haz lo que vieres

Informarse sobre el destino al que vamos de antemano siempre te hará disfrutar mucho más del viaje. Saber el significado que tienen ciertas palabras, ciertas costumbres, conocer su historia, te cambia radicalmente la percepción de un lugar. Si además eres mujer, se hace especialmente importante saber sobre costumbres, religión y el rol de la mujer en la sociedad. Esos datos son muy importantes para no cometer faltas de respeto y llamar la atención.

Por ejemplo, en algunos países está muy mal visto tocar a las personas. Nadie me dijo que no estaba bien tocarle la cabeza a los monjes budistas, y yo cada vez que veía un niño me moría de amor, pero a ellos parecía no gustarles nada… Chequear la vestimenta adecuada para entrar a locales públicos y templos religiosos también es muy importante. No soy de usar minifaldas, pero camisetita de tirantes sí. Así que suelo llevar un pañuelo grande, tipo pareo, que me sirve tanto para taparme los hombros, como para improvisar una falda larga en nada.

5. Viste ropa discreta y cómoda

Este punto se conecta con el anterior. Dentro de las costumbres de un lugar, el código de vestimenta es importante. Hay lugares en los que llevar ropas muy ceñidas o que enseñen mucho no está bien visto. Y como además estamos de acuerdo en que llamar mucho la atención no es buena idea, pues viste cómoda, con colores poco estridentes. Cuanto más parecido vistas a los locales, mucho mejor.

Como regla general en los viajes, recomiendo siempre poner la comodidad por delante del postureo. Primero porque este da mucha pereza, y segundo porque ocupa demasiado espacio en la mochila. He visto chicas con tacones y plataformas de infarto entre las pirámides de Teotihuacán. Supuse que estaban buscando la party en el antro precolombino… antes muerta que sencilla.

6. Ten copias de todo

Pasaporte, visado, DNI y seguro médico, junto al dinero, son los papeles más importantes que vas a llevar contigo en el viaje. Ya que el dinero no podemos clonarlo (no, ¿verdad?), pues lleva copia de todo lo demás.

Lleva los originales en tu cartera, con candadito, y el resto, con un depósito extra de dinero, en un lugar aparte y seguro. Yo guardo billete aquí y billete allá, dentro del tubo de pasta dentrífica, bajo la suela del zapato, en rulitos dentro de un tampax vacío, en los calcetines…

7. Habitación con pestillo

Comprueba que tu habitación tiene pestillo, ¡y que funciona! Si no va bien, puedes pedir un cambio de habitación. Esta es una de las medidas que, a mí personalmente, me ayuda a descansar un poquito mejor. Aunque he vivido situaciones de personas intentando colarse por mi ventana, a falta de puerta… Pero por suerte no iban con fines agresivos, sino festivos.

Si me quedo en un hostal, pregunto si tienen habitaciones para mujeres. Si sólo tienen habitaciones mixtas, escojo las literas superiores, ya que son más «privadas» y me molestan menos.

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8. Lleva un candado siempre

Tanto para cerrar la mochila como para bloquear taquillas y armarios como para la puerta de tu habitación —si no tiene pestillo—, un candado siempre es muy útil. Para mí es un must, al igual que tapones para los oídos, pero estos últimos por otras razones que nada tienen que ver con la seguridad femenina.

9. Reserva las primeras noches de alojamiento

Aunque luego vayas viajando sobre la marcha, tirando de recomendaciones en ruta y de espontaneidad, reserva las primeras noches. Te quedes en hostels, Airbnb o hagas Couchsurfing, chequea cuidadosamente las reseñas, especialmente de otras mujeres. Una vez que aterrices y te hagas al ambiente y los códigos culturales de tu destino, puedes empezar a «dejarte llevar».

10. Muévete de día

Intenta moverte siempre de día, aprovechar las horas luminosas. Para empezar, procura que que tus transportes —avión, tren, buses— lleguen siempre a destino con luz de día. De esta forma, no serás un blanco fácil cargando con tu mochila o arrastrando tu trolley sola de noche por calles desconocidas.

No me quiero ni acordar de cuando viniendo de Costa Rica hacia Panamá, el bus me dejó en mitad de la noche y de la carretera panamericana. Tuve que tomar un taxi hasta la estación de bus, que no se sentía más segura en la noche. No pasó nada grave, pero estuve en tensión por horas. Desde entonces, pongo mucho más cuidado con los horarios.

11. El clásico truco del falso anillo

No estás casada ni ganas que tienes ni tuviste nunca, pero qué bien queda el anillo en tu dedo. Que es mentira, sí, pero eso sólo lo sabes tú. No hay manera mejor de «espantar» a tipos que se ponen pesaditos ni de acabar rápido con el cuestionario de las mil preguntas clásicas: ¿viajas sola?, ¿estás casada?, ¿tienes hijos?, ¿y tu novio?

Además del anillo, ten preparada una buena historia de vida en pareja. Yo ya he perdido la cuenta de cuántos maridos he llegado a tener en una sola vida. De algunos me divorcié, otros se murieron en accidentes, pobres, y muchos de ellos «estaban por llegar».

Mentir está feo, pero más feo es robar.

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12. Mantén informada a tu gente

Cuando comencé a viajar, hace ya unos 20 años, me recuerdo llegando a cada destino y buscando la cabina telefónica o metiendo monedas como una tragaperras en los teléfonos de los hostels para avisar a mi madre de que estaba bien. ¡Eso sí que era una trabajo duro, y caro!

Hoy en día, con las redes sociales, es muy fácil estar localizada casi en cualquier momento. Pero quizás no sea mala idea, cuando viajas sola, tener informada a la familia de tus movimientos, con datos más concretos: hotel donde estés alojada, foto de la ruta que tomas cada dia; incluso, foto de los taxis que tomas.

Raro será no encontrar alojamiento y lugares con wifi, aquí y allí, así que contactar no será complicado. Pero si quieres asegurarte del todo, puedes comprar una SIM local de prepago.

13. Nadie tiene por qué saber

Nadie tiene que saber los detalles de tu viaje: si viajas sola o acompañada, dónde duermes, dónde vas, ni qué tipo de equipaje llevas. Si te preguntan, puedes decir que te estás alojando en lo de una amiga o familiar o que vives en la ciudad, como para darle a entender a esa persona que conoces muy bien el lugar y eres casi local. Si el destino no se presta a esta trola, puedes comentar que estás con tu pareja, pero en ese momento das una vuelta sola.

Mira, inventa lo que quieras, pero no des datos concretos a menos que te sientas totalmente en confianza. Alguna vez cometí el error de hablar mucho y, aunque no tuve ningún percance grave, sí que tuve que soportar la «insistencia» a la puerta del hostel.

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14. Esos días en los que te sientes «feliz» de ser mujer

Sí, sí, super feliz. Hueles las cosas que no huelen, amas las cosas que no amas, ves arcoíris mágicos saliendo detrás de cada esquina… ¡venga ya! La regla viene cada mes para hacernos un poco incómoda la existencia. Y no, no se ve la vida en rosa ni huele a pastel de chocolate y fresas. La regla es un rollo y, para viajar, mucho más aún. Ponerse con la regla en determinados países puede ser no sólo incómodo, sino directamente un gran contratiempo. A ver, ¿quién es la guapa que encuentra unos tampones en mitad de las montañas de Nepal? ¿Quién es la bonica que lleva la higiene a punto cien por cien estando camino al Machu Picchu por el Camino del Inca? Tres días de trekking «sintiéndote feliz de ser mujer». Te aseguro que yo no me sentí nada feliz…

Soy partidaria de reducir al máximo el equipaje y evitar objetos superfluos, pero a eso, amigas, hay que prestarle atención porque te fastidia un viaje rapidito. Aunque no es el objeto que más me convenza, lo cierto es que a la hora de viajar la copa menstrual es mucho más práctica que compresas o tampones. También añadiría al botiquín femenino unos óvulos vaginales y otros remedios contra todo tipo de infecciones, mucho más comunes de lo que nos pensamos.

Y, ya que estamos, no olvidéis el anticonceptivo por excelencia: el preservativo. No sólo para evitar embarazos no deseados, sino también las enfermedades de transmisión sexual. Una barra de labio es superflua —aunque bonita—, pero todo lo demás que te recomiendo son básicos, una muestra de respeto y salud hacia ti y tu cuerpo.

¡Buen viaje!