Crédito: iesmgb.

1. La sequía.

Vivimos tranquilos maldiciendo a la lluvia hasta que esta decide desaparecer durante más de dos semanas. ¿Es el cambio climático? ¿Y si Galicia se convierte en un desierto?

2. Que un cruel giro del destino nos haga tener que mudarnos a Castilla.

A Rosalía no le sentó bien e intuimos que a nosotros tampoco nos gustaría.

3. Que alguien de fuera nos haga una pregunta y de broma comente que seguro que contestamos con un «depende».

¿Qué hacer ahora? ¿Decir ese necesario “depende” que ya teníamos en la punta de la lengua y aguantar sus bromas o contestar así a lo loco, sin saber todo lo que tenemos que saber?

4. Presentar a nuestro novio/a vegetariano/a en la aldea.

Te plantearás cambiar de pareja y ahorrarle a todo el mundo el mal rato.

5. Que nos coja el frío.

Los de fuera se ríen de que nuestra obsesión con las chaquetas, pero es solo porque nunca han sido atrapados por ese frío húmedo que se instala en los huesos y que solo venceremos con bolsa de agua caliente y un par de cuncas de caldo.

6. Que nos vengan a visitar de fuera de Galicia… y haga mal tiempo.

El verano galiforniano que se estropea exactamente cuando vienen esos amigos del sur de visita, que comentan que ya lo esperaban, que al fin y al cabo están en Galicia.

7. La Santa Compaña.

No crees en ella hasta que ves unas luces extrañas de noche en el monte. Serán farolas o las luces de un club de alterne, pero tú estarás varios días sin dormir.

8. Invitar a alguien a comer en casa y que se quede con hambre.

El pobre invitado dirá que de verdad que ya no puede más, pero tú seguirás sacando comida y viendo satisfecho, sin notar su sufrimiento, cómo introduce una y otra vez el tenedor en la boca.

9. La resaca de licor café.

Este temor, todo sea dicho, no es lo suficientemente fuerte como para hacer que dejes de beberlo.

10. Sentir que la gente espera que te acabes la tapa compartida.

Y de verdad quieres comerte esa croqueta, pero una fuerza superior te impide alargar la mano.

11. Que la TVG cancele Luar.

No lo ves, pero te hace sentirte seguro. Siempre y cuando a Gayoso no le dé por anunciar tu muerte, claro.

12. Que un alemán nos gane al futbolín.

Porque una partida de futbolín entre gallegos y alemanes es una cuestión de orgullo nacional que hará que los espectadores decidan si el juego fue inventado por un germano (tonterías) o por Alexandre Finisterre (verdad absoluta).

13. Mudarnos a Madrid y que al volver nos digan que tenemos acento madrileño.

En Madrid, mientras, seguirán diciéndote que tienes un acento gallego muy fuerte.

14. Que se nos estropee el deshumidificador.

Tendrás que ir de compras para poder tener ropa seca en los próximos días.