Foto: Nan Palmero

1. Multilingüismo

Es un poder desarrollado especialmente en el sector de la hostelería: cualquier camarero es capaz de chapurrear el idioma de los comensales, vengan de donde vengan. Del portuñol al itañolo pasando por spanglish y cualquier otro lenguaje. Otra cosa es que se le entienda, claro.

2. Inhibidor del calor

Haga terral, haga cuarenta grados a la sombra o una humedad que te dificulta respirar. Da igual, mientras los visitantes ven la deshidratación cerca y casi ni se atreven a salir a la calle hasta la noche, el malagueño es capaz de ir de boda sin quitarse la chaqueta. Por supuesto, en la playa, de sombrilla ni hablemos. ¡Pa qué!

3. Egomalagueñismo

No existe ciudad mejor que Málaga. No hay paraíso superior sobre la faz de la tierra. Ni mejor lugar para vivir o con mayor calidad de vida. Málaga es lo máximo. Lo más perita. Y punto.

4. Siemprerrazonismo

Muy relacionado con el anterior: aunque haya alguien que tenga más datos y sepa la verdad, el malagueño siempre llevará la razón y nunca dará su brazo a torcer. Sea hablando de rumores, de política, del tiempo, la temperatura de la playa o fútbol, el malagueño siempre tendrá razón.

5. Oído hipersensible

No sólo para escuchar rumores sirve el oído del malagueño. También es capaz de escuchar lo que le dicen en pleno concierto, en mitad de una caseta de Feria o con los tambores de Semana Santa retumbando a un metro de distancia. Adaptación al territorio, lo llaman.

6. Chanqueitor

Un malagueño es capaz de detectar si un chanquete es de Málaga mirándole a los ojos. Son minúsculos, pero basta una mirada para saber si tienen ADN malagueño o asiático. Y lo mismo ocurre con los boquerones o las sardinas.

7. Relativismo temporal

“¡Voy para allá!” Cuando un malagueño te dice eso, tiembla. Puede que aparezca al segundo porque ya estaba en la puerta de tu casa o puede que llegue unas horas después porque le hayan sucedido un cúmulo de eventos insospechados durante el camino.

8. Hipergastronomía

En Málaga se puede cultivar de todo y eso hace que entre los productos malagueños se encuentre un abanico tan diverso que va del caviar de caracol a los kiwis, la zanahoria morada o el ajobacalao. Y cada pueblo dedica una fiesta a su producto estrella, aunque se cultive desde hace poco. Qué más da: ¡que vivan las fiestas!

9. Conversor de medidas

Basta que le digas que una receta lleva una mijita, un poquito, una pizca, nada y menos, una pechá o un peazo de cualquier producto para que el malagueño sepa exactamente cuánto debe echar.

10. Emprendimiento barista

No hay malagueño que no haya pensado alguna vez en su vida poner un bar. Basta pasear por la ciudad para descubrir la relación de bares y restaurantes por habitante. Tradicional, moderno, italiano, un pub inglés… Eso es lo de menos: como hablan todos los idiomas, dominan la cocina internacional igualmente bien.

11. Genética Lego

La construcción de pisos, casas, habitaciones, muros, terrazas o cualquier otra cosa que se haga con ladrillos parece ir en la genética del malagueño. La Costa del Sol es un gran ejemplo de ello, aunque posiblemente las futuras generaciones deban emigrar para hacer uso de este gen: ya no habrá sitio para construir más.

12. Volar

Este es un superpoder más cercano a las cucarachas que entran por la ventana volando como si nada. Parece que solo van por el suelo… Pero las cucarachas malagueñas llegan por el aire a tu casa y se plantan en mitad del salón. El malagueño también vuela hasta el techo del susto, claro.

13. Rumorismo

La capacidad para hablar del vecino, del primo, del cuñao, de la amiga o del famoso de turno sin base científica ni fuentes contrastables es uno de los superpoderes más malagueños que, además, permite desarrollar otro encanto malagueño: la conversación infinita.

14. Superpaciencia

El malagueño ya está acostumbrado a las obras. A que las calles cambien de sentido, a que las líneas amarillas provisionales se mezclen entre sí y a los desvíos que convierten la ciudad en un scalextric. Ya ni pregunta cuando acabarán: qué más da, empezarán otras en algún lugar insospechado.