Crédito: Esparta Palma

 

1. Comprendes que la vida en la capital comienza horas después que en Monterrey.

Mientras tú ya contestaste los primeros correos en la oficina, en el D.F. apenas están disfrutando del almuerzo.

 

2. Entiendes que es más fácil conocer con analogías las costumbres del resto del mundo.

Entiendes, por ejemplo, que “lo que Tampico es a Monterrey, Acapulco es al D.F.

 

3. Entiendes que perteneces a ese gran grupo de gente foránea que los chilangos llaman “de provincia”…

Que básicamente se refiere a todos los que no son de la capital.

 

4. A tu regreso a Monterrey te crees chilango por un rato…

Y comienzas a completar tus contestaciones a preguntas tan sencillas con más palabras de las necesarias. “¿Cómo estás? ”  “Vientos huracanados del norte con tendencias a la baja…”

 

5. ¡Por fin alguien te explica la diferencia entre el D.F. y el Estado de México!

Los regios sabemos que no es lo mismo, pero para nosotros siguen siendo chilangos.

 

6. Adquieres la habilidad de reconocer a un chilango donde quiera que te encuentres… y no precisamente por su manera de hablar.

El acento cantado se hace presente hasta en la manera de chiflar.

 

7. Si antes no concebías la idea de un tamal dentro de una torta y beber champurrado…

Ahora no concibes la idea de ir al D.F. y no comer una torta de tamal, o lo que es lo mismo, una guajolota.

 

8. Entiendes la diferencia entre tacos de trompo y tacos al pastor.

Así que cada vez que vas al D.F. cuidas tus palabras, evitas avergonzar a tus anfitriones y pides una orden de tacos al pastor como es debido.

 

9. Te sorprendes al ver que lo que te cuesta el viaje de ida en metro en Monterrey te alcanza para cubrir también tu viaje de regreso en el D.F.

 

10. Y así descubres el verdadero significado de los subsidios.

En Monterrey pagamos a precio lleno, lo cual nos hace más cuidadosos con nuestros pesos. ¡Aclaramos que no somos codos!

 

11. Te acostumbras a los restaurantes de banqueta. 

Es completamente normal ver a un alto ejecutivo desayunando unas ricas quesadillas en cualquier puesto mañanero de la ciudad o degustando unas deliciosas tortas a la hora de la comida. Es imposible no ser feliz con tanta delicia culinaria en cualquier esquina.

 

12. Sabes que las porciones de comida capitalinas difieren un poco de las regias.

Una orden de tamales en Monterrey equivale a un par de tamales chilangos y una orden de tacos a vapor te llena lo mismo que una sola quesadilla defeña.

 

13. Descubres tendencias de estilo totalmente vanguardistas.

Ahora sabes que puedes combinar la parte superior de tus trajes sastre con un pantalón de color completamente diferente. ¡Moda es moda!

 

14. Aprendes que siempre puede haber cosas peores… 

El tráfico de Monterrey es un martirio y viajar en metro en hora pico, un tormento. Luego de ir al D.F. e intentar hacer lo mismo, aprendes que no debes subestimar ambas situaciones.

 

15.  Y aunque parezca que los regios estamos de mal humor todo el tiempo…

Nuestro tono de voz hasta suena relajado cuando nos juntamos con un chilango.