1. Empiezan a entender todo con doble sentido.

Una vez que entienden de qué se trata el albur, su cabeza pervierte casi todas las conversaciones y comienza a generar respuestas con doble sentido siempre que sea posible. No hay nadie más alburero que un extranjero que lleva unos meses en México.  

 

2. Cuestionan la existencia de lugares por sus nombres extraños.

Algunos lugares del país son más famosos por su nombre complicado que por cualquier otra cosa. Un extranjero en México puede ser vacilado a diestra y siniestra con nombres extra complicados o que tal vez ni siquiera existen, y terminará por poner en duda cualquier nombre que no le suene familiar. Malinalco, por ejemplo, es uno de los Pueblos Mágicos que varios extranjeros juran que es inventado.

 

3. Incrementan su aguante con el picante.

Ya pueden acompañar alimentos con alguna salsita sin derramar la gota gorda (de moco y lágrima). Algunos hasta superan a algunos nativos mexicanos que no son tan afines al chile… Sin albur, caray.

 

4. Valoran una chelada o michelada por sus efectos.

Al principio no la querían ver ni en pintura; sin embargo, después de un tiempo les cae el veinte de que una de las razones (y tal vez la más fuerte) por la que se creó este elixir fue para curar crudas. Nada más mágico para hacerte revivir después de una noche de pachanga que una mezcla de salsas con limón y cerveza… Y si la acompañas con un cevichito, ¡mejor!

 

5. Perfeccionan la técnica para agarrar un taco.

Al principio ni siquiera se imaginaban como comer un taco de pie ni mucho menos como sostenerlo con una mano, mientras en la otra descansan el plato y la Coca. Pero con un poco de práctica, ya pueden comérselo sin que se les deshaga y sin devolverlo al plato para volver a darle forma. Tal cual, como si fuera local.

 

6. Se hacen inmunes a los bichos locales.

Dejan de lavarse los dientes con agua embotellada, compran aguas de sabor en bolsita y comienzan a comer vegetales recién lavados. Lejos quedó el miedo a la venganza de Moctezuma.

 

7. Aprenden que el mejor desayuno va plagado de vitamina T.

Tamales, tecolotes, tacos, tlacoyos, tlayudas, tostadas y tortas de chilaquiles, cochinita y mole… ¡Cómo no!

 

8. Empiezan a conocer más lugares que la mayoría de los mexicanos.

Resulta irónico que un extranjero viaje más dentro del país que un mexicano de sangre colorada, pero es verdad. A nosotros se nos hace fácil comprar un vuelo a LA porque sale más barato que a Los Cabos, pero cuando un foráneo llega a México, viene a conocer todo lo que puede.

 

9. Superan tabúes del tequila.

Se lo toman derecho y sin limón y sal como ingredientes extras, como los machos. Hasta aprenden a disimular esa cara de dolor cuando el tequila pasa quemando la garganta.

 

10. Se enamoran del limón.

Se lo ponen a la sopa, al pescado, a la carne, a la cerveza, al taco, al refresco, al chupe, al agua…

 

11. Saben distinguir un lugar con buena comida.

Sin importar la facha del lugar en el que coman, saben que si hay un comal y un molcajete presentes, la comida va a estar deliciosa. Nada mejor que unas tortillas recién hechas y una salsita molcajeteada.

 

12. Ya conocen a la Abuelita…

Y a la Tía Rosa, a La Costeña, a José Cuervo, al Jimador, a Victoria, a las Marías, al Pingüino y al Negrito. Y son grandes amigos de todos ellos.

 

13. Incorporan la cajeta a la dieta.

Su nuevo ingrediente preferido a la hora de hacer sándwiches en modalidad estudiambre es la cajeta. La cajeta se lleva de calle a la crema de maní, que no quede duda.

 

14. El nopal se convierte en más que una planta de desierto.

Aunque al principio pegaran el grito en el cielo al descubrir que “comemos cactus”, han aprendido que unos buenos nopalitos y el taco placero te pueden sacar de cualquier apuro.

 

15. Alaban el pastel de tres leches.

Uno de los postres más gordos y deliciosos que puedes encontrar en México. Es imposible que alguien lo deteste después de probar una cucharada. Para cualquier extranjero se convierte en EL postre predilecto. También funciona como medicamento para quitar el mal humor, la amargura, la depresión y el antojo… de cualquier tipo.