1. ¡Me pico un asquilín!

Los tapatíos sabemos que existe una gran diferencia entre una hormiga y un asquilín… los asquilines pican bien fuerte.

 

2. Ocupo cien lonches para la fiesta de mañana.

¿¡Que qué!? Que voy a NECESITAR cien birotes con relleno para la fiesta de mañana. Tampoco es tan incomprensible, ¿o sí?

 

3. Ámola al bule, ¿o qué?… ¡Arre, ámole!

Traducción literal: Vámonos de antro, ¿te parece?… ¡Sí, hagámoslo!

¿Qué les puedo decir? Sencillamente amamos abreviar.

 

4. ¡Que sí! Sabeee… 

Sabe no es más que nuestra forma de simplificar un “ya te lo dije un montón de veces veces”. Puedes prolongar la “e” del final en proporción a tu desesperación. 

 

5. ¡Ira nomás que ñengo estás!

No te asustes, nadie te está diagnosticado ninguna enfermedad extraña. Es que para nosotros los tapatíos no estás muy delgado, estás muy ñengo.

 

6. ¡Ármate la pachocha para irnos de viaje!

Porque aunque no se nos de el ahorro, sí que sabemos armar la pachocha para echar a andar un plan. Cuidado al aplicar esta frase con gente de fuera… pueden creer que los están albureando o que les están haciendo alguna propuesta indecorosa.

 

7. Como que hace bien mucho calor hoy, ¿no?

Porque los tapatíos no nos conformamos con mucho y tenemos que meter el “bien” en donde quepa. El bien mucho es un deleite para los superlativos locales y confusión absoluta para el resto del mundo de habla hispana. 

 

8. ¿Edá que mi amámi dijo que si me portaba bien me iba a comprar algo?

No, esto no es ningún dialecto de la región mezclado con español. Edá, ei, ira y otras tantas palabras son simples víctimas de nuestro afán por comernos la mitad de las letras cuando hablamos.


9. ¡Nomás no me ajusta!

A pesar de lo que puedas pensar, esta no es una frase típica de probador de ropa. Cuando las cosas se ponen complicadas y no nos alcanza el dinero, los tapatíos decimos que no nos ajusta la lana.

 

10. ¡No hagas desatinar a tu hermana o te voy a dar unos fajazos!

No es que estés usando a tu hermana como pelota de básquetbol, es que la estás haciendo enojar, la estás molestando, jodiendo y sacando de quicio. Por cierto, fajazos viene de fajo… porque los tapatíos no usamos cinturón.  

 

11. Es que me siento bien sabe qué modo…

Así como una mezcla entre triste, decepcionado, cansado, bajoneado y enojado… bien sabe qué modo pues.  

 

12. Ya deja de estar gusgueando ¡te vas a poner bien panzón!

Y es que con tanta comida deliciosa y típicamente tapatía es imposible dejar de gusguear, o sea, comer entre comidas, picar… se entiende, ¿no?

 

13. Ira carnal, no me estés ajerando.

O sea que no me estés echando pleito, provocando, molestando. Ajerar es lo mismo que desatinar, pero es más usada por la juventud tapatía porque no suena a expresión de mamá.

 

14. ¡Cómo se me antojan unos duritos con mucho chile!

Porque los tapatíos sabemos que chicharrón que se respete, tiene que ser de puerco. ¡Aunque también nos gusta botanear con duritos!

 

15. Mi coche ya no charcha. Ni modo, pos me voy en chato.

¿Charchar? Pero si es lo más lógico: ya no funciona, no sirve, se le acabó la batería, simplemente no prendió. A consecuencia de eso, no queda de otra que usar un camión, transporte público o autobús, todo esto reducido a chato.