No podemos estar con ellas ni sin ellas. Así son las madres españolas, tan cariñosas como intensas, tan buenas como estrictas. Pero, por encima de todo, grandes filósofas. Aquí va una recopilación con sus mejores frases:

1. Mientras vivas en esta casa, harás lo que nosotros te digamos.

Sin duda, una de las expresiones más habituales del diccionario materno, utilizada para zanjar cualquier debate, por complejo que parezca. Y es que por muchos argumentos que des a favor de hacerte ese tatuaje en la pierna, mientras vivas en su casa puedes ir olvidándote. Y, ojo, si te lo haces a escondidas, prepárate para la siguiente.

2. Me ha dolido más a mí que a ti.

No hay cachete, nalgada o tortazo que valga que no venga acompañado de esta sentencia universal. Y puede que así sea porque, a no ser que tu madre sea la estrella de un equipo de rugby, sus zurras dejaron de hacerte daño hace tiempo y sin embargo a ella le suele provocar el peor de los dolores: el del remordimiento.

3. Como vaya yo y lo encuentre…

Como dice el chiste:

– Papá, ¿dónde está Mozambique?
– No lo sé, hijo, pregúntale a tu madre que es la que lo guarda todo.

Y es que así es, por algún extraño motivo, todas las madres acaban desarrollando un superpoder para saber dónde están guardada en casa cada una de tus pertenencias. Ahora bien, si no encuentras algo y le preguntas dónde está, ten mucho cuidado de no seguir al dedillo sus indicaciones porque como vaya ella y lo encuentre antes que tú…

4. Pregúntale a tu padre.

Aunque parezca mentira, tu madre no lo sabe todo… pero donde no llegan sus conocimientos, empiezan los de tu padre. Por lo que si alguna de tus preguntas a mamá le pilla en fuera de juego, seguro que no duda en utilizar el comodín de papá.

5. ¿Qué hay para comer? Comida.

Por algún extraño motivo, a las madres no les gusta que se les pregunte por el menú del día. Y es que en tu casa no se come ni verduras, ni pasta, ni legumbres… siempre se come comida. Así que “si tienes hambre, muérdete el dedo grande”.

6. Come y calla.

Y claro, si no puedes hablar antes, mucho menos puedes hacerlo durante la comida. Bueno, puedes hacerlo, pero te arriesgas a que mamá zanje el debate con un contundente “Come y calla”. Aunque cuidado, tampoco estés en silencio mucho rato, porque entonces te preguntará “¿Y a ti qué, se te ha comida la lengua el gato?”

7. Y si tus amigos se tiran por un puente, ¿tú también lo harías?

Que no, que no insistas. Que aunque tu amigo Carlitos haya suspendido matemáticas, eso no es ninguna excusa para que tú también lo hayas hecho. A tu madre le preocupa lo que hagas tú, y si tus amigos se quieren tirar por un puente… ¡pues que lo hagan!

8. ¡Qué moto ni qué mota!

Con solo cambiar la última letra de una palabra, tu madre es capaz de tirar por tierra todos tus sueños. Así que por muchas ganas que tengas de comprarte una moto, si tu madre te responde «Qué moto ni qué mota»… ya puedes olvidarte de esa ilusión. Al menos mientras viváis bajo el mismo techo.

9. ¿Tú qué te crees, que soy el Banco de España?

Y no, desafortunadamente tu mamá no es una fuente inagotable de dinero, así que te recomiendo que cuanto antes empieces a aprender a gestionar bien tus pagas. Porque entre hijos y madres, no hay pagas extras. “El dinero no crece de los árboles”.

10. Noches alegres, mañanas tristes.

Como seas amigo de la noche, este poema de cuatro palabras te va a acompañar cada mañana de domingo. Y es que, “si eres hombre/mujer para salir de fiesta, eres hombre/mujer para despertarte pronto”.

11. ¡Que son las 2 de la tarde!

Y no, todavía son las 11 de la mañana. Pero es que no hay madre que no eche mano del redondeo para hacernos salir de la cama “temprano” un fin de semana, sobre todo tras una noche de fiesta.

12. Es la primera vez que me siento en todo el día.

Y es que mientras tú duermes “la mona”, parece que tu madre trabaja 27 horas al día y solo encuentra un momento para sentarse cuando estás tú delante.

13. ¿Te aburres? Pues cómprate un mono.

O un burro, en su defecto. Y es que parece ser que si te aburres, la solución materno-universal es comprarse un mono, aunque parece difícil sin pagas extras. Pero no te dejes intimidar, y si usan mucho esa frase contigo, aprovecha y respóndele “¡Qué mono ni qué mona!”

14. Yo a tu edad…

… ya estaba casada y con 3 hijos. Da igual cuántos años tengas cuando te responda esto, tu madre a tu edad siempre había tenido una vida más de provecho que la tuya. Eso sí, como utilices ese momento para hablarle de tu noviete/novieta, entonces te dirá que eres muy joven para tener pareja. ¡No hay quien acierte con ellas!

15. El día que no esté…

No hay conflicto familiar que se precie que no termine con esta frase tan materna: “El día que no esté, a ver cómo os apañáis”. Un gran verdad, por cierto. Porque el día que no estén… ¡cómo las vamos a echar de menos!