1. ¿Dónde está Villadiego?

Lo decimos y lo entendemos sin cuestionarnos nada: «tomó las de Villadiego». Sabemos que significa que huyó o se escaqueó malamente desapareciendo de forma oportuna, pero ¿dónde diablos está ese lugar? Esa respuesta es fácil: está en la provincia de Burgos y es una pequeña localidad de 1500 habitantes. Hay varias teorías sobre por qué es el lugar en el que imaginamos que están todos los fugitivos del mundo; la más probable, la siguiente: cuando en el siglo XIII el país estaba en plena campaña de expulsar a los judíos de la península, Fernando III dijo –e hizo que fuese así mediante un precepto real, que para algo era rey– que no se los persiguiera en Villadiego.

2. ¿Quién es el otro?

Ya sabes, esa persona a la que aludimos antes de soltar un tópico tan grande que no nos atreveríamos a presentarlo como un pensamiento original. «Como dijo el otro», introducimos. Pero ¿quién? ¿qué otro? ¿por qué? José María Iribarren recuerda en El porqué de los dichos que ya Quevedo se divirtió con este personaje anónimo: «Yo soy el Otro, y me conocerás, pues no hay cosa que no la diga el Otro. Y luego, en no sabiendo cómo dar razón de sí, dicen: Como dijo el Otro. Yo no digo nada ni despego la boca». Vaya, que a Quevedo ya le parecía sospechoso todo esto. Y no, no se sabe quién es ese otro, posiblemente se trate de un ser colectivo y anónimo, una especie de imaginario o conciencia popular.

3. ¿La buena es la de cal o la de arena?

Que sí, que habrá gente que lo tenga claro por su conocimiento de albañilería, pero lo cierto es que la mayoría usamos la expresión con cierto temor a que alguien nos pregunte cuál de los dos materiales es el bueno. Según parece, da un poco igual, pero si necesitas de verdad una respuesta, se suele recurrir a que la cal es peligrosa, por lo que es la parte mala. Y ¿por qué cal y arena? Porque son los dos materiales con los que se forma la argamasa.

4. ¿Qué es el tuntún?

No te lo has preguntado nunca porque suena a expresión onomatopéyica, muy transparente y perfecta para ilustrar cómo haces las cosas cuando las haces al tuntún (yo me imagino como un monito tocando un tambor y me parece una imagen adecuada). Pero no, la lengua hace menos las cosas al tuntún que nuestros cerebros. «Al buen tuntún», dicen los expertos, viene del latín ad vultum tuum, literalmente ‘ante tu rostro’, expresión presente en un salmo y que se lee con frecuencia en misa. Y esto es como cuando nos inventamos la letra de una canción en inglés: no entendemos, pero nos suena a. A los asistentes a misa, poco doctos ya en latín, ese ad vultum tuum les sonaba a «a bulto» o «al buen tuntún» y eso (lo segundo) es lo que empezaron a decir con el significado de lo primero.

5. ¿Qué pasó en San Quintín?

Se armó la de San Quintín, sí, pero ¿qué pasó exactamente en ese lugar para que haya pasado a nuestros dichos? Los que sepan algo de historia lo sabrán: se refiere a la batalla de San Quintín, librada en agosto de 1557 y que enfrentó a españoles y franceses y que ganó el reino de España. Fue una especie de masacre: el ejército francés tuvo diez mil bajas, y entre los heridos, muertos y prisioneros había muchísimos miembros de la nobleza (lo que, parece, dolió un poco más). San Quintín, por cierto, es una pequeña localidad del norte de Francia, en la región de Picardía.

6. ¿Cuándo vivió la Maricastaña?

Hace mucho, claro, en sus tiempos. En el Vocabulario de refranes de Gonzalo Correas ya aparece la expresión y nos dice que es «en tiempo muy ignorante y antiguo, cuando cualquier disparate era posible, y que hablaban los animales y peces, árboles y cosas sin sentido». Y eso, según parece, es lo que pasaba en el siglo XIV, que es cuando la tal Mari Castaña vivió. ¿Quién era? Una lucense que estaba al frente de un partido que se oponía al pago de tributos que exigía el obispo.

7. ¿Por qué tanta dificultad con encontrarle tres pies al gato?

Si perteneces al grupo de personas que no entiende este dicho (¡los gatos suelen tener cuatro patas! ¡es fácil encontrarle tres!), aquí tienes la explicación que te (nos) da la razón: en su origen, se trataba de buscarle los cinco pies al gato. Iribarren lo demuestra citando tanto a Correas como a Covarrubias: el dicho aparece recogido con cinco pies. ¿A quién culpar del cambio? Al mismísimo Cervantes, ya que en el Quijote se buscan tres y no cinco pies. Correas, que es posterior (Covarrubias también), ya lo apuntaba como un error: «Más corriente ha sido decir cinco pies, y parece más propio: lo uno, porque hallar tres pies a quien tiene cuatro es cosa fácil y nada ocasionada a pendencias, mientras que hallarle cinco es imposible; y lo otro, porque solía añadirse: y no tiene sino cuatro, y aun esta otra coletilla: no, que son cinco con el rabo».

8. ¿Qué es un bledo?

Algo que nos importa poco, ya, tan poco que ni sabemos lo que es. La RAE nos da la respuesta: «Planta anual de la familia de las quenopodiáceas, de tallos rastreros, de unos 30 cm de largo, hojas triangulares de color verde oscuro y flores rojas, muy pequeñas y en racimos axilares». Esa es la primera acepción. La segunda, «cosa insignificante, de poco o ningún valor».

9. ¿Dónde está la Ceca?

De la Ceca a la Meca, ya, sí, pero ¿dónde está exactamente el origen del viaje? Como en muchas expresiones, en un error. Ceca era en realidad como se llamaba a la mezquita de Córdoba, que se aprovechó de una expresión que no tenía nada que ver: lo que se decía era «ir de ceca en meca», así en minúsculas, y según Correas eran las típicas «palabras enfáticas» que no significan nada. Sí es cierto que ceca significa en árabe ‘casa de moneda’ y que es como se llamó a la mezquita de Córdoba, pero probablemente haya sido la casualidad quien haya puesto las mayúsculas a dos palabras vacías y no una relación real con ambos lugares.

10. ¿En cuánto tiempo se ganó Zamora?

No fue en una hora, como bien sabemos. ¿En cuánto tiempo, entonces? Si la expresión se refiere al asedio que sufrió la ciudad en 1072, como parece coincidir casi todo el mundo, fueron siete meses. En un lado, Sancho II de Castilla. En el otro, su hermana Urraca.

11. ¿Ya no se baila la polca?

Hablamos del año de la polca como si ya no existiese ese baile. Pero si nos referimos al momento en el que se inventó en la República Checa o a cuando se introdujo en España, hablamos de mediados del siglo XIX. Y, vale, quizá ya no esté tan de moda, pero es de esos estilos tan atemporales que casi se han convertido en género.

12. ¿Los martes dan mala suerte en general o solo si te casas o embarcas?

Pues parece que es general, ya que Correas decía «en martes, ni tu tela urdas, ni tu hija cases». El martes es el día malo por excelencia en distintas culturas (la egipcia, la turca…); en nuestra tradición cultural, se supone que es por su relación con el dios Marte que le da nombre. Es, al fin y al cabo el dios de la guerra. Quizá no haya que quejarse tanto de los lunes…

13. ¿Qué son esos pinitos que todos hacemos en algo?

«Yo hice mis pinitos en el mundo de la música» y no significa que esa persona interrumpiese conciertos para hacer el pino, no, sino que algo hizo, no mucho, en ese mundillo. Que fue principiante, que quizá, quién sabe, podría haber sido más. Pero es que pino, amigos, además de ser un árbol y un ejercicio gimnástico, es también el «primer paso del niño o del convaleciente». Todo tiene así más sentido.

14. ¿Cómo de larga es la Biblia en verso?

Nada menos que 73 gruesos volúmenes. Su trágico autor –nadie supo comprender su arte y fue objeto de burla– fue José María Carulla, un barcelonés nacido en 1839 que debería pasar a la historia como la persona más constante, disciplinada y con fuerza de voluntad del mundo. O como un ejemplo de lo que se hacía antes de internet.

15. ¿Nadie duerme en Toledo?

Las noches toledanas son esas noches malas en las que el insomnio o cualquier razón externa impide que peguemos ojo. Hay unas cuantas teorías sobre esto, desde noches pasadas en vela por creer que el primer nombre que se escuchase iba a ser el de la persona con la que nos casaríamos hasta una matanza de muladíes toledanos. La que tiene más probabilidades de haber dado en el clavo es la de Covarrubias, que además era toledano: no duermen las personas de fuera que van a Toledo por culpa de los mosquitos, a los que no están acostumbrados.