Foto: The Pixelman

1. Popar

Un concepto algo confuso, ya que su primera acepción nos dice que significa ‘despreciar o tener en poco a alguien’ y la segunda habla de ‘acariciar o halagar’. Pero si hacemos de investigadores lingüísticos hallamos la verdad: en el Diccionario de Autoridades (1737) nos dicen que es ‘despreciar o tener en poco a uno, dándole palmadas en la cabeza o hombros’. La típica caricia que hace que el que la recibe gruña por dentro.

2. Fucilazo

Lo que desea esa persona recientemente popada que caiga sobre la otra persona: un fucilazo es un relámpago, pero no uno cualquiera, sino uno de esos que «ilumina la atmósfera en el horizonte por la noche».

3. Asechanza

Si tiene sed de venganza, es posible que el pobre al que han popado y cuyas plegarias a los cielos para que envíen fucilazos no han funcionado, pase a tomarse la justicia por su mano. Para ello, quizá urda una asechanza o, lo que es lo mismo, un ‘engaño o artificio para hacer daño a alguien’.

4. Chamarileo

Esa asechanza puede consistir en una estafa en pleno proceso de chamarileo. ¿Que qué es chamarilear? Básicamente, lo que hacemos en Wallapop: ‘vender trastos viejos’. Pero los creadores no fueron lo bastante valientes como para llamar a su app Chamarileo. Abramos un change.org para pedir un cambio de nombre.

5. Zangandungo

Continuamos con la historia. La asechanza surtirá efecto solo si el ofendido vengador no es un zangandungo, es decir, una ‘persona inhábil, desmañada, holgazana’. A los zangandungos los planes no les suelen salir bien por falta de, precisamente, planificación. Fue entrar en Wallapop y perderse, algo que por otra parte todos entendemos.

6. Ñiquiñaque

Y, mientras observa todos los objetos que se chamarilean en la app, piensa en que de verdad tiene que hacer algo. ¡La persona que lo popó es un maldito ñiquiñaque! Sí, ha estudiado el diccionario hasta encontrar la palabra adecuada para referirse a una ‘persona o cosa muy despreciable’ (aunque, dato curioso, en 1734 ñiquiñaque era una «voz inventada de ninguna significación, que se suele usar por el vulgo para desprecio de algún sugeto [sic] o cosa».

7. Farfantón

Además de un ñiquiñaque, es un farfantón, el típico «hombre hablador, jactancioso, que se alaba de pendencias y valentías». El clásico tipo que va por ahí popando a la gente.

8. Esplín

Todavía en el sofá, nuestro héroe deja el teléfono un momento. Como nos pasa a todos cuando pasamos más tiempo del necesario haciendo scroll en redes sociales, el esplín le ha invadido. Esplín viene del inglés spleen, que significa ‘bazo’, pero al español ha llegado con un significado transformado: nuestro esplín es la «melancolía», el «tedio de la vida». (¿Cómo hicimos ese cambio? Tiene que ver con la teoría de los humores de los griegos: creían que el bazo segregaba bilis negra por todo el mundo, sustancia que asociaban con la melancolía).

9. Anhedonia

Ya en la consulta del psicólogo, este escucha toda la historia. El desprecio con caricias, Wallapop, la bilis negra. Consulta sus notas y escribe en un margen, «¿anhedonia?». A continuación realiza toda una serie de preguntas algo íntimas a nuestro melancólico protagonista. ¿Qué siente al bañarse en el mar? ¿Y al caminar descalzo por la hierba? Respira aliviado y tacha la anhedonia, concepto psicológico que significa ‘incapacidad para sentir placer’.

10. Aj

«¿Algo más que me quiera comentar?», pregunta el psicólogo. «No sé, algún… aj». Con esto, el afrentado melancólico no está expresando su tedio vital, sino que también ha sufrido algún achaque. (Yo aprendí esta palabra en un crucigrama y creo que es mucho más representativa de nuestro ánimo cuando sufrimos una indisposición. ¡Aj mucho mejor que achaque!).

11. Lambucear

Al volver a casa, todavía sumido en ese estado de cansancio ante la vida, nuestro trágico héroe decide cenar algo rico (porque, recordemos, no es anhedónico). Está tan rico que acaba lambuceando el plato, una de esas cosas que solo podemos hacer en nuestra casa pero que constituyen uno de esos pequeños placeres cotidianos: lambucear es ‘lamer, por glotonería, un plato o vasija’.

12. Inmarcesible

Ya de mejor humor deja de hacerse preguntas existenciales y riega todas las plantas de la terraza. Algunas tienen ya flores y, no, no son inmarcesibles, por lo que se marchitarán, pero luego saldrán otras nuevas. ¡Es el ciclo de la vida!

13. Filosofastro

Todos caemos en la filosofía barata de vez en cuando, como le acaba de pasar a nuestro ya no tan triste protagonista. ¿Podría ser tachado de filosofastro? Solo si decide encaminar su carrera hacia el mundo de la autoayuda y su discurso se convierte en una retahíla de lugares comunes. Entonces sí, decir de él que es un «falso filósofo, que no tiene la calidad necesaria para ser considerado como tal» podría ser acertado.

14. Delicuescencia

Pero sabemos que no irá por ahí, que no dejará que la delicuescencia —la evanescencia y la decadencia— lo atrape, porque se desvanecería en el aire. En química, lo delicuescente es lo que «tiene la propiedad de absorber la humedad del aire hasta formar una disolución acuosa».

15. Francachela

Superado el esplín, las ganas de venganza y casi olvidada la afrenta inicial, nuestro héroe es más de francachelas. Y eso es precisamente lo que hará: llamar a sus amigos y reunirse con ellos para «regalarse y divertirse comiendo y bebiendo, […] sin tasa y descomedidamente». Siendo un poco filosofastro se sonríe y se dice que una vez al año no hace daño. Al fin y al cabo, bien está lo que bien acaba.