1

El ego: poder decir “yo estuve en el fin del mundo”

La ciudad más austral de Argentina, Ushuaia, está ubicada sobre el canal de Beagle y rodeada por la cordillera de los Andes. No hay quién te quite que puedas decir con orgullo “yo fui hasta el fin del mundo”. Pero hay muchas otras buenas razones…

2

Festejar en la noche más larga

En verano, hay días donde casi no anochece. En invierno ¡la noche es interminable! Todos los 20, 21 y 22 de Junio se celebra “la noche más larga del mundo”, que coincide con el inicio del solsticio en el hemisferio sur. Todo el mundo sale a la calle a presenciar espectáculos y distintos tipos de eventos festivos. ¡Es importante guardar energías! ¿Podrías mantenerte despierto en esta fiesta de 17 horas?

3

Dejarte llevar por los mitos de “El Presidio”, fascinantes y espeluznantes.

Este es sin duda uno de los principales emblemas de la ciudad. Fue la principal fuente de trabajo entre 1904 y 1947. Una de las tantas leyendas dice que Carlos Gardel, el famoso cantante, compositor y actor de cine argentino, estuvo preso aquí por reiterados problemas de conducta. También hay historias un tanto sobrenaturales. ¿Te animarías a pasar una noche en El Presidio, solito tu alma?

4

Sentir la fuerza de los vientos patagónicos

No solo podrás sentir que los vientos patagónicos te llevarán volando, sino que verás su efecto en el paisaje. Los lugareños llaman "árboles-bandera" a este fenómeno.

5

Experimentar la diversidad, social y ecológica

Ushuaia cuenta con una gran biodiversidad. Pero al visitar la zona, uno también tiene oportunidad de conocer a personas muy diversas: los miles de turistas que se dirigen allí ansiosos por conocer “el fin del mundo.” Foto: vista de Ushuaia desde el “Monte Susana”.

6

Interactuar con pescadores temerarios

¿Alguna vez estuviste en un pueblo con una sola calle? ¿No? Entonces no podés dejar de ir a este pequeño, colorido y pintoresco pueblo llamado Almanza, ubicado a 75 km de Ushuaia. Sus habitantes viven de la pesca y se adentran en las aguas marinas con estos pequeños barcos, frente a las hostilidades climáticas características de la zona costera.

7

Disfrutar hasta de los paseos más trillados, como el del canal de Beagle

Hay distintas opciones: si te gusta la aventura y no sufrís de mareos, los barcos a vela son la mejor opción para disfrutar los vientos y las olas. Pero también podés hacer como yo: tomar un catamarán con calefacción, asientos cómodos y un bar donde comprar lo que quieras.

8

Aprender a disociar entre el “aroma” de la fauna marina y lo lindos que se ven esos animalitos en las fotos

Las pequeñas islas son habitadas principalmente por lobos marinos, cormoranes y pingüinos. Pocas veces tendrás la oportunidad de ver animales de estas características viviendo libremente en su hábitat: la sensación es increíble.

9

Sentir el placer de caminar en un turbal

Una de las partes más divertidas de hacer trekking en los distintos circuitos aledaños a la ciudad es caminar por los turbales. No te lo pierdas: ¡¡es como caminar sobre esponjas!!

10

Enamorarte de un zorro colorado

El Parque Nacional Tierra del Fuego, ubicado a 12 km de Ushuaia, protege los bosques patagónicos fueguinos y las costas del Beagle. También alberga una fauna variada, entre la que se encuentra el zorro colorado fueguino. Los zorros, haciendo honor a su fama, son muy listos. Se acercan a los campamentos y cuando encuentran oportunidad, roban todo lo que puedan… incluso paquetes de yerba.

11

Navegar una montaña rusa de agua

La primera sensación que tuve al recorrer Ushuaia fue la de estar rodeado por una montaña rusa de agua, con cientos de cauces convergiendo y divergiendo, bordeando rutas y montañas, atravesando y alimentando los bosques, desembocando en el mar.

12

Deslizarte por el Glaciar “Le Martial”

Más allá de su belleza y de tener interesantes vistas panorámicas del canal de Beagle, llegando a la cima hay una pista de hielo natural donde muchos turistas se arrojan usando tablas improvisadas. Si te gusta la velocidad y la adrenalina, la caminata de dos horas realmente vale la pena.

13

Caminar con los pingüinos magallánicos

Otra de las razones por la que tenés que visitar “el fin del mundo” es el pingüino magallánico. Estos animalitos, exclusivos del hemisferio sur, son claramente los preferidos de los turistas. Podés caminar con tranquilidad entre ellos y con un poco de suerte sacarles unas buenas fotografías.

14

Re-encontrarte en la belleza de los paisajes

¿Quién no quiere sentir la paz de la simpleza de este paisaje? También es una buena oportunidad para conocer narraciones de otras épocas. En el verano de 1930 el barco Monte Cervantes encalló entre los islotes de Les Eclaireurs. Los 1120 pasajeros pudieron ser rescatados y alojados en la ciudad, que para ese entonces tenía solo 800 habitantes y no contaba con infraestructura necesaria para tantas personas. Aunque el remolcador Saint Chistopher ayudó en los trabajos para recuperar al Monte Cervantes, este terminó por hundirse.

15

Experimentar la serenidad del “faro del fin del mundo”

Continuando la navegación por el canal de Beagle encontramos el antiguo faro de San Juan de Salvamento, monumento Histórico Nacional desde el año 1976. Es un momento de reflexión. El motor del catamarán se detiene y solo se escucha el viento y el agua golpeando los márgenes de la pequeña isla sobre la que se encuentra el faro. Sin querer ser reiterativo, la cuestión geográfica de haber llegado tan lejos te pone la piel de gallina.

*Todas las imágenes del artículo pertenecen al autor del mismo.