Foto: Juan Pablo Mazorra

1. Cocinas barroco

Como poblano, estás acostumbrado a mezclar sabores, colores y texturas; tus platillos siempre tienen gran variedad de ingredientes. Para ti, es normal poner chiles, chocolate y sal en la misma receta; incluso, al preparar unos simples huevos revueltos, no puedes evitar ponerle cebolla, jitomate, sal, leche, pimienta y sus respectivos chilitos.

2. Sirves porciones bien generosas

Te darás cuenta que cuando tú cocinas y sirves la comida, los demás dejan la mitad del plato. ¡Tranquilo! no es porque no les haya gustado tu comida; solo estás acostumbrado a comer de forma «generosa». Nuestras quesadillas, molotes o cemitas son gigantes, y tú como buen poblano, sabes atascarte como dios manda.

3. Varías mucho tu menú

Siempre tienes problemas para elegir qué vas a preparar a la hora de la comida y es que aceptémoslo, elegir qué comer en Puebla es una tarea monumental. Es muy difícil decidir entre cenar tacos árabes, chalupas, tostiesquites, o cualquier otro platillo de la gran variedad que tenemos; y a la hora de cocinar pasa lo mismo. Los debates se hacen más fuertes si hay más de un poblano tratando de decidir el menú del día.

4. Proteges la receta original

La eterna pelea de si tú o tu vecino cocinan el mole con la receta original. La discusión entre si los chiles en nogada van capeados o no. Un buen poblano defiende su receta y la guarda celosamente. He presenciado verdaderos dramas familiares porque la tía-abuela no quiere revelar el secreto de su sabrosa nogada.

5. Usas puerco, cochino y marrano

Estás acostumbrado a comer mucha carne de cerdo, ya que la gran mayoría de los platillos poblanos originales lo llevan como ingrediente. Si eres de los que “les cae pesado” o eres fresa, cocinas con pollo, pero no te engañes, todo poblano sabe que las pelonas, las chalupas, chanclas y el mancha manteles se preparan con carne de cerdo. De ahí el dicho «¿Qué come el poblano? Puerco, cochino y marrano”.

6. Haces fiesta en la cocina

Cocinar en Puebla puede implicar a más de tres personas en la cocina. No solo porque hay platillos tan laboriosos que jamás estarían a tiempo con una sola persona cocinando, si no que también es tradición el reunir a la familia para que todos ayuden en la preparación de los alimentos. Si vives solo, sientes el vacío de tu cocina al momento de prepararte la cena.

7. Sabes las diferencias

Jamás de los jamases confundes una torta con una cemita, conoces la diferencia entre el mole y el mancha manteles; y por supuesto, nunca llamarías “mole verde” al “pipián” ¿Por qué se confunde la gente?

8. Atesoras tus ollas preferidas

Es probable que tu abuela no te haya heredado gran cosa porque tenía cientos de nietos y de hijos, pero lo que jamás le perdonarás es que no te haya dejado ese cazo de cobre donde siempre preparaba el puré de camote. Haz probado con miles de cazuelas pero esa es la única donde siempre queda bien, y ahora la tiene la tía que te cae mal.

9. Prefieres cocinas amplias

La cocina de casa de tu abuela y la de tus padres son enormes y aprendiste a cocinar en ellas. Ahora que lograste independizarte o que vives en otra ciudad, descubres lo incómodo que es prepararte cualquier alimento en las diminutas cocinas que se construyen hoy en día.

10. Defiendes tu versión poblana de la comida

Siempre que critican tu receta del pozole o de tus tamales, tú siempre respondes con un “¡Perdón, pero en Puebla siempre se hace así!”.

11. Compartes con tu gente

Toda pieza poblana perfecta sabe que compartir los alimentos es un acto sagrado y una muestra de cariño inmensa. Creciste entre comidas familiares donde tu abuela sentaba a toda la familia, les servía y disfrutaba de verlos a todos comer. Ahora que eres grande y vives solo, no puedes evitar invitar a tus amigos más cercanos para continuar con la bella tradición de compartir la mesa con tus seres más queridos.

12. Sientes que el postre es de ley

Después de la comida siempre tienes antojo de unos macarrones, unas tortitas de santa clara o una marina. No puedes evitar correr detrás del camotero o el hombre de los merengues cuando pasa. Mínimo un rompope para el “desempance».

13. Detectas el mole falso

Si vives en una ciudad diferente, tus amigos te podrán insistir en que les cocines un delicioso mole poblano. Si aceptas, recorrerás mil mercados en búsqueda de un mole que tenga el color y sabor más parecido, pasarás horas en la cocina tratando de arreglarlo con un poco más de chocolate, azúcar o chipotle, pero al final nunca saben igual. Fuera de Puebla todos te parecerán moles piratas.

14. Gobiernas tu cocina

Que a nadie se le ocurra desacomodarte el cajón de los cubiertos o moverte los sartenes de lugar. Que ni de broma te desorganicen el mueble de tus especias. Todo poblano sabe que entrar a ayudar a cocinar en casa ajena implica seguir las reglas de ejecución del dueño de la cocina; eso si no quieres terminar solo y aburrido en la sala.

15. Cocinas a la antigua

Para un poblano es común cocinar en una olla de barro, utilizar utensilios de madera, usar carbón o leña para el fuego y saber cómo preparar una rica salsa en molcajete. No falta el familiar que tiene un horno de cerámica, una parrilla o mínimo un anafre donde puedes dejar salir ese cocinero que llevas dentro y dejar a muchos con la boca abierta. ¡Que rica es Puebla!