Las lenguas en contacto siempre se acaban mezclando, intercambiando palabras, tomando algunas prestadas, aportando otras. En la península ibérica conviven unas cuantas lenguas. En el caso de España, todas ellas comparten espacio con el español, que domina e influye. No obstante, estas lenguas cooficiales (¡y el portugués!) también han conseguido influir en el español de todo el país (y a veces incluso en el que llegó a América). Este es solo un pequeño aperitivo a modo de ejemplo, porque hay muchas más.

Del catalán

borracho, a

Esto no está muy claro. La RAE dice que «quizá» venga del catalán y que la primera forma habría sido en femenino. La teoría principal: es una mezcla de las palabras botella y morratxa (‘redoma’). Aparece ya a principios del siglo XV.

cantimplora

Es uno de los ejemplos más conocidos y la razón es simple: la etimología de la cantimplora es muy bonita. Viene del catalán canta i plora, ‘canta y llora’, y se refiere al sonido que hacen las cantimploras cuando vas caminando. ¿Es o no precioso?

capicúa

Otra palabra con origen en un compuesto catalán. En este caso, cap i cúa, que significa ‘cabeza y cola’. No hay mucho más que explicar, ¿no?

pantalla

Aquí hay varias teorías, pero la que tiene más adeptos y la que defiende la RAE nos lleva al catalán directamente. Pantalla es, una vez más, una combinación de dos palabras: pampol y ventalla. Explican en Dechile.net que ambas palabras llegaron por separado a significar más o menos lo mismo en catalán: pantalla de lámpara.

Del gallego

percebe

Pues claro, ¿quién iba a poner nombre a los percebes si no? Al gallego llegó desde el latín pollicipes, que en latín vulgar pasó a ser pollicepedis. Es un compuesto de pollex, pollicis (pulgar) y pes, pedis (pie), algo que tiene mucho sentido si ves cómo es un percebe. Según parece, además, los romanos que se asentaron en Gallaecia se alimentaban bastante de marisco y el percebe era uno de los platos fuertes. Se ve que aún no era tan caro.

choza

No está claro si llega a través gallego o del portugués (o del gallegoportugués), pero sí que el origen es latino: desde el latín pluteum, un armatoste parecido a una cabaña sobre ruedas que servía para asaltar al enemigo y a la vez protegerse de sus ataques. Es fácil saber que llega a través del gallego o portugués: ese inicio pl- se habría convertido en ll- en castellano, pero en ch- en las leguas de noroeste peninsular.

morriña

Esto ya lo sabíamos, sí, pero por si acaso alguien lo dudaba. Y ¿qué significa exactamente? ¿cómo llegamos a esa morriña que nos inunda a los gallegos cuando cruzamos la frontera? Aunque hay quien la relaciona con el latín mori (‘morir’), es más probable que sea Corominas quien tenga razón: el origen podría estar en morro y murria (‘tristeza’), por la cara de pucheritos que ponemos cuando estamos morriñentos.

cachear

¿A través del francés? Sí, pero no deja de ser curioso (es más habitual que del francés se pasase al catalán y luego al castellano, los gallegos estamos más a desmano). Ese cacher, ‘esconder’, francés, significaba antes ‘coleccionar’ y viene del latín coactare (‘apretar’). Junta todos esos significados y nuestro cachear es una palabra perfecta.

Del portugués

bandeja

Parece ser que las bandejas son portuguesas, aunque no está muy claro cómo los portugueses formaron la palabra. Tenemos dos teorías, citadas por Dechile.net: una, de Roque-Barcia, dice que está formado por banda (‘faja’, ‘cinta’) y -eja (diminutivo), por el borde que rodea las bandejas. Corominas dice que banda, sí, pero como bando o lado, por el meneo de un lado a otro.

Del valenciano

chuleta

Ese final en -eta ya da una pista de por donde van los tiros. En este caso, no obstante, no nos vamos a Cataluña, sino a Valencia. Es allí donde se empezó a decir xulleta (xulla, ‘tocino’, ‘pedazo de carne’ + -eta, diminutivo). Se cree que xulla viene del catalán antiguo ensunya (‘grasa’).

panoli

Nos dice la RAE que este bonito insulto viene del valenciano pa en oli (‘pan con aceite’). ¿Será una forma de decir a alguien que es tan simple como el pan con aceite?

paella

Tan sorprendente como que la ensaimada sea mallorquina o la morriña gallega. Paella es una palabra valenciana que viene del latín patella (sartén). También hay quien dice que paella viene en realidad del árabe, pero parece ser que no es cierto, así que mejor nos quedamos con el latín.

Del vasco

aquelarre

Las meigas serán gallegas, pero los aquelarres algo puramente vasco. Viene de aker (macho cabrío) y larre (prado), dice la RAE. Es como se llamaba el prado navarro en el que en el siglo XVII hubo un auto de fe contra las brujas (¡no lo eran!) que se reunían en la vecina cueva de Zugarramurdi. Nos dicen en Dechile.net que el topónimo Akelarre es bastante común en Euskadi.

guiri

Así llamamos en España a los turistas normalmente rubios y de tez rosada que nos invaden en verano. Todo apunta a que viene de cristinos, que es como se llamaba a los no carlistas. Los vascoparlantes decían algo similar a guiristinos, que pasó a ser como se llamaba a cualquier soldado. ¿Cómo llegamos a los extranjeros? Quizá por referirse en algún momento a soldados extranjeros o por influencia de la palabra guirigay, que se refiere a un lenguaje incomprensible.

izquierdo, da

Left, gauche… ¿de dónde sacamos los españoles una palabra tan extraña como izquierda? Como casi todas las palabras que no tienen nada que ver con nuestro entorno indoeuropeo, del vasco. Quizá de esku (‘mano’) y del céltico kerros (‘torcido’). El origen es claramente prerromano y peninsular, porque todas las lenguas de la península compartimos esta rareza: esquerra en catalán, esquerda en gallego y portugués.

chatarra

Suena a palabra vasca porque lo es: viene de txatarra (‘hierro viejo’). Este, a su vez, de tzatar, que significa ropa vieja.