Foto: Pablo

1. Asocias el sonido de las bombitas, silbadores, cohetes y volcanes con la llegada de las fiestas de fin de año

Ni bien empieza diciembre cuando el aire panameño se llena del olor de la pólvora y del rugido de silbadores, bombitas, cohetes y fuegos artificiales. El clímax de este despliegue pirotécnico se alcanza cuando el reloj anuncia el inicio del 25 de diciembre y repunta con las campanadas de Año Nuevo. Por supuesto, esta tradición tiene su contraparte nada bonita, ya que afecta a animales, niños pequeños y demás personas sensibles a los ruidos fuertes (y ni hablar de los potenciales incendios).

2. El «Asalto Navideño» entra en tu cabeza y no sale hasta bien entrado enero

«Ya van a empezar las fiestas, las fiestas de Navidad…» Si el sonido de la pirotecnia anuncia la llegada de la Navidad, la banda sonora de esta fiesta la ponen temas como Aires de Navidad, Vive tu vida contento o La Murga de Panamá, de los célebres Héctor Lavoe y Willie Colón.

3. Pintas y arreglas la casa antes de las fiestas de fin de año

Inexplicablemente la mayoría de nosotros siente la necesidad de hacer «arreglos» en casa por estas fechas. Que si falta una manito de pintura, que si vi un mueble súper lindo para poner en la sala, que si falta hacer una limpieza profunda. Supongo que tendrá que ver con la creencia de que si el año que llega encuentra todo en orden, así mismo será el resto del calendario.

4. Colocas arbolito y nacimiento a la vez

Lo de que el nacimiento conviva tranquilamente junto al arbolito es una costumbre muy arraigada entre los panameños. En el caso de los nacimientos, muchas veces su montaje es tan grande que obliga a reorganizar la sala, y utilizamos cajetas, papel manila, espejos y todo tipo de artilugios para darle realismo a la escena de Belén. Los arbolitos, por otro lado, pueden ser artificiales o naturales, en cuyo caso hacen un largo viaje desde Canadá o Estados Unidos para adornar y perfumar nuestros hogares.

5. Te encanta iluminar el exterior de tu casas

No solo los locales comerciales y los municipios se dan a la tarea de vestir a la ciudad por Navidad, en general, la población también colabora iluminando sus patios, ventanas, fachadas y portales con adornos alusivos a las fiestas. Recuerdo cómo me encantaba que mis padres me llevaran a ver las luces de calle Belén y años más tarde las de Villa Lucre. ¡Era lo máximo!

6. Te vestiste de pastorcito, de ángel o algún miembro de la Sagrada Familia para participar en las posadas navideñas

El peregrinar de casa en casa pidiendo posada, comiendo burundangas y cantando villancicos al Niño Jesús, a la Virgen y a San José es una de esas costumbres entrañables de la infancia que muchos de nosotros atesoramos en la memoria. Es cierto que con la vida tan ajetreada, los tranques y las preocupaciones de la adultez, es fácil perder de vista estos eventos, pero llevar a nuestros hijos o sobrinos es una excusa perfecta para volver a participar. ¡Que suenen las panderetas!

7. Formas parte de filas inmensas para comprar una rosca de Navidad

La mesa navideña no está completa hasta que no tiene una buena rosca encima y, si es del Riba/Smith, mucho mejor. De hecho, los panameños estamos dispuestos a formar filas inmensas el propio 24 para hacernos con unos cuantos ejemplares de este delicioso pan. Tal es nuestro gusto por este manjar que somos capaces de llevarlo en el equipaje si vamos a celebrar la Navidad en otro país. Al menos yo lo hice.

8. Te engalanas para la cena de Nochebuena

La Navidad es una fecha especial en la que sacamos nuestras mejores galas para celebrar, así sea para pasarla solo en familia. Aunque claro, los más jóvenes se arreglan también para, después de cumplir con sus familiares, salir a festejar con los amigos.

9. Esperas hasta las 12 de la noche para cenar

En muchas casas es tradición esperar hasta que el intercambio de abrazos y buenos deseos navideños que desatan las 12 campanadas se desvanezca, para caer todos en pandilla sobre el banquete, ¡y qué banquete!

10. Tu banquete navideño incluye pavo, jamón o pernil, tamales, arroz con guandú…

El 24 de diciembre, desde temprano, el aire se impregna con el olor del jamón dorándose al horno, el aroma de los tamales, el clavito, el shhhhhhh del pavo consumiendo su jugo mientras se asa, el perfume del arroz con guandú y coco, el colorido de una buena ensalada de feria o una verde, ¡se me hace agua la boca!

11. Tras la comilona, siempre haces espacio para los placeres dulces, especialmente si son los tradicionales.

Puede haber múltiples postres adornando la mesa navideña, pero hay algunos que no fallan, como el acostumbrado dulce de frutas (con o sin licor), las bandejas con manzanas (que nadie se come) y las tan codiciadas uvas y fuentes con frutos secos enteros como nueces, avellanas o almendras. Una chicha de saril o un buen ron ponche casero completan la selección.

12. Pasas a visitar a los vecinos para desearles feliz Navidad (y siempre sales con un plato -o dos- de comida)

Después de felicitar a los nuestros y comer, la efusividad y alegría de la celebración suele trasladarse fuera de casa y llevarnos a dar una vuelta por la casa de los vecinos más apreciados, quienes nos reciben con un gran abrazo y en muchos casos, con un plato de comida «para llevar». Es que con tal banquete es normal que queramos regalar.

13. Asistes a la misa del gallo en familia

Esta es una tradición muy arraigada en Panamá y una acción que nos permite festejar el nacimiento de Jesús, el centro de esta celebración. Es una misa muy bonita y concurrida que se celebra en diversas iglesias del país. Y, para aquellos que no pueden asistir a esa hora, también están las misas de día, el propio 25.

14. Tus hijos hacen sus cartas al niño Dios o a Santa catálogo de juguetes en mano

Es un hecho que a los niños les encanta hacer su cartita pidiendo juguetes al niño Dios o a Santa y las grandes jugueterías aprovechan la situación regalando sus catálogos en centros educativos, con el periódico o si pasas por alguna de sus sucursales. En mis tiempos este catálogo era televisado y se llamaba El Circo Mágico de Félix.

15. Comes pavo y jamón desayuno, almuerzo y cena durante al menos una semana

Que si a la plancha en un emparedado, que si para acompañar la rosca del desayuno, que si los huesos para una buena sopa. Siempre sobra tanta comida que acabamos comiendo lo mismo día tras día hasta que nos hastiamos.

16. Ayudas a otros

Suena a cliché, pero cada vez se hace más tradición que en los trabajos o entre grupos de amigos o familiares se organicen actividades para llevar regalos y alegría a alguna comunidad pobre o a instituciones que apoyen a gente necesitada. Juguetes, piñatas y dulces para los niños, canastillas para embarazadas, comida y ropa para las familias, son algunas de las cosas que se entregan.