Crédito: Montecruz Foto

 

Traemos con nosotros la pasión por la comida callejera.

Como catadores distinguidos de las quecas de Doña Rosa y de los tacos El Paisa, los turistas mexicanos nos convertimos en clientes frecuentes de los negocios de salchichas y cerveza durante nuestra estancia en Alemania -pues escuchamos que eso era lo típico-, y no dudaremos en comer salchichas toooodos los días.


Las fotos nos delatan.

En cada rincón nos tomamos miles de fotos enseñando la bandera de México con la que cruzamos el Atlántico, específicamente para identificarnos como mexicanos y sacarnos fotos.

 

Y por si acaso la bandera no fuera suficiente, nos verás portando cualquier cosa que tenga la palabra «México».

Ya sea una bolsa, un monedero, un llaverito o un sombrero…También iremos coleccionando todo tipo de souvenirs con el nombre del lugar en donde estamos vacacionando. Por ejemplo, si llueve en Berlín, correremos a comprar un paraguas que diga «Berlín» y orgullosamente caminaremos por las calles llevando la bolsa que dice México y el paraguas que dice Berlín.

 

Escucharás que leemos en voz alta y con una extraña pronunciación todos los anuncios que nos encontramos por la calle.

Al terminar de leer moriremos de risa y diremos : «Qué pedo güey, ¿qué dice aquí?».

 

Nos vas a ver en todos los «restaurantes mexicanos» de Alemania.

Y aunque entendemos que el guacamole es muy distinto al que nos prepara nuestra mamá (aquí está lleno de curry y otras cosas por demás extrañas), igual lo disfrutamos porque es «¡guacamole en Alemania, güeeey!»

 

Con unas cuantas chelas nos sale lo social.

Intentamos hacer amigos alemanes levantando la cerveza y diciendo «¡Prost!» cada dos segundos, pero dudamos de nuestra pronunciación, pues nos damos cuenta que los alemanes no son tan fáciles de convencer.

 

Y ya entrados en calor y en confianza…

Pedimos tequila o mezcal y empezamos a dar clases de español a los alemanes diciendo ahora: «¡Viva México, cabrones!», «¡Salud!»


Portamos con orgullo la típica playera verde del Tri…

También vale pavonearse con la playera de nuestro equipo mexicano favorito. Siempre las usamos con orgullo para identificarnos entre los nuestros y con los alemanes más conocedores del fútbol mexicano.


Nos verás pegados al mapa del metro durante horas.

Antes de salir de vacaciones pensamos: “¿Qué tan difícil puede ser andar en metro?, seguro habrá letreritos en inglés o algo…”. Pero nos encontramos con la maravillosa sorpresa de que todo está en alemán y además una línea va por debajo de la tierra (U-Bahn) y otra por arriba (S-Bahn); así que no será extraño vernos analizando concienzudamente los mapas del metro. ¡Cualquier cosa antes que perderse por horas en Berlín!

 

Nos sale lo “mexicano” a la menor provocación…  

Una vez que encontramos la ruta adecuada y el metro abre las puertas, entramos velozmente golpeando a todos -cual señora con bolsas enormes en Pino Suárez- para hacernos de un lugarcito. Una vez adentro, le sonreímos a todos, pero pronto nos damos cuenta que ese despliegue de urgencia fue algo totalmente innecesario y que a nuestros compañeros de vagón no les causó la menor gracia…

 

Y ya superado el oso de la entrada…

Pronto llega un señor muy serio a decirnos algo ininteligible en alemán.

Mexicano: “Excuse me?, no hablo alemán…».
Polícia del metro: (suspira) «Your ticket please”.
Mexicano: «My ticket?, ¿cuál ticket? No había ninguna señorita que me vendiera el boleto y no había torniquetes así que me pasé así… Sorry, I didn’t know…».

Sí, es probable que nos encuentres discutiendo con la policía del metro (con una extraña mezcla de español e inglés) ya que no compramos nuestro boleto y, desafortunadamente, nos veremos obligados a pagar la dolorosa multa de 40 euros. ¡Ouch!

 

Siempre vamos a la segura.  

En los restaurantes, preferimos ordenar lo que entendemos antes de aventurarnos a pedir un platillo diferente en alemán. Consumimos marcas de refrescos conocidas y pedimos comida con términos universales como pizzas o hamburguesas.

 

Las canciones en español nos transforman en el alma de la fiesta.

Si en un bar ponen una rola en español, somos los primeros en levantarnos a cantar a todo pulmón, no importa si no es de algún artista mexicano -o que no nos sepamos la letra a la perfección-, con que esté en español está bien.

 

Y somos los primeros en incitar al bailongo.

Por supuesto, en cuanto ponen las guapachosas pa’ bailar, inmediatamente tomamos el control del lugar, bailando orgullosos en el centro de la pista, aplaudiendo y gritando «¡Eeh, eeh, eeeh!», mientras invitamos a todos a formar parte de la fiesta.

 

Tenemos muchísimos amigo alemanes.

Para nosotros, el alemán con el que platicamos tantito en la Puerta de Brandeburgo ya es nuestro carnal del alma. Aunque la plática no haya superado los dos minutos, eso no impide que nos tomemos la selfie juntos y que le pidamos el Facebook para etiquetarlo.


¡Nuestro escándalo es inconfundible!

Puedes estar en medio del peor bullicio cuando de pronto escuchas: «¡Güey, a huevo, estamos en el Oktober Fest!” Los mexicano reímos, gritamos y hablamos mucho, orgullosos de nuestro acento mexicano. Probablemente nos verás rodeados de gente de distintos países del mundo y no nos cansaremos de repetir: «¡Viva México, cabrones!