1. Meterte a bañar sin antes tener que prender el boiler.

2. Saber con exactitud a qué hora pasará el transporte público.

3. Esas persianas gordas y mágicas que te permiten dormir en oscuridad total ¡sin importar la hora del día!

4. Nunca quedarte sin agua y tener que gritar ¡la bomba, por favor! mientras se congela tu enjabonado cuerpazo.

5. Nunca tener que cargar esos pesados garrafones para tener agua ¡Gracias agua de la llave!

6. Hacer amistad instantánea con cuanto mexicano te topes. ¿Rico? ¿pobre? ¿luchón? ¿flojo? ¡no importa!

7. Revivir un sueño de cuando eras niño y… ¡batalla de bolas de nieve!

8. El delicioso pan (el salado, claro… nada le gana a nuestro pan dulce).

9. El sex-appeal que no tienes en México.

10. Dejarte llevar por tu sangre latina y parecer bailarín profesional de salsa, cumbia o cualquier ritmo latino.

11. Pasearte por las calles y admirar las casas igualitas a las de los cuentos, juguetes y caricaturas de tu infancia.

12. ¡Viajar en tren!

13. Las y los policías.

14. Que tu mal inglés, francés, italiano (o lo que sea) genere reacciones positivas. ¿Tú pensarías mal de un europeo anglosajón que no pronuncie perfectamente: Quiero mi quesadilla con huitlacoche?

15. Hablar con palabrotas en español que nunca dirías frente a tu santa madre y que no sean calificadas como “vulgaridades”, sino como “muestra de folklor mexicano”.

16. No tener que saludar/despedirte individualmente de todo el mundo.

17. La cerveza, la cerveza y la cerveza. Y si andas corto de lana… ¡el vino!