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18 cosas que aprendí de mi mamá mexicana

by Amanda Machado 9 May 2015

1. Nunca saques tus trapitos al sol.

Si hay algo que un niño mexicano jamás debe hacer es chismear sobre su familia. Así que este artículo es, probablemente, la última cosa que mi mamá quiere para el día de las madres. Ups… lo siento mami.

2. Tu gran temor en la vida debe ser “convertirte en un sinvergüenza”.

Un amigo mío bromeaba «los mexicanos gastan toda su vida tratando de evitar la vergüenza.» La frase «eres un sinvergüenza» -dicha por una madre mexicana- lastima tan profundamente que hará que todas tus decisiones se basen en la culpa. Combina esto con nuestro catolicismo de avanzada y entenderás porque una existencia libre de culpa para los hijos de madres mexicanas es sencillamente imposible.

3. Las señoritas siempre deben estar “bien arregladitas”.

Pasé gran parte de mi adolescencia tratando de escapar cuando mi madre me perseguía con la enchinadora, el gel, el perfume o cualquier cosa para que estuviera “decente”. Cada Navidad, mis regalos eran cosas que mi madre pensaba que yo no iba a comprar: botas de cuero, limas de uñas o un vestido adecuado.

Ella decía que todo esto era una cuestión de confianza: caminar en tacones, con el cabello arreglado, te podría hacer confiar y creer en ti misma. El pasado agosto, cuando me invitaron a hablar en una conferencia en Sudáfrica, tomé su consejo: me puse maquillaje, tacones negros y elegantes, y un vestido nuevo. ¿El resultado? Me ofrecieron un puesto de trabajo después de la presentación. Finalmente me di cuenta de que incluso yo conozco las ventajas de estar “bien arregladita” de vez en cuando.

4. Un adjetivo no es suficiente; siempre debes insultar en grupos de tres.

Cada vez que mi cuarto era un desastre: «cochina, fea, asquerosa.» Cada vez que salía de la casa en una camisa sin planchar: «que corriente, ordinaria, vulgar.»

5. El aburrimiento no existe.

¿Aburrido y atrapado dentro de la casa? ¡Pues ponte a limpiar!

6. Las personas con trabajo real no tienen tiempo para el chisme.

La primera vez que mi mami vio “Sex and the City”, duró sólo diez minutos antes de enojarse, y decir “¡estas mujeres no tienen qué hacer!”
Con tantos problemas reales en su vida, prestar atención a las preocupaciones sexuales de un montón de chicas de Manhattan vestidas por Manolo Blahnik no tiene el menor sentido.

7. ¿Qué es lo peor en lo que te puedes convertir? En un marihuano.

El tequila puede curar un resfriado y un whisky es perfecto para un dolor de estómago, pero no te atrevas a tocar a un churro de marihuana en una casa mexicana. ¿Qué no tienes abuela?

8. No esperes condescendencia ante las consecuencias de tus malas decisiones.

Su respuesta después de que me equivoco: «Ándale, bien hecho, por pendeja”.

9. Los malos hijos son los que se van de la casa en lugar de quedarse a cuidar a su madre.

En la versión mexicana de «Los Tres Cochinitos», los protagonistas no están construyendo casas, se la pasan soñando con situaciones que podrían cambiar sus circunstancias. Un cerdito sueña en construir un palacio y actuar como un rey; otro sueña en construir un velero para viajar por el mundo y dejar a su familia para siempre; pero el último cochinito -el más honrado y noble de los tres- sueña en dedicar su vida a construir una bonita casa para su pobre madre. ¿Mensajes subliminales antes de acostarse? Por supuesto.

10. Debes aprender el valor de hacer las cosas bien.

Como cualquier mujer mexicana hecha y derecha, mi mami prioriza en la calidad de las cosas. Todo vestido que ella hizo fue sensacional. Si un botón se descosió de un suéter, su costura fue exquisita. Si el patio necesitaba una lavada, lo fregaba hasta que todo el piso estaba radiante. Mi mami no puede entender la idea de hacer cosas a la mitad. Para ella, la única forma legítima de completar algo es hacerlo bien.

11. Pero eso no significa que no puedas improvisar un poco…

Tener cosas bonitas, no necesariamente implicaba que costaran mucho dinero. Mi mami hizo a mano la mayoría de los adornos de Navidad de nuestra familia. Ella cosía cada cortina y colchón que decoraba nuestras ventanas y camas. Para mi primera comunión, diseñó e hizo mi vestido, tomando como modelo el vestido de Audrey Hepburn en Funny Face; incluso hizo una cubierta para mi biblia con la tela sobrante. El vestido fue el éxito de la iglesia.

12. Al final del día, el “piojito” lo cura todo…

Mi mami me condicionó con esto, pero todavía duermo mucho mejor cuando alguien corre sus dedos por mi pelo a la hora de dormir. *Nota importante para mi futuro esposo*.

13. Pero también la comida mexicana tiene su encanto.

«Barriga llena, corazón contento».

14. Y la comida mexicana sólo necesita tres sencillos ingredientes.

Toda mi vida he admirado la comida de mi madre, ¿cómo es que en veinte minutos puede preparar un plato de picadillo, fajitas o papas con carne capaces de cambiar tu estado de ánimo, resolver una disputa y posiblemente crear la paz mundial? La fama de su comida fue tal, que los vecinos comenzaron a visitar nuestra casa a la hora de la cena con la esperanza de nos ser despedidos sin una invitación a compartir la mesa.

Pueden imaginar mi sorpresa -¡y alivio!- cuando a mis veintidós años, mi mami finalmente escribió todas sus famosas recetas en un libro que yo me podría llevar a la universidad. Descubrí que todas sus obras de arte en la cocina se reducían a tres cosas básicas: chile, salsa de tomate y comino. No hay necesidad de técnicas secretas, ni de libros de Julia Child, sólo ligeras variantes en los ingredientes que hacen de cualquier platillo una obra maestra.

15. No dejes que el racismo de otros afecte quién eres.

Como inmigrante a los Estados Unidos, mi mami nunca entendió las complicaciones raciales y las etiquetas comunes en los Estados Unidos. Ella no sabía si debía identificarse como latina o hispana o simplemente no hacerlo. Tampoco entendía la importancia de todo eso.

Pero durante su primer año de trabajo como profesora de español, los estudiantes a veces la llamaban “wetback” (mojada) o «sucia Mexicana». Yo estaba furiosa pero mi mami parecía indiferente. «No los dejes»… fue algo que ella siempre dijo en respuesta a este tipo de cosas. Sin ese recordatorio, tal vez no hubiera entendido que tenía una opción.

16. «Sí se puede» no es ninguna broma.

Mi mami vino a este país a los quince años sin saber inglés y se graduó con honores de la escuela secundaria haciendo su tarea cada noche con un diccionario. Después de criar a tres hijos, volvió a la universidad y obtuvo su bachillerato en literatura española a sus cuarenta y cinco. El año pasado, trabajando como una maestra de AP en Literatura Española, logró que el 80% de sus estudiantes aprobaran el examen. Su historia de vida es mi prueba definitiva de que el “sí se puede” es una realidad.

17. Cuando viajes, nunca subestimes el poder sagrado de una bendición, una vela encendida y una virgencita en tu mochila.

Cada vez que viajo, mi mami no me deja salir de la casa hasta que me da la bendición. Un día antes de viajar fuera de los Estados Unidos por la primera vez, mi mami me dio una pequeña estatuilla de la Virgen de Guadalupe para mantener dentro de mi mochila y me hizo prometerle que la guardaría como protección. Esa virgencita me ha acompañado durante seis años, en más de veinte países y en cinco continentes… y siempre he regresado con bien a casa.

Mi mami también me dijo que cuando decidí estudiar en el extranjero, ella fue a la iglesia católica más cercana, encendió una vela e hizo un trato con Dios: «Si ella regresa con su salud, te prometo que voy a llevarla conmigo a la Basílica de Nuestra Virgen de Guadalupe en la Ciudad de México, para encender una vela allí también.” Dos años después de mi regreso, hicimos la peregrinación juntas y ella mantuvo su palabra.

18. Al final del día, siempre hay formas sutiles de decir “Estoy orgullosa de lo que eres, incluso si eres diferente de lo que una hija mexicana tradicional debería ser”.

El día que iba a empezar mi año de mochilera, mi madre me dio un regalo: una bolsa para mi dinero, del tipo que pones debajo de tus pantalones para guardar tu efectivo o tu pasaporte. Fue cosida por ella, por supuesto, y hecha de la misma tela que la cuna donde dormía cuando era un bebé. Ella había guardado el tejido por más de veinte años, esperando el momento adecuado para utilizarlo. La bolsa vino con una nota «¡Desde tu nacimiento hasta tu viaje por el mundo!»

Y entonces supe que incluso si soy un mujer de veintisiete años, vagabunda, escribiendo artículos sobre “los trapitos sucios” de la familia para una revista de viajeros, ella todavía está orgulloso de mí, a su manera.

¡Feliz Día de las Madres, mami! Te quiero mucho.


Puedes leer este artículo en inglés haciendo clic aquí

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