1. El pulpo á feira

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Y la empanada, los pimientos de Padrón, las filloas, el caldo gallego… Si tuviese que hacer una lista completa de gastronomía que Galicia ha regalado al mundo, no acabaría nunca. El pulpo ha sido el escogido para el título por simple favoritismo (el mío), pero podríamos poner cualquier especialidad gallega de titular y seguiría siendo verdad. Claro que nadie ha sido traducido de forma tan graciosa como el octopus to the party. O sí. Cómo no olvidar aquella feira dos grelos traducida como «feria del clítoris» por Google Translate.

2. Los ebooks

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No agradezcas a Amazon ese Kindle que tienes entre las manos. Agradéceselo a Doña Angelita (Ángela Ruiz Robles), una señora que pasó casi toda su vida en Ferrol y que en 1949 inventó la Enciclopedia Mecánica, dispositivo precursor del ereader. Se trataba de un libro de texto que funcionaba con un sistema mecánico de aire a presión y al que se le añadían distintos carretes por cada asignatura. Permitía hacer zoom y su objetivo era reducir el peso de los libros en las mochilas de los niños.

3. Las islas Cíes


Nos encanta repetir que The Guardian llamó a la de Rodas la mejor playa del mundo en 2007, pero en realidad no descubrieron nada que no supiésemos ya todos los que hemos pisado las islas. Ya los romanos las llamaron las islas de los dioses —no está probado, pero nunca dejaremos que la verdad nos estropee una buena historia— y se rumorea que el propio Julio César descansó allí una temporada tras vencer a los herminios.

4. El futbolín

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Por mucho que digan los alemanes, el futbolín lo inventó el poeta e inventor Alexandre de Fisterra durante una estancia en un hospital de Montserrat tras ser herido en la Guerra Civil. Era una idea sencilla y cargada de buenas intenciones: los niños del hospital no podían jugar al fútbol, así que, inspirado en el tenis de mesa, inventó el fútbol de mesa. Y llegó a patentar el invento en 1937, pero perdió el papel que lo probaba cruzando los Pirineos a pie huyendo del franquismo.

5. Un destino al que peregrinar


Se dice que Santiago llegó al lugar al que ahora es uno de los destinos de peregrinación más importantes del mundo en barca de piedra. Tú no podrás llegar así —suponemos—, pero sí a pie, a caballo o en bici (o en coche, tren y avión, pero no tendrás certificado de haber realizado la peregrinación). No necesitas razones religiosas: puedes caminar por hacer deporte, para conocer gente, para conocerte a ti mismo, para demostrarte que puedes hacerlo. Y al llegar te encontrarás algo que Santiago no vio: una catedral impresionante, un casco histórico reconocido como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y tapas y vinos que te harán suspirar de felicidad.

6. Un Nobel


Se lo dieron a Camilo José Cela en 1989 por «la riqueza e intensidad de su prosa, que con refrenada compasión encarna una visión provocadora del desamparo de todo ser humano». Olvida toda la polémica imagen pública de Cela y sumérgete en La colmena.

7. Emilia Pardo Bazán

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No ganó un premio Nobel y ni siquiera es tan conocida internacionalmente, pero debería. Una de las precursoras del feminismo en España (y casi en el mundo, porque lo hizo a finales del XIX principios del XX), la autora coruñesa fue la primera mujer nombrada Presidenta de la Sección de Literatura del Ateneo de Madrid, la primera Consejera de Instrucción Pública, la primera catedrática de Literatura Contemporánea en Lenguas Neolatinas de la Universidad de Madrid… Lee su novela corta Insolación (Historia amorosa), basada en su affair con Benito Pérez Galdós y sorpréndete: publicada en 1889 fue un gran escándalo por su descripción reconocible del deseo femenino. También regalamos a Rosalía, claro, pero es tan evidente que ni necesita ser nombrada.

8. La Ribeira Sacra


El paisaje de los cañones del Sil es difícil de olvidar. Tan verde, tan lleno de viñedos en algunas zonas, tan plagado de iglesias y monasterios románicos olvidados. Sus miradores invitan a respirar hondo y absorber belleza. No te vayas sin probar su vino.

9. 20.000 leguas de viaje submarino y El viejo y el mar


Tanto Verne como Hemingway eran unos enamorados de Galicia. Aunque Verne escribió 20.000 leguas de viaje submarino antes de estar por aquí, en la novela se ve que el autor francés estaba bastante interesado y al día en todo lo que tenía que ver con la batalla de Rande y las inmersiones que había en la ría para encontrar los supuestos tesoros hundidos. Además de un gran capítulo llamado En la bahía de Vigo, en el libro se usan inventos que, en ese momento, solo se habían usado en estas inmersiones. Después estuvo en la ciudad olívica en dos ocasiones (llegó las dos veces por accidente) y tuvo la oportunidad de visitar San Simón y los escenarios de su novela.

¿Y Hemingway? El escritor pasó veranos en Santiago en la década de los 20, recomendaba Noia, pescó en el río Ulla y dejó por escrito que Vigo era una buena ciudad «para un macho». Escribió El viejo y el mar en Cuba años después, pero según varias fuentes se inspiró en sus aventuras con los pescadores gallegos de atún. En uno de esos veranos en Santiago corrigió Adiós a las armas.

10. La morriña


¿Cómo no íbamos a haber inventado la morriña? Galicia es un lugar del que es siempre difícil marcharse (¿vas a comer mejor en algún otro lugar? ¡claro que no!), pero también tierra de emigrantes. Abandonar el paraíso tiene eso: estés donde estés, lo echas de menos y sueñas con el día en el que vuelvas. Mientras eso no pasa, montas un bar o un restaurante que acerque ese paraíso al lugar en el que estás.

11. Bares y restaurantes en los que comer rico y barato


Un mundo con restaurantes Rías Baixas o bares Dépor es un mundo mejor. Los gallegos hemos llenado el mundo de pequeños oasis en los que dejar la morriña atrás (o salir con un ataque agudo al darse cuenta de que no, no estamos en Galicia) a base de cocido, marisco y banderas de nuestros equipos de fútbol.

12. Siniestro Total

Si alguna vez vais a Nueva York y os acercáis a ver por fuera el apartamento de Friends, comed en un sitio que se llama Moustache y que está al lado. El dueño es un colombiano que en cuanto digáis que sois gallegos exclamará: «¡Siniestro Total! ¡Soy el fan número uno!».

13. Bromas eternas sobre la droja y el Cola Cao

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El pobre José Tojeiro ya descansa en paz desde hace un par de años, pero su espíritu se mantiene vivo y es invocado cada vez que alguien quiere hacer un chiste sobre gallegos (también se recurre al personaje de Manquiña en Airbag, claro) o cada vez que un graciosillo se toma un Cola Cao. De nada, cuñados del mundo.

14. La Playa de las Catedrales

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¿Para qué ir a ver catedrales construidas por mano humana teniendo estas maravillas creadas por la naturaleza? Pasear por debajo de los arcos, subirse a las rocas, ver cómo sube la marea poco a poco (¡salir de ahí a tiempo!)… En verano y en Semana Santa hay que pedir autorización para visitarlas, pero mejor vete en temporada baja: no tienes que pedir nada y las tendrás para ti solo. Eso sí, consulta las mareas antes.

15. Martin Sheen (y familia)


En realidad es evidente solo con ver una foto suya: si viste El ala oeste de la Casa Blanca es posible que te encontraras pensando que ese presidente de Estados Unidos podía perfectamente ser de Ourense, con esa tez pálida y esas mejillas tendentes a la rosácea tan de aquí. No vas desencaminado: él nació en Dayton, Ohio, pero su padre era de Parderrubias, provincia de Pontevedra. Y su nombre real no es Martin Sheen, sino Ramón Antonio Gerardo Estévez Phelan (la mamá es irlandesa). Así se explica que uno de sus hijos se llame Emilio Estévez, ¿no?

16. Los acantilados más altos de la Europa continental (y el único río del continente que acaba en cascada)


Son los acantilados de Vixía Herbeira, al lado de San Andrés de Teixido (A Coruña), que se alzan 612 metros sobre el nivel del mar. Si haces ese viaje, puedes aprovechar para ver las rocas del cabo Ortegal, las cuartas más antiguas del mundo. Y, también en la provincia de A Coruña, puedes ver la única cascada de Europa que desemboca en el mar: se trata de la del Ézaro, la que forma el río Xallas en su desembocadura.

17. La primera boda entre dos personas del mismo sexo


¡En 1901! Elisa y Marcela se conocieron, se enamoraron y, tras ser separadas por una familia que veía esa amistad algo sospechosa, se reencontraron y pasaron por el altar. ¿Cómo? Con un pequeño truco: Elisa se convirtió en Mario, consiguió que el cura lo bautizara (nada como inventarse una infancia triste de padre ateo) y sellaron su amor. Luego hubo sospechas y acabaron por huir a Argentina.

18. El licor café


¿Elixir de los dioses o poción creada para exterminar al resto de la humanidad? El veredicto solo llega tras probarla y suele depender bastante de la cantidad que se tome.