Crédito: David Martín Suki

1. Habla cantadito, pero lo niega rotundamente…

Y empieza con que los chilangos y el español neutro y que la manga del muerto.

 

2. Toca el claxon como loco.

Porque -piensa que- todos manejan lento.

 

3. Se desespera en los restaurantes porque nadie le hace caso.

Aunque a lo mejor nadie le hace caso a propósito por ser un chilango desesperado.

 

4. Se asombra por la claridad del aire y se la pasa haciendo comentarios como “Ya hasta se me había olvidado de qué color era el cielo”.

Lo mismo aplica para las estrellas en la noche.

 

5. Se le hace temprano para llegar a sus destinos…

Y no sabe cómo reaccionar ante el tiempo libre que le genera la falta de tráfico.

 

6. Compara las distancias entre ciudades y poblados con sus traslados diarios entre la casa y el trabajo.

“¿Tres horas de aquí a la playa? ¡Lo mismo que de mi casa a la chamba!”

 

7. No entiende el funcionamiento -y desconfía severamente- de esos cruceros que indican “uno y uno”.

El atasque vial viene en la sangre.

 

8. Habla de la Ciudad de México como si fuera el centro cultural y económico del universo entero…  

¡Qué NYC ni qué nada!

 

9. Y presume de saber dónde conseguir cualquier cosa en su versión más barata…

“¿Cuánto dices que te costó tu teléfono? Yo tengo un compadre que tiene un puesto en Pericoapa que me vende uno igualito en…”

 

10. Cuando no encuentra lo que busca o algo le sale mal, siempre le echa la culpa al hecho de “estar en provincia”.

 

11. Siempre anda “presumiendo” el tráfico chilango.

¡Como si fuera un orgullo! Frases como “Seguro que esto se les hace un montón de tráfico” siempre salen a relucir en un coche chilango en un semáforo de provincia.  

 

12. Aunque no se sepa los pasos, se para a bailar.

 

13. Pregunta si las quesadillas vienen con queso.

 

14. Sufre de bullying constante por andar haciendo preguntas ridículas como la anterior.

 

15. Se pone la playera del América todos los domingos…

Aunque sea debajo de otra playera, cuando se siente en territorio muy hostil.

 

16. Hace comentarios a diestra y siniestra sobre lo bien que se respira en provincia.

Hasta considera aprovechar la oportunidad para salir a correr.

 

17. Tiene un look playero inconfundible…

Esa camiseta blanca que deja relucir su atlética figura al salir del mar, parece ser una de las prendas esenciales en muchas maletas chilangas.  

 

18. Y anda para todos lados de gafa oscura.

¡Aunque esté nublado!

 

19. Compara cualquier puesto de tacos con los famosos tacos al pastor de su colonia.   

Aunque eventualmente le agarrará el gusto a la garnacha local.

 

20. Defiende la torta de tamal como si fuera la piedra angular de la nutrición mexicana.

 

21. Se saca de onda cuando le traen puras tortillas de harina.

 

22. Le da codo pagar el camión y se queja de lo caro que es el transporte público…

Este es uno de los únicos momentos en que el chilango no habla pestes sobre el transporte público de la ciudad.

 

23. Y opta por tomar taxi para ir a cualquier lado.

¡Porque qué barato es!  

 

24. Busca lugares exóticos para comer las delicias locales y poder llegar a presumirlo con sus paisanos.

 

25. Usa un montón de palabras extrañas para decir nada en absoluto.

Maneja -lo que viene siendo- el cantinfleo en niveles que no viera usted.

 

26. Pero después de unos cuantos días, siente la necesidad de volver al ajetreo.

Nos podemos quejar todo lo posible del tráfico, el smog y el caos citadino, pero al final, ¡no cambiamos la ciudad por nada!