1. Se pregunta por qué todo el mundo habla tan alto

¿Es necesario gritar? Lo es cuando todo el mundo en la cafetería lo está haciendo y quieres que la gente con la que estás oiga lo que dices. O cuando la tele del bar está a tope aunque nadie le haga caso. O cuando las cafeterías parecen diseñadas para provocar el mayor eco posible. O cuando todo el mundo grita y tú simplemente quieres adaptarte. Y no, un viaje en transporte público no supondrá un rato de tranquilidad.

2. Su madre le prepara una tortilla de patatas

Porque ¿qué es lo que más has echado de menos? Sin duda alguna, la comida de mamá, la tortilla en general y, sobre todo, la de su madre. Nada nos hace sentirnos más en casa.

3. Tiene hambre antes de tiempo

A partir de las 12 se zamparía ya una buena comida, pero se ve obligado a aguantar con la tostada que se ha tomado en el café de las 11 hasta las 2 o las 3. Y luego está el tema de la cena: quedar con tus amigos para cenar a las 10 te parece una tortura e irte a la cama sin hacer la digestión algo poco inteligente.

4. Se desespera al tener que hacer tanto tiempo para salir a bailar

Vale, por eso has quedado tan tarde para cenar, para conseguir que las 2 de la mañana, hora a la que es aceptable presentarse en una discoteca, lleguen antes. Tú intentas introducir en España el revolucionario concepto de salir pronto, volver pronto y estar vivo al día siguiente, pero tus amigos se ríen y te tachan de guiri.

5. Si ha estado en Europa, se le hace raro ir al súper después de las 7 de la tarde

Pero, pero, pero ¿no está cerrado? ¿por qué está abierto? ¿a quién se le ocurre ir a hacer la compra tan tarde?

6. Todo le parece barato

Depende de dónde hayas estado, claro, pero si tu último destino fue la Europa no portuguesa o Estados Unidos (entre otros muchos) creerás que has oído mal al camarero cuando te diga que tu café con leche cuesta poco más de un euro.

7. Se siente a punto de llorar ante la primera tapa gratis

¡Y con el café te dieron un trozo de bizcocho o un pincho de tortilla! No te cortes, el momento bien merece una foto de emoción para Instagram.

8. Espera que el transporte público cumpla los horarios

«Hay un bus dentro de 3 minutos», dirás a tus amigos. Tus amigos se reirán.

9. Se enfada cuando entra en un comercio y tardan en atenderle porque los dependientes están charlando entre ellos

Ya está, no pasa nada. Coge aire, respira hondo. Alégrate por el buen ambiente de trabajo. Da una vuelta por la tienda. Si el problema es que has pedido la cuenta en un bar o restaurante y no te la traen, levántate y haz amago de recoger. Aparecerán corriendo. (Y si siguen sin hacerte caso márchate sin pagar. ¡Se lo merecen!)

10. Le sorprende entender tan bien todas las conversaciones

«¡Españoles!» piensas al principio, con una mezcla de emoción (si reconoces el acento de tu región) y desprecio porque, maldita sea, entiendes lo que dicen y no puedes evitar juzgar. A la sexta vez (es decir, en cinco minutos) dejarás de sorprenderte, pero lo de espiar lo que dicen tus vecinos de mesa porque te hace ilusión entender tan bien tardarás en superarlo.

11. Dice cosas que no debería con demasiada libertad y volumen

Solo si vienes de un país no hispanoparlante, claro. Aquí todo el mundo te entiende, así que es mejor disimular un poco antes de decir que el camarero es un borde o que sospechas que te ha escupido en la comida. Si no lo había hecho, le has dado una razón para hacerlo.

12. Dice los tacos en su idioma de adopción durante un par de semanas

Es la primera señal de adaptación a un nuevo país: no hablas bien el idioma, pero ya exclamas «shit!», «Scheiße!» o «merde!» como un auténtico nativo. No te habrás reintegrado de verdad en casa hasta que te salga un «¡mierda!», «¡joder!» o «¡coño!» genuino.

13. Se descalza al entrar en cualquier casa (y le miran raro)

Pero esto no es lo peor. Lo peor es ver a tus amigos entrar en tu casa y pisotearlo todo con sus zapatos de la calle sin poder decirles nada.

14. Ya nadie le pregunta por Cataluña, pero a cambio la tiene todos los días en las noticias

Creías que por fin podrías descansar de tener que explicarle a todo el mundo el tema catalán —desde tu perspectiva, sea la que sea, y sin que te contradigan porque eres el experto, que siempre es una ventaja—. Y, sí, de eso descansas, pero ahora toca que te lo expliquen a ti todos los días en el informativo. ¿Por qué no nos hablan de Teruel?

15. Llega pronto a todas partes

No, no llega pronto. Llega puntual. Es solo que el resto de la gente con la que has quedado llega tarde y ni siquiera siente que sea necesario avisar.

16. Se le cuelan

Debes desaprender todo lo que habías aprendido sobre colas y turnos de llegada. Aquí existen, pero a medias. Si no bloqueas a esa señora se te colará sin dudarlo y serás detectado como agujero de vulnerabilidad por otras personas que esperan y se aprovecharán. Si no hay números, nunca te fíes. Céntrate en tu objetivo, hacer contacto visual con el dependiente o camarero y olvídate del resto.

17. Duerme la siesta

Da igual que nunca lo hayas hecho en tu vida. Llevas una hora mirando como un tonto las persianas de casa y quieres aprovecharlas bien.

18. Se le hace raro dar dos besos a las personas que acaba de conocer

Tu necesidad de espacio personal ha aumentado considerablemente desde que has estado fuera y ahora quieres extender la mano, hacerte pasar por extranjero, que esa persona a la que no conoces de nada (¡tu nuevo jefe!) no se acerque a ti.

19. Se pasa el día en la calle. Y le encanta no hacerlo solo.

Tendrás uno de esos días en los que quedas para el vermú, enganchas con comida, tomas el café en una terraza, charlas y paseas hasta la hora de la cena y vuelves a casa a las 4 de la mañana cansado y feliz.