Foto: Chris Platsikoudis

1.

Buscar una manera de obtener gofio – supermercado español, servicios de mensajería, productos equivalentes, impresoras 3D… Todo vale.

2.

Quejarnos del mal tiempo en nuestro país de acogida para solidarizarnos con los paisanos mientras pensamos que aún tenemos que poner el bañador en la maleta para ir a casa por Navidad.

3.

Ofendernos cuando nadie cree que uno pueda haber nacido/crecido/estudiado en una isla canaria, como si fueran solo destinos de Ryanair.

4.

Vestir de amarillo, que nos queda mejor que a nadie.

5.

Escuchar un acento canario por la calle y girarnos con una sonrisa de oreja a oreja.

6.

Considerar todos los plátanos una vergüenza y buscarlos pequeñitos y moteados (sin éxito).

7.

Mostrarle a todo el mundo con orgullo una de esas fotos de la NASA donde se ve el archipiélago desde las alturas, en todo su esplendor.

8.

Enseñar nuestro léxico florido y variado hasta que nuestros vecinos acaben diciendo chacho, guagua, machango y calufa.

9.

Pasarlo pipa cuando nadie es capaz de identificar nuestra manera de hablar y acercan la oreja pero sin animarse a preguntar.

10.

Arreglárnoslas para combinar potaje y queso, aunque se trate de una triste crema de verduras y un trozo de cheddar miserable, y la combinación deje a más de uno algo confuso. Después les podemos hablar del potaje de lentejas y del queso de Valsequillo, con una lagrimilla en el ojo.

11.

Felicitar al personal el 30 de mayo, estemos donde estemos, machacando el icono de la bandera canaria en Whatsapp y, si se puede celebrar con una Tropical o una ambrosía Tirma, mejor todavía.

12.

Ir al jardín botánico de turno y emocionarse al ver un tajinaste, un verol o una tabaiba.

13.

Reaccionar mal (o peor) cuando algún inocente te pregunta por qué hablas mal el español, ya que no dices cerveza sino serbesa. Puedes comentarle al nota que casi 50 millones de personas dicen “cerveza” y unos 400 millones dicen “serbesa”. O también puedes reírte y tirarle una serbesa a la cara. O puedes respirar hondo, enseñarle la diferencia e invitarlo a una.

14.

Defender a muerte el aplatanamiento cuando toca. La vida en muchos países europeos se presta a la velocidad y la prisa y a veces es inevitable adaptarse a ese ritmo. Eso sí, cuando es momento de aplatanarse, ahí estamos, ¡aplatanados y orgullosos!

15.

Buscar el mar, añorar el mar, soñar el mar, cantarle al mar…

16.

Hablar con un desconocido y convertirlo en amigo del alma en el espacio de una hora.

17.

Convertirnos en expertos en lo que se refiere a vuelos de bajo coste a Canarias. Bares, cafés, foros, grupos, comunidades… cualquier lugar real o virtual es bueno para intercambiar sugerencias, precios y descuentos (¡luego nos volveremos a encontrar todos en el mismo avión de Ryanair o Norwegian!).

18.

Ponernos capas y más capas de ropa, mientras a nuestro alrededor todo el mundo se las va quitando (o mirar fijamente, con una mezcla de terror y pena, al europeo que va en bermudas y cholas cuando nosotros todavía llevamos el abrigo y la bufanda).

19.

Darnos cuenta de que venimos de un paraje paradisíaco. Estando en casa muchas veces ni prestamos atención, pero ese día, frío, gris y lluvioso, en la estación de metro abarrotada, solo queremos estar en una cala, en una playita, en un roque, bajo el sol o bajo las estrellas, escuchando el rumor de las olas y comiendo un bocata de queso tierno o pata.