Foto: tangi bertin

1.

El diccionario de la RAE tiene 88.000 palabras, 150.000 en el Diccionario histórico. No vuelvas a decir que el inglés es simplón y sencillo: en el Oxford hay 350.000 palabras.

2.

La palabra más larga del español es “ciclopentanoperhidrofenantreno”, con 30 letras. Es un hidrocarburo policíclico que no encontrarás en el diccionario de la RAE. Ahí el máximo lo tiene electroencefalografista, con 23 letras.

3.

Si estas palabras tan largas y complicadas de pronunciar te dan miedo, es que sufres de hipopotomonstrosesquipedaliofobia.

4.

Muchas palabras que usamos ahora con un significado querían decir algo muy distinto hace unos siglos. Es el caso, por ejemplo, de “álgido” (significaba “algo muy frío”), “sofisticado” (“falsificado”, “adulterado”), “enervar” (“debilitar”), “nimio” (“excesivo”) o “lívido” (“amoratado”).

5.

Todos sabemos que el español ha tomado muchas palabras prestadas del árabe, pero quizá no seamos conscientes de que invocamos a Alá con bastante frecuencia: cada vez que decimos “ojalá” y con el que creíamos tan español “¡Olé!”. Cómo no imaginarse a alguien celebrando la Reconquista a golpe de “olé” y a los en teoría derrotados musulmanes riéndose al otro lado del estrecho…

6.

Las letras más usadas son, por orden, la e, la a, la o, la ele y la ese.

7.

En cuanto a las palabras, “de” es la que con más frecuencia se repite, según la RAE. El primer sustantivo común es “años”, que aparece en la posición 47.

8.

¿Cuáles son nuestras preocupaciones además de los años? Entre las 100 palabras más usadas del español se encuentran “tiempo”, “vida” y “gobierno”.

9.

Más curiosidades sobre frecuencia de palabras: usamos más “feliz” (posición 1563) que “triste” (posición 2147), y mucho más “amor” (posición 372) que “sexo” (1687). Eso sí, “guerra” (posición 228) es más frecuente que “paz” (posición 447). Y que “amor”, claro. Que la frecuencia de “persona” (posición 357) y “político” (posición 356) sea tan similar no sabemos bien qué significa.

10.

“Ecuatorianos” y “aeronáuticos” tienen las mismas letras, pero en distinto orden.

11.

La palabra “coco” para referirse al fruto de las palmeras viene del temido Coco con el que nos amenazaban de pequeños. Esta amenaza tiene su origen en Portugal, y el coco era un fantasma con una calabaza vacía de cabeza. Al llegar a tierras de palmeras, los marineros portugueses nombraron “cocos” a los frutos porque les recordaban al fantasma.

12.

La expresión “Alta Edad Media” es en realidad un error de traducción desde el alemán “Altes Mittelalter” (“Antigua”, que no “Alta”, Edad Media).

13.

Hay palabras que desaparecen, otras que llegan, y palabras que se fueron de viaje un tiempo y volvieron a ser usadas siglos después. Es el caso, por ejemplo, de “bazar” (su primer uso está registrado en 1555 y no reaparece hasta el siglo XIX), “encuesta” (entró en el español en el siglo XII, cayó en desuso hasta principios del siglo XX), “mundial” (desde 1440 en el español, palabra calificada como “anticuada” por el Diccionario de Autoridades y que no se popularizó hasta la Primera Guerra Mundial), o “conservar” (desaparecida durante el siglo XIV).

14.

“Ironía” esconde en su etimología la explicación de lo que significa. Viene del griego εἰρωνεία, “yo pregunto”, que significaba “disimulo” o “preguntar fingiendo ignorancia”.

15.

“Cinco” tiene cinco letras, el único caso en el que se da esta coincidencia. En inglés pasa con el cuatro (“four”).

16.

Hay muchas palabras que nunca relacionarías que en realidad parten de una etimología común. Es el caso de “cachondo” y “cachorro” (ambas proceden del latín catulus, “cachorro” -no sabemos bien cómo se llegó a “cachondo”); “caspa” y “gazpacho” (la etimología no está clara, pero “gazpacho” podría estar relacionado con el derivado de “caspa” “caspicias”, que significa “restos”; también se relaciona a ambos vocablos si pensamos en “caspa” con el significado de “pedacito de pan”); «considerar» y «sideral» (las dos parten del latín sidas (“constelación” o “estrella”), y considerare significaba “examinar los astros”, de donde se pasó a “examinar atentamente”); o «miope» y «piropo» (vienen del griego ωπος (ojos); “miope” significaba literalmente “cerrar los ojos” y piropo “fuego en los ojos”).

17.

Más etimologías curiosas y hermosas: “cantimplora” viene del catalán canta i plora (“canta y llora”) y hace referencia al sonido del líquido en la cantimplora al caminar; puede que el “chotis” sea la quintaesencia madrileña, pero la palabra viene del alemán Schottisch (“escocés”), que era un baile que popularizaron los escoceses en Viena; “bigote” se cree que viene del alemán bei Gott! (“¡por Dios!”), que decían los soldados bajosajones en el siglo XV al beber cerveZa y que los españoles relacionaron con sus bigotes.

18.

La letra “eñe” era al principio una simple abreviación: cuando había dos enes seguidas, como en “anno”, se ponía una ene encima de otra (la de arriba pequeña). Con el tiempo esa ene pequeña evolucionó en el símbolo que usamos hoy.

19.

Un “pangrama” es un texto en el que están todas las letras del alfabeto. Un ejemplo autorreferente (habla sobre la propia frase) es “Este pangrama tiene dieciséis a, una b, quince c, once d, dieciocho e, una f, dos g, dos h, trece i, una j, una k, una l, dos m, dieciséis n, una ñ, catorce o, dos p, dos q, cinco r, catorce s, seis t, doce u, una v, una w, una x, dos y y una z.” (Premio para quien se ponga a contar para comprobarlo).

* Fuentes: Curiosidario, la RAE, El Confidencial y el «Breve Diccionario Etimológico de la Lengua Castellana» de Joan Corominas.