1. Espejarse

Todavía lo hacemos, por lo que no está muy claro por qué ya no usamos la palabra: espejarse es un vocablo transparente que significa simplemente “mirarse al espejo”. En el Diccionario de Autoridades aparece también otra acepción bastante fácil de entender: espejarse en alguien es admirar las cualidades de otro. O, como dice la RAE, “se decía del que tenía mucho amor y se complacía en las gracias o virtudes de otro”.

2. Rusticar

No vuelvas a decir que te vas a relajar pasando un día en el campo o que vas a huir de la gran ciudad y mudarte a la campiña. A partir de ahora, di que vas a rusticar. Si alguien duda de la existencia de esa palabra, vete a la RAE sin miedo. ¡Ni siquiera dice que sea un término obsoleto!

3. Flinflón

Los guiris del siglo XVIII. Según el Diccionario de Autoridades, un flinflón es un “hombre de presencia abultada, fresco de cara, y rubio, como Alemán o otra Nación del Norte”. El término es claramente onomatopéyico y viene del “sonido fuerte y fiolento de su pronunciación”. Así es como nos sonó siempre el alemán.

4. Himeneo

Ir a una boda es algo demasiado común, mejor di que este verano tienes muchos himeneos y que estás un poco agobiado. Himeneo (o Himen) era el dios griego de las bodas, inspirador de fiestas y canciones (para algo era hijo de Dioniso y Afrodita), y presente siempre en las ceremonias. Si Himeneo no va a tu himeneo es que el matrimonio va a ser un desastre.

5. Pelafustán

Esta lista podría estar compuesta únicamente por insultos de esos que deberíamos recuperar, palabras que el capitán Haddock amaría (y que quizá haya usado en algún momento). No mucha gente utiliza el término “pelagatos” a estas alturas, pero uno de sus sinónimos, “pelafustán”, está aún más olvidado. Según el Diccionario de Autoridades, “holgazán, perdido y pobretón, o que no sirve en la República”.

6. Ratonarse

Aunque según la RAE esto se utiliza solo para hablar de gatos que se ponen enfermos por comer demasiados ratones, desde aquí propongo empezar a usar el término también para humanos. “No, prefiero no cenar, estoy todavía ratonado de la comida familiar de hace unas horas”.

7. Adamar

Una palabra tan bonita que en la RAE no se resisten a dejarla marchar. Aunque ya en el Diccionario de Autoridades decían que era voz de “poco o ningún uso”, el vocablo sigue apareciendo en el diccionario. Su acepción más antigua es “amar con pasión y vehemencia”, aunque también es sinónimo de cortejar. La próxima vez que te enamores puedes también decir que te has adamado.

8. Juzgamundos

¿Quién no ha conocido nunca a un juzgamundos? El Diccionario de Autoridades dice que es “el murmurador o censor de las acciones de todos” y en el DRAE todavía aparece como “persona murmuradora”. Ya sabes, la próxima vez que veas a alguien quejándose entre dientes, dile que deje de ser un juzgamundos.

9. Fililí

“Delicadeza, sutileza o primor de alguna cosa”, dice el Diccionario de Autoridades, acepción que sigue intacta en el DRAE. Eso sí, ahora también es una persona débil y flaca, así que ten cuidado cuando quieras piropear a alguien diciéndole que está de fililí.

10. Estajanovista

Stajanov fue un minero soviético de la primera mitad del siglo XX que logró batir el récord de extracción del carbón. En tu próxima entrevista de trabajo puedes definirte así: eres mucho más que un gran trabajador, eres estajanovista. ¡Trabajas mucho y de forma muy productiva!

11. Ceñar

“Creo que no se lo pasó bien, estuvo ceñando toda la noche”. O, lo que es lo mismo, estuvo “haciendo señas de desagrado poniendo ceño”. El Diccionario de Autoridades ya decía que era una voz de muy raro uso, pero ¿por qué no recuperarla? Es una palabra perfecta también por temas de economía lingüística: ¿por qué fruncir el ceño pudiendo limitarse a ceñar?

12. Pasagonzalo

Una colleja por el otro lado (y posiblemente mucho más dolorosa). Un pasagonzalo es, dice la RAE, un “golpe pequeño dado con la mano y, particularmente, en las narices”. El pobre Gonzalo que dio nombre al término debió de tener una vida muy dura.

13. Desantañarse

Palabra fantástica que en el Diccionario de Autoridades definían como “quitarse los años disimulándolos, y ocultarlos”. ¿Quién no se ha desantañado nunca? Normalmente se consigue tras un buen rato dedicándose a la acción de espejarse, maquillaje o cremas en mano.

14. Incontinenti

No, no tiene nada que ver con la incontinencia de ningún tipo. “In continenti” significa literalmente “en seguida”. “¿Cuándo tendrás eso que te he pedido?” “¡Incontinenti!”.

15. Rompegalas

El típico que llega a una cena elegante hecho un desastre, ese al que todo el mundo mira por atreverse a no arreglarse y acabar rompiendo la gala. Claro que no hay que estar en una cena de postín para ser un rompegalas, según la RAE es cualquier “persona desaliñada y mal vestida”. ¡La elegancia por encima de todo!

16. Cordojo

Por qué en el siglo XVIII ya habían dejado de hablar de los cordojos es algo que nunca entenderé, ¡es algo que siempre ha existido y siempre existirá! Esta voz que el Diccionario de Autoridades ya tachaba de anticuada se refiere al “cuidado, aflicción y pena que procede del corazón”. La RAE todavía lo recoge, ¡hagamos que no lo borre nunca!

17. Gaznápiro

Todos sabemos que los insultos esdrújulos son siempre mejores. Un gaznápiro es, dice la RAE, alguien “palurdo, simplón, torpe, que se queda embobado con cualquier cosa”.

18. Celícola

¿Por qué hablamos tanto de los terrícolas y tan poco de los celícolas? Son nuestros vecinos los habitantes del cielo, y la palabra sigue registrada en la RAE, donde ni siquiera se dice que sea antigua o esté en desuso. En el Diccionario de Autoridades puntualizan que se trata de una “voz poética”, algo que nunca habíamos dudado.

19. Zangolotear

Todavía hay gente que utiliza esta palabra, pero son cada vez menos. ¡Apoyemos al zangoloteo para salvarlo de la extinción! Zangolotear es mover algo de forma continua y violenta, pero también se puede decir de una persona que se mueve de un lado a otro “sin concierto ni propósito”. Estas personas, claro, son zangolotinas.

Fuentes: Reserva de palabras, Curiosidiario y el fascinante Diccionario de Autoridades.

Crédito de la foto de portada: Jakob Renpening