Foto: Mario Gonzalez

1. A que nos confundan con un sevillano.

Es salir de Andalucía y todo el mundo reconoce el acento andaluz. Pero cuando nos dicen que si somos de Sevilla… ¡No! ¡En Málaga decir miarma está prohibido!

2. A la lluvia.

En Málaga llueve –de media -tres días al mes, pero son los más temidos por todos: la ciudad se vuelve un caos, puedes pasar horas en un atasco, las alcantarillas no sirven de nada y pierdes el paraguas: como no lo usas nunca, siempre lo dejas olvidado.

3. Al frío.

Los malagueños creemos que el frío es cuando el termómetro baja de los diez grados. Eso apenas ocurre, pero cuando lo hace… ¡que traigan mantas y nórdicos! ¡Que la ciudad se congela!

4. Al terral.

El calor es soportable, pero el terral no. Dura tres, cinco o siete días, que se convierten en un infierno en el que no se para de sudar y el ambiente se carga de una manera casi sobrenatural.

5. A que se acaben las sardinas.

Es pensar en barcas varadas en la playa donde no hay espetos de sardinas al calor del fuego y que un escalofrío te recorra el cuerpo. ¿Te imaginas?

6. Al árbitro escocés Craig Thomson.

Hay quien aún tiene pesadillas con cuatro jugadores de amarillo en fuera de juego eliminando al Málaga de la Champions.

7. A Platini.

Por extensión, toda la culpa de lo que le pasa al Málaga es de Platini, que para eso es francés.

8. A una invasión marítima.

Cualquier día, esas miles de personas que llegan en cruceros turísticos se van a querer quedar en Málaga… Y ya ves tú, ¡si aquí no se habla inglés!

9. A las huelgas de Limasa.

La basura es un tema capital en Málaga y las huelgas son cíclicas: vuelven una y otra vez. Pero se les sigue teniendo miedo: los desperdicios se amontonan en las calles y quizá un día tengan vida propia ¡y acaben con todos!

10. A quedarnos pegados al suelo durante la Feria.

Este miedo se corresponde con quien no va a la Feria, pero vive en el centro o debe pasar por él cuando la ciudad vive su fiesta mayor: jamás fue tan complicado separar la suela de tus zapatos del suelo de calle Larios. ¡La mezcla de alcohol, suciedad y sudor es más resistente que el superglú!

11. A los cambios.

Cada modificación de la ciudad es un trauma. Que si la peatonalización del centro, que si el Puerto, que si el Metro… Es mejor pasar años de debates y discusiones absurdas, que mientras tanto todo sigue igual.

12. A las terrazas.

Las terrazas de los bares van camino de conquistar la ciudad. Un día habrá que pedir permiso a los hosteleros para poder circular por las calles sin consumir en sus bares y restaurantes.

13. A todo lo que se mueve en el mar.

Un par de plagas de medusas y las fotos de bañistas sacándolas a cubos se han quedado fijadas en la mente colectiva. Por eso, antes de meternos en el agua la radiografiamos para ver si algo se mueve por ahí. Aunque sirve de poco: el mar transparente, transparente… no es.

14. A que cierre algún museo.

El CAC, el Pompidou, El Thyssen, el Picasso, el Ruso… Se han abierto tantos que si cierra alguno significará el fin de la cultura mundial. O algo así.

15. A no tener acreditación.

Pasear por el centro de Málaga sin la acreditación correspondiente durante el Festival de Cine… ¡Nooooooooo!

16. A que Ansley vuelva a fallar un triple.

Por muchos homenajes, por muchos años que hayan pasado, por muchos éxitos… Aún hay quien se despierta en plena madrugada viendo el balón rebotar en el aro.

17. A las cucarachas.

Unas entran por la puerta, otras llegan volando por la ventana, otras aparecen, así, sin más. ¡Y ahora a ver quién las echa de casa!

18. A que los guiris descubran que Picasso apenas pasó por Málaga.

La Casa Natal, el sitio donde se dice estudió, el sitio donde se dice que pintó una paloma, el sitio donde se dice aprendió tal o cual cosa… Hay un mundo turístico alrededor de Picasso, aunque apenas vivió nueve años en Málaga. ¡Que nadie se entere!