Acaba el año y, si eres de los que creen que la década acaba cuando cambia la tercera cifra (yo soy de las que defienden que el cambio no tendrá lugar hasta dentro de un año), acaba también una década… ¡y empieza la siguiente! Esta podría ser una lista de ciudades europeas que visitar en 2020, pero es mucho más realista y sostenible y agradable repartir las visitas durante los próximos 10 años. Ya conoces las capitales y los principales destinos turísticos. Estas ciudades para visitar en la década de los 20 te darán más.

1. Burdeos (Francia)


La imagen más famosa de Burdeos es la del Espejo de Agua (Miroir d’eau), una explanada con agua frente a la plaza de la Bolsa donde se reflejan los edificios del siglo XVIII de la plaza. Pero incluso si te pasa como me pasó a mí, que diluviaba y no había ningún reflejo, Burdeos es una ciudad preciosa que te tendrá mirando hacia arriba todo el rato. Su centro histórico es patrimonio de la humanidad y, sí, es también un buen lugar en el que hacer enoturismo. Si puedes, vale la pena ir a ver una película a Utopia, un cine localizado en una antigua iglesia.

2. Durham (Reino Unido)


Esta pequeña ciudad universitaria (65.000 habitantes) del norte de Inglaterra hará las delicias de todos los fans de Harry Potter. Si ya has visitado la plataforma 9 ¾ en Londres y montado el tren Jacobite en Escocia y solo echas en falta un poco de vida de Hogwarts, recorre la catedral de Durham: allí encontrarás muchos lugares que te sonarán de las películas. Tanto la catedral como el castillo son patrimonio de la Unesco, y toda la ciudad una maravilla histórica de callejuelas con adoquines y tiendecitas y cafés. Con su río, todo el paisaje verde que la rodea y su ambiente universitario, es uno de esos rincones poco turísticos que te encantará descubrir.

3. La Haya (Países Bajos)


Conocida internacionalmente por su tribunal (son en realidad varios tribunales internacionales), muchas veces el atractivo turístico de la ciudad queda relegado a un segundo plano. Es, como casi siempre, un error. Te darás cuenta en cuanto te encuentres delante del Binnenhof, un complejo de edificios en el centro histórico de la ciudad donde se encuentra el Parlamento. O cuando veas, allí mismo, el Hofvijver, “Lago de la Corte”. O descubriendo la arquitectura clásica holandesa de plaza en plaza. O cruzando sus canales. O en el parque en miniatura de Madurodam. O en sus museos y galerías de arte. ¿Hace falta más?

4. Bolonia (Italia)


Bolonia es un respiro de tranquilidad si vienes de cualquiera de las ciudades hiperturísticas italianas (Venecia, Florencia…). No es que no haya movimiento —lo hay y mucho, hay estudiantes y hay turistas—; lo que no hay son agobios. Es una ciudad amurallada en la que sentirás que hay espacio. Bajo sus numerosísimos soportales, en sus amplias piazzas, dentro de sus palazzos… Mira hacia arriba para contemplar cómo sus dos torres del siglo XII se encuentran con el cielo, toma un café en la plaza Mayor rodeada de palazzos y presidida por la basílica de San Petronio. Y come, que en Italia es siempre buena idea y en Bolonia más. Yo comí allí los mejores tortelloni de mi vida.

5. Luxemburgo (Luxemburgo)

La ciudad no llega a los 120.000 habitantes. El país tiene solo 602.000. Esto no es solo una curiosidad, sino que de verdad lo impregna todo: pertenecer a un Estado tan pequeño se cuela en el espíritu y la personalidad de la gente, algo que notarás al poco de estar allí. La capital, además, es la clásica ciudad centroeuropea que parece salida de un cuento: situada en una colina, está llena de desniveles, lo que tiene como ventaja que hay rincones y calles con unas vistas magníficas (como el llamado “mejor balcón de Europa”). Su casco histórico es patrimonio de la humanidad y, al estar entre ríos, tiene muchísimos puentes. Hay también una maravilla subterránea: las casamatas, uno de los complejos de galerías militares más largos del mundo. ¡23 km de túneles excavados en roca!

6. Galway (Irlanda)


Galway es una ciudad en la que los pubs están pintados de colores, por si te daba miedo que Irlanda fuera tan gris como lo son muchas veces sus cielos. En esos pubs encontrarás cerveza y música en directo y mucha diversión. Será Ciudad Europea de la Cultura en 2020, algo que no solo se notará ese año: la distinción suele conllevar la apertura de nuevos atractivos culturales que se mantienen en el futuro. Es además una de las ciudades más bonitas de Irlanda, lo que llenará tu cámara de fotos dignas de Instagram. Si te gusta el marisco, entre ostras y mejillones serás bastante feliz.

7. Liubliana (Eslovenia)


La entrada de Eslovenia en la Unión Europea en 2004 la puso de pronto en el mapa para mucho turista que nunca se había planteado pasarse por ahí. Desde entonces, lleva ya 15 años aumentando su fama y popularidad. La capital, Liubliana, es una ciudad pequeña y tranquila y muy, muy verde. En el centro casi te olvidarás de que los coches existen, y podrás concentrarte en admirar su castillo y mercados y puentes y edificios. En verano, el paseo a la orilla del río se llena de terrazas en las que comer o beber y ver la vida pasar.

8. Pontevedra (España)

Despacito y sin hacer ruido, esta pequeña ciudad gallega lleva años dando pequeños pasos —nunca mejor dicho— para situarse en un lugar privilegiado desde el que empezar una nueva década: una ciudad por cuyo centro no circulan coches, sino personas; una ciudad en la que los niños han vuelto a hacer el camino al cole a pie, muchas veces de forma independiente; una ciudad en la que en vez de motores oyes voces y conversaciones. No hace más que ganar premios y reconocimientos internacionales, y además es bonita. En su centro histórico encontrarás callejuelas que llevan a plazoletas, cafés y bares y terrazas para tapear, e iglesias como la de la Peregrina, cuya planta tiene la forma de una concha de vieira.

9. Bremen (Alemania)

En Bremen, además de jugar a ver cuántas veces encuentras a sus famosos músicos por la calle (muchas), debes en primer lugar ir a su plaza central, la Marktplatz, y mirar a tu alrededor e intentar no marearte de placer. ¿Con qué edificio quedarse? ¿El del ayuntamiento, que lleva ahí 600 años y es un ejemplo fantástico de arquitectura hanseática? ¿O la catedral de San Pedro? ¿O el parlamento? ¿O la estatua de Roland, de cinco metros y medio de altura? Pero hay más: la mágica Böttcherstrasse, que esconde tiendecitas y un carillón con 30 campanas, o el barrio de Schnoor, o el molino en el parque Wallanlagen.

10. Timișoara (Rumanía)


Ciudad artística y revolucionaria, a Timisoara hay que ir cuando hace buen tiempo, ya que es entonces cuando los colores de sus edificios brillan más y las calles y plazas se llenan de terrazas. Conocida como «la pequeña Viena», mucho en ella te recordará a la capital austríaca: su agitada vida cultural, con museos y galerías y teatros, y su arquitectura que bebe del movimiento de Secesión vienés (el art nouveau de Viena). Encontrarás también arquitectura bizantina y templos ortodoxos, católicos y judíos. También se come muy bien.

11. Braga (Portugal)

Que tanto Lisboa como Oporto sean lugares maravillosos debería dar una pista sobre el resto del país. Braga es un ejemplo perfecto. Esta pequeña ciudad situada al norte del país es una mezcla perfecta entre un pasado que se adivina grandioso —la importancia de la religión le ha dejado un centro histórico lleno de edificios barrocos— y un presente que mira hacia el futuro. Entre iglesias y la catedral y, a las afueras, el magnífico santuario de Bom Jesus do Monte, encuentras espacios multidisciplinares como GNRation, librerías-cafeterías como Centésima Página o moderneces como el centro comercial cool BConcept.

12. Brno (República Checa)

Praga es una maravilla, una ciudad que parece tan de cuento que incluso cuando estás allí tienes que pellizcarte varias veces para creerlo, pero tiene un problema: está hasta arriba de gente, lo que en muchas ocasiones impide disfrutar la experiencia. Brno, la segunda ciudad checa, sigue siendo un secreto. Es menos de cuento que la capital, pero sigue siendo preciosa y, sobre todo, es mucho más real. Una ciudad universitaria y muy creativa, si buscas cultura artística y más tendencias, es aquí donde debes estar. No te pierdas todo su patrimonio subterráneo, de criptas a búnkeres, y tampoco te vayas sin catar su animadísima vida nocturna.

13. Sarajevo (Bosnia y Herzegovina)

Aunque el nombre de la ciudad sigue haciéndonos pensar de forma inevitable en su trágico pasado todavía reciente, lo cierto es que Sarajevo es cada año un destino turístico más popular. ¿Por qué? Fácil: es una ciudad preciosa. Uno de esos lugares cuyos edificios nos hablan de un lugar de encuentro: templos católicos y ortodoxos, pero también mezquitas y sinagogas; arquitectura austrohúngara y calles que nos llevan más a Turquía. Estar en el este y el oeste a la vez. Es también un pequeño paraíso de la comida callejera y está en un entorno natural privilegiado.

14. Wrocław (Polonia)

La fama de ciudad bonita en Polonia (y los turistas) se la lleva Cracovia, pero Wrocław no tiene nada que envidiarle. Una ciudad que son en realidad 12 islas (¡y 130 puentes!) y cuya historia ha dejado huellas arquitectónicas de distintos estilos (influencia austríaca, bohemia y prusa), al tener universidad cuenta también con una vida cultural y nocturna muy animada. Con un montón de parques, una de las plazas más bonitas de Europa y pequeñas esculturas de gnomos (sí) repartidas por la ciudad, no te arrepentirás de visitarla.

15. Atenas (Grecia)

Atenas sorprende por el caos y el contraste. La cuna de la civilización clásica mantiene todo ese patrimonio y edificios, pero mezclados entre urbanizaciones y construcciones nuevas y otras nuevas —en comparación con las ruinas clásicas— que en realidad muestran ya numerosos signos de decadencia. Una vez superado el shock inicial, toca simplemente saborear toda esa vida, y no solo de forma figurada: en Atenas se come muy muy bien. Cuando decimos caos lo decimos de verdad: Roma a su lado es todo tranquilidad y clasicismo.

16. Graz (Austria)

Graz tiene esa cualidad que parece intrínseca a toda ciudad austríaca: la tranquilidad. Esto no significa aburrimiento —la vida cultural es increíblemente animada—, sino más bien un espíritu relajado que lo empapa todo. Su centro histórico, reconocido por la Unesco, te dejará boquiabierto con sus edificios renacentistas y barrocos, pero no será eso lo que te enamorará. Te quedarás prendado por esa sensación de que estás descubriendo algo que los turistas, que cuando salen de Viena van a Salzburgo o Innsbruck, todavía no han descubierto.

17. Gotemburgo (Suecia)

Perfecta si te gusta caminar y descubrir ciudades hermosas pero infravaloradas, Gotemburgo es de esos lugares que parecían apuntar hacia la decadencia y dieron un giro para convertirse en un centro cultural y artístico casi más importante —desde luego más alternativo— que la capital. Además, es según el Global Destination Sustainability Index la ciudad más sostenible del mundo: muchísimos espacios verdes y el hecho de que el 65% de su transporte público use energías renovables, entre otras cosas, han colocado a la ciudad (que además es bonita) en ese puesto.

18. Gante (Bélgica)

Entre Bruselas y Brujas, Gante sigue siendo un secreto que solo algunos (cada vez más) turistas conocen. Es refrescante que sea así, ya que eso te permite disfrutar de la ciudad con tranquilidad: bajar a Graslei, el muelle, y admirar sus edificios, ver el castillo Gravensteen, recorrer el centro y barrios pintorescos como Patershol, dar un paseo en barca por los canales… Y comer: son una ciudad muy acogedora si eres vegetariano.

19. Riga (Letonia)


Cuando estuve en las tres capitales bálticas me sorprendió lo diferentes que eran entre sí. Me gustaron todas, pero Riga me enamoró por ser una sorpresa art nouveau totalmente inesperada. Sus edificios te tendrán mirando hacia arriba y con la cámara trabajando todo el rato. Pero Riga no apareció de la nada en el cambio de siglo, por lo que en sus calles encontrarás también arquitectura anterior: su centro histórico medieval es patrimonio de la Unesco. Además, tiene mucha vidilla cultural y de vanguardia.

20. Oslo (Noruega)

Eternamente eclipsada por los fiordos e incluso por la pequeña y lluviosa Bergen, Oslo se deja descubrir a pie o en bici y enamora a todo el que se decide a descubrirla. Llena de museos fascinantes, fue en 2019 la Ciudad Europea Verde por todos sus esfuerzos por reducir la polución e ir poco a poco eliminando los coches. Además de ir a ver El grito de Munch, no te vayas sin maravillarte en el parque de esculturas Vigeland o sin pisar el moderno barrio de Grünerløkka para ver hipsters y tiendas de diseño.