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20 síntomas que demuestran que viajar es tu enfermedad (¡y tu remedio!)

by Viajeros Callejeros 16 Mar 2015

1.

Tu pasaporte tiene más sellos que cualquier tienda filatélica. Y cada vez que lo tienes en las manos no puedes resistirte a pasar sus páginas para recordar cada uno de tus viajes.

2.

Tu mochila, maleta o bolsa de viaje siempre está a punto de ser utilizada. Nunca la guardas en el altillo por si acaso surge un nuevo viaje. ¡Nunca se sabe cuando será el momento de volver a partir!

3.

Conviertes el precio de cualquier cosa que te compras a algún dato relacionado a los viajes. El precio de una camiseta es igual a una noche de hostel en una playa paradisíaca, un abrigo nuevo equivale a un vuelo low cost a Londres y una barra de pan cuesta lo mismo que una comida completa en cualquier país del Sudeste asiático.

4.

Te has planteado casarte, única y exclusivamente para tener quince días más de vacaciones. Dicen que la unión hace la fuerza y en este caso, unir las vacaciones con los quince días de más que dan en el trabajo por casarte, hacen un pedazo de viaje.

5.

Tu lista de “lugares a los que ir antes de morir” es tan larga que sabes a ciencia cierta que jamás podrás cumplirla, ni aunque te reencarnaras diez veces.

6.

Eres capaz de detectar wifi gratuito únicamente por su olor. Sí, sí, lo hueles a distancia. Y es que para cualquier viajero el wifi gratuito es tan necesario como el comer para cualquier otra persona. Sin él no podemos vivir.

7.

Batiste el récord a la hora de preparar la mochila. Cinco minutos para quince días y seis minuto para un mes. ¿De verdad hace falta más tiempo para escoger cuatro mudas y un saco de dormir?

8.

Cuando abres tu cartera te encuentras con, como mínimo, monedas de cuatro países distintos. Y no puedes resistirte a tomarlas y a empezar a soñar despierto, recordando las aventuras de aquel viaje.

9.

La lista de favoritos de tu ordenador está repleta de blogs de viajes y páginas de información de viajes.

10.

En tu agenda los números de teléfono de las embajadas, seguro de viajes y el Centro de Medicina Tropical están antes que los de tus padres.

11.

Todas tus conversaciones, por distintas que sean, acaban dirigiéndose hacia los viajes. Es como una carretera que siempre lleva al mismo sitio. Eres incapaz de hablar sobre algo sin relacionarlo con alguno de nuestros viajes.

12.

Tu primer impulso cuando abres el ordenador es abrir un buscador de vuelos para ver si hay alguna oferta que puedas aprovechar. Y si no te quedan ya días de vacaciones, da igual, seguro que hay algún amigo al que le interesará.

13.

Nunca puedes planificar un solo viaje. Tienes tantos datos y tanta información en tu cabeza que necesitas tener varios viajes en mente para poder plasmar toda la información que vas recabando.

14.

En tu bandeja de entrada tienes varios billetes electrónicos de los que aún no has hecho el check in. ¡Y es que tienes muchos viajes por delante!

15.

La habitaciones de tu casa están decoradas con tanta mezcla cultural que a veces es como si estuvieras dentro de un globo terráqueo. Es que no puedes evitar traer un recuerdito de cada lugar que visitas, incluso cuando sabes que ya no cabe ni un cuadro más en la pared.

16.

Cuando sales a cenar, prefieres hacerlo a un restaurante que -al menos por un rato- te lleve a alguno de los lugares que visitaste.

17.

Eres un especialista en acomodarte y dormir en cualquier sitio por pequeño, incómodo o sucio que sea. Si hay que pasar la noche aquí, se pasa y punto.

18.

Para ti recorrer 1000 kilómetros es como para tus amigos ir a tomar unas cañas al pueblo de al lado. Eres capaz de hacer un viaje de diez horas en autobús para ver unas cuevas que te dijeron que eran impresionantes… aunque tú no hayas visto ni una sola fotografía para saber que es cierto.

19.

Te puedes desenvolver mínimo en cinco idiomas. Seguramente no puedes mantener una conversación, pero te defiendes para saludar, despedirte, preguntar por el precio de una cerveza y averiguar dónde está el baño.

20.

Eres capaz de pasar 25 días sin deshacer la mochila. Únicamente la abres y, como por arte de magia, sacas la muda que necesitas. Sigues sin entender como hay gente que deshace la maleta cada día ¡y coloca la ropa en el armario de los hoteles cuando está de viaje!

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