Foto: Juan Pablo Olmo

1. Merdellonear

Ir descamisados en feria, con motos trucadas o al volante de un Seat León o Ibiza con las lunas tintadas. Decir de la forma más malaguita posible ‘eres tonto’, ‘canío’, ‘maharón’ o ‘no vé vieo’. Usar oros. Ser el más shulo del barrio. El merdellón, ¿nace o se hace?

2. Hacer espetos de sardinas

Por supuesto, un clásico. Y somos los mejores, sobre todo, porque en ningún otro sitio tienen nuestro arte para atravesar sardinas por el lomo con la raspa por debajo con una caña, situarlas a la distancia exacta de unas buenas brasas de leña de olivo y que nos salga el espeto perfecto. ¡La información está en nuestros genes!

3. Construir viviendas ilegales

En la montaña, a medio metro de la playa, en parajes naturales o en plena ciudad. En Málaga nos gusta la aventura y el urbanismo salvaje: somos especialistas en edificios alucinantemente feos y en construir casas donde es ilegal hacerlo. También somos los mejores en conseguir que finalmente sean casas legales. De las miles que se construyeron ilegalmente en los últimos años, apenas se derriban una veintena al año. Para qué, ya que estás hechas…

4. Comer pescado

Además de espetado, nos gusta a la plancha, en el horno, con fuego de leña, a la sal, frito, crudo… Nos gusta tanto el pescado que somos una de las provincias de mayor consumo de pescado de España y, por tanto, de todo el mundo. Es lo que tiene disfrutar del Mediterráneo en casa y del Atlántico a un paso.

5. Ser hospitalarios

Llevamos la hospitalidad en la sangre y en el escudo de la ciudad: el de ‘muy hospitalaria’ es uno de los títulos de Málaga, concedido cuando los malagueños ayudaron en las tareas de rescate de la fragata alemana Gneisenau. La tradición sigue: hace unos meses nos echamos todos a la calle para dar la bienvenida al mayor crucero del mundo. Al menos, este llegó sin hundirse.

6. El heheo

No se trata de un seseo, que practicamos con cierta frecuencia. Ni de un ceceo, que nos gusta aún más. Se trata de una aspiración de ciertas letras del alfabeto en ciertas frases que pueden hacer que no te enteres de lo que te estamos diciendo. Aquella copla del Koala ‘Opá, voy ajé un corrá’ es un buen ejemplo muy nuestro.

7. Repartirnos por el mundo

Raro, pero raro raro, es ir a cualquier parte del mundo y no encontrarte un malagueño o malagueña. Deben de ser más los que viven fuera que los que residen en la ciudad, porque siempre hay alguien de Málaga en tu viaje. Vayas al rincón del planeta que vayas.

8. Modificar el vocabulario nacional

Érase una vez un cantaor flamenco que apareció contando chistes en televisión y cambió la forma de hablar de un país entero. Su nombre es Chiquito de la Calzada y desde su irrupción en el humor patrio hay expresiones y palabras que ya nunca fueron lo mismo. Decir pecador, hasta luego Lucas o cobarde sin la entonación que le daba este fistro malagueño es hoy imposible. ¿Te da cuen?

9. Hablar del tiempo

En Málaga hay muchos meses de primavera y verano. El otoño pasa en dos días y el invierno, en tres. A pesar de ello, el tiempo es el protagonista de cualquier conversación: que si va a hacer frío (en la capital llaman frío a 10 grados por la noche en invierno) que si el terral, que si llueve en primavera, que si hace calor en verano… Sea un tiempo apropiado o no para cada momento, siempre es de lo más
hablado.

10. Pedir el café

Tanto sol, tanto tiempo primaveral y tanta terraza invita, por supuesto, a tomar café. Quizás por eso lo tenemos de tantas maneras: mitad, cortado, sombra, nube, solo, solo corto… ¡En fórmulas para pedir el café no nos gana nadie!

11. Echar la culpa a otro

En Málaga somos poco de asumir errores, así que echar la culpa a otros se nos da súper bien. Si no es culpa de la Junta, es de Sevilla, del vecino de enfrente o del primo del cuñao. Pero si hay algo mal hecho tenemos un don natural para buscar otro culpable.

12. Ser impuntuales

Somos los reyes de la impuntualidad. ¿Para qué las prisas? Si quedas con alguien de Málaga, no te tomes personalmente que llegue media hora tarde: es casi un halago porque, al menos, ha llegado. Asúmelo: llega tú también tarde y todos en paz.

13. Fardar de nuestra ciudad

Para el malagueño no existe ningún otro lugar en el mundo que se acerque de lejos a Málaga. No hay clima mejor, gastronomía mejor, gente mejor, restaurantes mejores, pescaíto mejor, playas mejores, calles mejores que la calle Larios. Y si piensas lo contrario, es que eres antimalagueño. Ea.

14. Darle vueltas a todo

Reconocemos que lo de tomar decisiones se nos da regular, pero dudar se nos da estupendamente. No sabemos si el Metro debe ir en superficie o soterrado, si nos gustaría un centro peatonal o con coches, si campero de pollo o campero normal, si queremos que llueva o no, si carne o pescado… Por eso somos los españoles que más acudimos al juez para resolver problemas: que lo decida otro (así, si falla, también será su culpa).

15. Celebrar nuestra gastronomía

En Málaga capital, el potaje perchelero o la berza carnavalera tienen su fiesta, pero luego cada pueblo tiene su fiesta gastronómica propia y hay fines de semanas que coinciden varias: las migas, el conejo, las uvas, las pasas, la zanahoria morá, las castañas, el vino dulce, el melocotón, la cereza, las aceitunas… Todo alimento nos sirve de excusa para montarnos una fiesta. Los vinos, por supuesto, también.

16. Poner mesas en la calle

Tenemos tan buena gastronomía que queremos ofrecerla a todo el que viene a visitarnos. Y somos tan hospitalarios que la servimos en la calle, al solecito, donde quieran. El problema es que las calles del centro son hoy toda una carrera de obstáculos para el peatón, que no encuentra hueco entre tanta mesa.

17. Explotar la cultura

A principios de 2003 la capital no tenía apenas museos. Ahora, solo 13 años después, tenemos un Centro de Arte Contemporáneo, un Museo Picasso, un Carmen Thyssen, un Centre Pompidou y hasta un Museo Ruso. Cuando nos da por algo, no hay quien nos pare. ¡Y que tiemblen Guggenheim o el MOMA!

18. La Semana Santa

Obviamente, nuestra Semana Santa es la mejor. En gran parte, por el llamado “paso malagueño”, que es la forma tan única en que mecemos los tronos (que no pasos, como los llaman en Sevilla, donde tienen la culpa de todo).

19. Llevar la razón

En Málaga sabemos que llevamos la razón y en las discusiones o debates se nos nota: no hay quien nos baje del burro. Y si opinas lo contrario, es que estás equivocado. ¡Lo sabré yo!

20. Vendimiar en pleno monte

En la comarca de la Axarquía apenas hay ningún lugar llano, así que las viñas se cultivan en los montes con pendientes que dan miedo. Recoger las uvas no es tarea fácil y hasta necesitamos animales de carga para los lugares más complicados donde, a veces, encontramos camaleones. ¡En vendimias originales tampoco nos gana nadie!