La salsa que no pica también pica.

El propósito de la salsa es picar. ¿Por qué habría una salsa que no pica en la mesa?

Todo tiene el potencial de convertirse en taco.

Es más, podríamos decir que un platillo no alcanza todo su potencial hasta que no se encuentra envuelto en una tortilla y rematado por una cucharada de salsa. Para hacer un taco sólo hacen falta unas buenas tortillas. Y, en una mesa mexicana, las tortilla nunca harán falta.

Hay un problema generalizado con las negativas rotundas.

¿Les ofrezco algo, un cafecito?”… “Ahorita, muchas gracias”.

Ese “ahorita, muchas gracias” fue un típico “no” a la mexicana.   

Un caldito no es un caldo pequeño…

Si hay una sección del vocabulario nacional que abusa de los diminutivos,, ésta es la sección de comida. Los taquitos, los frijolitos, el tamalito y las papitas no están haciendo referencia alguna al tamaño de las porciones que se están por comer. Tengan eso muy en cuenta antes de pedir su pozolito.  

Y un ratito tampoco es un rato pequeño…

O puede ser que sí, aunque lo más seguro es que no. El ratito es una unidad de tiempo indeterminada muy utilizada en México, que siempre termina siendo más de lo que uno espera. Si le dicen que las refacciones de su coche “se van a tardar un ratito en llegar”, yo no las esperaría de pie…

No esperen grandes despliegues de puntualidad…

Llegar quince o treinta minutos tarde a una cita sigue siendo considerado “llegar a tiempo” para la mayoría de nosotros. Échenle cuentas…  

Tenemos baños públicos, pero casi siempre cuestan cinco pesos.

Claro que por cinco pesos no sólo adquieres tu acceso, también te haces acreedor de un cuadrito de papel de baño.

Usamos un chingo de limón para todo.

“Parece que te peinaron con limón”, es una frase con fundamento histórico.

Aquí nunca hay cambio.

Y sí, el señor del taxi pretende que ustedes vayan a buscar cambio a las dos de la mañana y no, no les va a quedar de otra. Quién les manda a salir con un billetote de doscientos.

Los despliegues públicos de afecto son muy comunes.

Y también pueden llegar a ser muy extremos… y muy horizontales.

La tortilla de hasta arriba no se agarra.

Los pelirrojos son utilizados como amuletos de buena suerte.

La costumbre es pellizcar al de junto inmediatamente al ver a un pelirrojo. Es claro que esta práctica se fijó ya que, creas o no en los amuletos de la suerte, es divertido tener un pretexto para pellizcar a tu compañero.  

Es imposible abusar del por favor y del gracias.

¿Qué les digo?, somos muy agradecidos.

No sabemos utilizar una bomba de combustible.

En México todas las gasolineras son operadas por Pemex y todas cuentan con personal que opera las bombas, cobra, limpia los cristales y revisa que todos los niveles del coche estén en el rango adecuado. Casi en todo México consideramos una obligación dejarle una propina a estos personajes..

No confíen ciegamente en las líneas peatonales.

Sí, casi todos contamos con licencia de manejo. Y no, ninguno presentó ningún examen. Y sí, ese coche le tocó el claxon a un grupo de personas para que se quitaran de su camino.

Nos encanta ir al tianguis.

Ir al tianguis combina las compras de la semana con ese “a ver que me encuentro” que ha llenado casas de plantas, muebles, figuritas de Star Wars y cuánta cháchara se les ocurra. Por lo general, los buenos tianguis vienen equipados con un “food court” que bien vale la pena explorar.

Usamos una canción ranchera para celebrar los cumpleaños.

Antes de venir a México, favor de aprenderse Las Mañanitas, por si se ofrece.

El cumpleños se pasa en familia.

Claro que esa familia cuenta, al menos, con quince personas y tampoco falta toda esa bola que es “como de la familia”. En México no hay fiesta chiquita.

Nuestros policías siempre están en alerta.

Si una patrulla los va siguiendo con la torreta encendida, no entren en pánico, no están en medio de una persecución policíaca. Así son las patrullas en México… siempre listas para la acción. También los polis de los los centros comerciales traen rifles y metralletas como si fuera lo más normal del mundo.

“¿Mande?”

Vas a escuchar esta pregunta mil veces a lo largo y ancho de México. No te saques de onda, tómalo como un “¿qué?”, pero más formal.  

Nos encanta presumir México.

¡Y cómo no nos va a encantar! Si como México no hay dos.

 

Foto de portada: Alejandro Mallea.