baraña

¿Alguna vez te has tenido que frotar los ojos porque veías como una manchita que no se iba? Tu oculista las llamará miodesopsias o, para que todos lo entendamos, «moscas del café». Pero en el diccionario les ponen otro nombre: baraña o «sombra o mota que se ve por defecto de la vista». Es la segunda acepción, la primera es «broza del monte».

inveterarse

Esa baraña que ahora vive contigo puede ser producto de tu miopía o, simplemente, de que has empezado a inveterarte. Sí, significa exactamente eso que estás temiendo: el resultado del paso y peso de los años: ‘envejecer, anticuarse’.

aspaventero

Respira hondo, no pasa nada, no te conviertas en un ser aspaventero, «que hace aspavientos». Distráete pensando en que aspavientos no tiene nada que ver con tus brazos moviéndose como si fuesen las aspas de un molino: viene del italiano spavento (‘espanto’), que a su vez viene del latín expavere, ‘sorprenderse o mostrar miedo’.

taperujarse

En vez de convertirte en alguien aspaventero, decíamos, taperújate con lo primero que encuentres, es decir, tápate «de cualquier modo con la ropa» y sal a la calle a que te dé el aire.

amarizarse

Si estás en el campo, mucho mejor, claro, porque el aire además será puro y podrás correr por los prados cual Heidi antes de tener que marcharse a Frankfurt y oler las flores y sonreír al ver un rebaño de ovejas porque eso significa que Pedro está cerca y sí, ahí está, ¡Pedro! y entonces te pregunta si sabes qué significa amarizarse y tú lo miras con tus ojos redondos e inocentes llenos de ganas de aprender y Pedro se ríe y al llegar a casa buscas en el diccionario y piensas que a lo mejor Pedro no te cae tan bien porque si le hace gracia que amarizarse signifique «dicho del ganado lanar: copular» quizá sea un poco inmaduro así que le dices al abuelo que lo de Frankfurt no es tan mala idea aunque echarás de menos a Niebla.

regazar

Es lo que has tenido que hacer para correr libre por los prados antes del desengaño de Pedro si ibas con falda larga: «recoger las faldas hacia el regazo».

pestañazo

Ya en Frankfurt, un poco aburrida delante de la tele, haces lo que mi madre llama «pestañear»: echar un ‘sueño breve’ (esto, nos cuenta el DRAE, lo dicen en Cuba).

enatieza

Te despiertas del pestañazo al escuchar un chillido: es la señorita Rottenmeier que, con cara de espanto y en actitud aspaventera te señala y te pregunta si piensas que esa enatieza es propia de una joven dama como tú. Puedes mirarla con cierto desprecio por usar una palabra que ya en el Diccionario de autoridades (1732) se consideraba anticuada, pero sigue en el DRAE —aunque en desuso—. Significa, claro, ‘desaliño, descompostura, desaseo’.

nihilidad

No te importará mucho, en realidad. Ahora mismo solo te interesan palabras que reflejen mejor tu estado de ánimo, palabras con una definición que exprese lo que sientes. Nihilidad es perfecta: «condición o cualidad de no ser nada». Te dará para unas horas de reflexión y filosofía.

desgaritar

No es que no entiendas que tienes un problema. Lo sabes bien y ni siquiera es culpa de Pedro ni del tiempo que provoca barañas. Has desgaritado, es decir, has perdido el rumbo. Aunque no tiene por qué ser algo malo, piensas al ver la segunda acepción: «Dicho de una res: separarse de la madrina o del sitio donde está recogida». No eres una res, pero sabes que a veces es mejor ir por tu cuenta y a la deriva durante un tiempo.

cascarria

Llueve, arrastras los pies y estás cansada, así que ya ni regazas tu larga falda. ¿Qué importa que se llene de cascarria, es decir, de «lodo o barro que se coge y seca en la parte de la ropa que va cerca del suelo»? Para algo hemos inventado las lavadoras, ¿no?

borborigmo

De pronto, lo escuchas y lo sientes, un borborigmo que te hace recordar que llevas horas sin comer. Porque sí, ese es el nombre del ruido que hacen las tripas.

calipedia

Mientras mordisqueas esa manzana que has robado de una frutería (¡mal! ¡así no vamos a ninguna parte!), observas a una señora empujando un carrito de bebé. Piensas que, si alguna vez tienes hijos, intentarás dedicarte a la calipedia, es decir, al «arte quimérica de procrear hijos hermosos». Hermosos por dentro, claro. Total tu vida ha sido siempre una especie de quimera absurda pero testaruda.

dingolondango

A la calipedia piensas llegar a base de arrumacos y mimos, es decir, de dingolondangos.

nefelibata

No le cuentas a nadie todo esto, sabes que piensan de ti que eres un poco nefelibata, «soñadora, que no se apercibe de la realidad». Tú prefieres el significado literal de la palabra, del griego νεφέλη nephélē ‘nube’ y -βάτης -bátēs ‘que anda’. ¿Cómo va a ser malo andar por las nubes?

filaucía

Pero no importa lo que piensen de ti, no tienes problemas de filaucía o, como prefiere la RAE pero no nosotros, amor propio. No irías tan lejos como para decir que eres una filautera, una egoísta, aunque crees que un poco de egoísmo es siempre sano.

avucastro

Y ni siquiera es que seas mala persona —aunque, recordemos, acabas de robar una manzana—: eres capaz de sentarte y escuchar e incluso sonreír a cualquiera, por muy avucastros, personas pesadas y enfadosas, que sean.

pródromo

Piensas, sentada en un banquito tras haber tirado el corazón de la manzana en una papelera (serás una ladrona, pero nunca tirarías basura al suelo), que a lo mejor todo esto que te está pasando no es más que un simple pródromo, una señal de que estás incubando una gripe o algo así, ese «malestar que precede a una enfermedad». De los Alpes a Frankfurt es normal y los cambios siempre te afectan.

eritrofobia

Y piensas también con cierto orgullo que serías capaz de volver, decirle a Pedro que sí sabes qué significa amarizarse, que si sus ovejas están teniendo algún problema, que a qué viene todo esto. Hace un tiempo la eritrofobia, el miedo a sonrojarte, te habría parado. Ahora te da igual, ¡la has superado!

dromomanía

Quizá, no lo niegas, seas algo dada al nomadismo y a los viajes, pero no dirías que lo tuyo es ya dromomanía, esa «inclinación excesiva u obsesión patológica por trasladarse de un lugar a otro».

paraselene

Pero lo cierto es que echas de menos tus montañas, al abuelo y a Niebla, que quieres ver la paraselene con la que tanto disfrutabas y que no ves desde que estás en la ciudad. Ya sabes, el «fenómeno luminoso por el que se forman una o varias imágenes de la Luna reflejadas en las nubes y, por lo general, dispuestas simétricamente sobre un halo». No vas a esperar a que Pedro madure (¿y si nunca lo hace?) para volver a rodar colina abajo y tumbarte a mirar el cielo y la luna y esas nubes por las que siempre andas.