Crédito: Señor Codo

1. Sabes distinguir más de cinco variedades de tacos con solo olerlos.

Incluso se puede llegar al punto de distinguir entre todas las variedades de tacos de canasta sin tener que abrirlos. Inténtalo, no es tan difícil.  

 

2. Garnacha es la palabra menos específica que conoces…  

A ti que te hablen de gorditas, huaraches, sopes, quesadillas, tlacoyos, flautas, pambazos o tortas. Respeto a la diversidad, ¡por favor!   

 

3. Sabes que una sola tortilla nunca será suficiente para un buen taco.

Una vez que entras al universo de los tacos con copia, ya nada vuelve a ser igual.

 

4. Y a pesar de la variedad de opciones existente…

Por lo menos dos veces por semana terminas comiendo arroz, frijoles o nopales.

 

5. No te resulta ajeno el concepto de “aguas de sabor”.

Y tienes un favoritismo indiscutible hacia la jamaica o la horchata.

 

6. Entiendes exactamente a qué se refiere la señora de los esquites cuando te pregunta si “los vas a querer con patitas”.

 

7. Sabes que el mejor puesto de tortas se ve exactamente igual que el puesto de tortas más tóxico de la ciudad.

Y aquí es donde el conocimiento empírico de la gastronomía chilanga debe salir al quite. Por otro lado, el que no arriesga, no gana.   

 

8. El taco placero ha salvado muchos de tus domingos.

La opción por excelencia cuando nadie quiere cocinar y tienes un mercadito cerca.

 

9. Y lo mismo va para el taco de canasta y tus días más atareados.

En cinco minutos localizaste los tacos, pediste tu orden, te los comiste, pagaste, te dio el mal del puerco y el señor de los tacos desapareció sin dejar rastro. ¡Qué fast food ni qué nada!

 

10. Sabes que el desayuno es la comida más importante del día…

Pero a veces decides reafirmar dicho conocimiento entrándole con gusto a una tremenda torta de tamal verde y a un atolito de cajeta.  

 

11. Y no te es extraño el concepto de tamal frito.

¡Con algo hay que equilibrar tanto carbohidrato!

 

12. Conoces todo el menú de tu fonda consentida.

Con su agua fresca ilimitada, su arroz o espagueti y sus opciones de plato fuerte, siempre favoreciendo el bistec en salsa verde (siempre en salsa verde), los chiles rellenos y las tortas de papa.

 

13. Sabes que un anafre en la calle es preámbulo de muchas cosas buenas.

Unos tamalitos mañaneros o unos elotes asados a media tarde… el anafre puede tardar en prender, pero nunca defrauda.

 

14. Te entrenaste como mexicano con Salim y Chilim.

Y luego se preguntan por qué tenemos gustos tan extraños.

 

15. Consideras que el cilantro, la cebolla, la piña, los rábanos y el pápalo bien pueden conformar tu dosis diaria de frutas y verduras.

16. Eres adicto a los moños, las corbatas, las conchas, los churros y hasta a los ojos de Pancha.

Obviamente, sin pancito no hay merienda.

 

17. Alguna vez has salido a buscar la felicidad en las esquinas de tu colonia.

Pocas cosas son equivalentes al éxtasis del que anda hambreado y se encuentra de frente con el hornazo de un buen trompo de pastor.

 

18. También puedes saber si una salsa pica sólo con verla.

Habilidad metafísica que se cultiva con el culto a los puestos de garnachas. Un consejo para los menos atrevidos: esa salsa verde que parece guacamole aguado, NO es guacamole y es de las que pican dos veces.  

 

19. Siempre favorecerás las tortillas azules.

Excepto esas que se pusieron azules solas después de estar demasiado tiempo en tu refri. Eso no está padre.

 

20. Has pedido de nana, buche, nenepil y bofe…

Aunque no tengas ni la menor idea de lo que te estás comiendo.

 

21. Y aunque te critiquen…

¡Pides tus quesadillas con queso!