Foto: Lachlan Hardy

1.

Estarás a punto de ser atropellado varias veces cuando intentes cruzar una calle mirando hacia el lado erróneo. Muchos conductores se acordarán de tu madre, tu padre y otros familiares.

2.

Es posible que nunca te molestara que la gente se te pegara en la parada del bus o en la cola del súper hasta que te acostumbraste al concepto de personal space. Ahora te harás a un lado e intentarás preservar tu huequito (y al estilo británico, te indignarás pero no abrirás la boca, juntando la rabia dentro).

3.

La fruta y la verdura volverán a tener sabor a… ¡fruta y verdura! Sin necesidad de ir a mercados orgánicos bajo la lluvia.

4.

De repente tendrás ganas de encender la kettle y tomarte una taza de té.

5.

Te darás cuenta de que eres la única persona que dice por favor y gracias continuamente.

6.

Esperarás (y esperarás y esperarás…) que alguien te dé una explicación y te diga cómo reclamar cada vez que no llegue el bus, o no funcionen las cosas.

7.

Prestarás más atención a los acentos regionales y jugarás a adivinar de dónde es tu compañero de metro.

8.

A veces tendrás el reflejo de estrecharle la mano a un recién conocido, hasta que recuerdas que aquí, cuanto más contacto físico, mejor.

9.

Echarás de menos encontrar tiendas y bares abiertos a cualquier hora, cualquier día de la semana.

10.

Si vuelves de Londres, te parecerá que es increíblemente fácil moverte de un sitio a otro, ¡y tan rápido!

11.

Dirás que sí a la noche de pizza, tapas o sushi, aunque en realidad te apetecía un verdadero kebab o algún plato coreano, mongol o bielorruso.

12.

Te colocarás a la izquierda en las escaleras mecánicas para dejar pasar y no comprenderás por qué nadie más se mueve.

13.

El día que quieras papas fritas de bolsa, verás tres tipos y te quedarás patidifuso – ¿cómo? ¿No hay de vinagre balsámico, sal gorda y paprika?

14.

Te parecerá increíble el número de papeleras y cubos de basura que hay en la calle, sobre todo si vienes de Londres, donde ves uno cada diez manzanas (y si es una estación o una calle de embajadas, te toca llevar el envase vacío hasta tu casa).

15.

Cuando veas las casillas de primer apellido y segundo apellido en algún formulario, querrás besar al funcionario de turno – ¡se acabaron las tarjetas de débito que convierten tu primer apellido en tu nombre de pila!

16.

No volverás a tener que pasar por el trauma de ver un cuarto de baño con moqueta y acariciarás el parqué allá donde vayas.

17.

Te quedarás plantado delante de la sección de leche en el súper, con algo de nostalgia por las botellitas de leche fresca y terminarás llevándote un triste cartón templado.

18.

Besarás tus persianas. No hay más que decir.

19.

Te subirás a un tren con dolor de cabeza y ganas de dormir, buscarás el quiet coach… Y te comprarás una caja de paracetamol y tapones para los oídos.

20.

A veces te saldrá una palabra en inglés, tus amigos pensarán que eres un fantasma, pero la verdad es que ahora o no recuerdas como se dice en español o te parece que en inglés suena mejor.

21.

Sonreirás aliviado cuando apriete el frío y veas a gente vestida con colores pastel o luminosos y no de algún tono en la escala de grises.

22.

Pasarán semanas sin llover y empezarás a sentirte rara, como que te falta algo sobre la cabeza…

23.

Te llamará la atención que la gente salga de trabajar y que acto seguido no esté borracha perdida. Tus amigos te llaman para tomarte un café a las 17.30, what? ¿Un café y no una pinta de dark ale seguida de cinco más?