1. No entiende que nunca hayas volado en avión

Que sí, que nosotros vivimos en un territorio rodeado por el maravilloso océano Atlántico, y eso nos obliga a saltar por encima de él para conocer y llegar a otros lugares. Pero qué quieres que te diga, eso no excusa para que luego en la Península te encuentres con gente que te dice que nunca ha volado en toda su vida. Y lo dicen tan tranquilos, los muy psicópatas. ¿Se puede saber qué tienes en tu casa, que nunca la abandonas? ¿Qué vas de millonario, gastándote los euros en gasolina?¿Te crees piloto de resistencia? ¿¡Qué va a descubrir la seguridad del aeropuerto si revisa tu identidad, maldita sea?!

2. A la mínima que la situación lo permita, se pone unas cholas

No hace tanto frío. Hazme caso. ¡Si es para bajar al chino de la esquina un momento! ¿Pero cómo que no cuesta nada? Tendría que ir al cuarto. Coger un par de calcetines (que me gusten). Luego separarlos. Soltar uno. Coger el otro. Sentarme (porque de pie, suerte). Ponérmelo. Luego buscar dónde he dejado el otro calcetín, porque soy un desastre.
Ponérmelo. ¡Y para colmo ahora elegir calzado! Y atarme los cordones y tal. Luego encima al volver hay que hacer todo el proceso inverso. ¡Venga ya! Mira las cholas, doy un pasito y pan. Listo. ¿Ves?

3. Se junta con otros canarios fácilmente

Hombre, cuando sales de la isla, a veces hay que hacerse fuerte. Que conocer gente de todos los lados es genial pero tampoco mola ser el exótico siempre, ni tener que explicar todo el rato qué es una guagua o cuánto es fleje. ¡Las conversaciones que tengo con Rayco es que no me las da nadie más, hay un flow, un salseo que…! Y siempre hay alguno que tiene gofio, ron o mojo (¡casero!), que no sabes tú cómo en los momentos de bajona te salvan el día.

4. Siempre está hablando del océano

Es que si lo piensas… del océano venimos todos. El océano te da calma, paz, te purifica. Es un horizonte de tranquilidad, sin ruido, ni colores estridentes, ni anuncios bombardeando tu campo de visión, que te deja pensar. Y esa conexión oceánica, los canarios la tenemos aumentada por haber crecido abrazados por él. ¿Eh?… ¿de qué estábamos hablando? Ah sí. Pues eso, que la piscina cierra los lunes.

5. Se ofende por cosas que otros no entienden

¿A ti te parece normal? Nunca me saluda, te digo. Un mes que llevamos siendo vecinos y siempre tengo que saludarle yo primero, chiquito hediondo. ¡Es que aquí la gente va demasiado a su bola, aquí mucho wassap, mucho postureo pero poco abrazo! Fíjate en Manu, que se ha mudado hace dos días a la calle de al lado y tampoco le he visto todavía. Que está liado, la mudanza, dice. Cuando me lo encontré el otro día en la calle, apenas hablamos 20 minutos, así no hay manera de ponernos al día. ¡Aquí todos juegan a estar ocupados! ¿Pues sabes qué te digo? Que el bizcocho de bienvenida que le preparé nos lo mandamos aquí a gusto en el piso con el café. Suso se va a comer la mitad fijo, es más goloso…