1. Raíces multiculturales

Es común que se asocie el mito de La Llorona con la cultura mexica. Después de todo, el vínculo entre este personaje y los augurios funestos que predijeron la llegada de los españoles al México antiguo es bastante conocido. Sin embargo, esta leyenda cuenta con paralelismos lejos del Valle de Anahuac. Existen deidades mayas, zapotecas y purépechas con características muy similares a la Cihuacóatl —la diosa a la que se asocia el mito en territorios nahuas— y bien pudieron alimentar leyendas similares a la de la Llorona.

El mejor ejemplo de esto es la Xtabay, un espíritu femenino que acecha a los hombres en los caminos de la península de Yucatán y que tiene raíces en el panteón de los dioses mayas. Hay que tener en cuenta que aunque personajes como la Xtabay tienen raíces en la cosmogonía de las antiguas culturas mesoamericanas, la conversión de la Llorona a leyenda popular no se dio sino hasta la época colonial.

 

2. Surge la leyenda

La leyenda de la Llorona como se conoce hoy en día —un alma en pena que deambula por las calles buscando a sus hijos— tiene su origen en el México colonial de mediados del siglo XVI. La Ciudad de México de aquellos ayeres ya presentaba edificios y calles que permanecen hasta el día de hoy; sin embargo, las noches no podían haber sido más distintas. La oscuridad se adueñaba de la metrópoli poco después de ocultarse el sol y la gente se alejaba de las calles temiendo el encuentro con delincuentes, jaurías de perros y los espantos que —supuestamente— rondaban la noche. Es en este contexto que se empieza a popularizar la historia de la Llorona.

Muchos cronistas de la época relatan la historia de una mujer que recorría las calles de la ciudad al caer la noche, siempre vestida de blanco y con un velo cubriéndole el rostro. Su andar era marcado por los lastimosos gritos que lanzaba al aire en busca de sus hijos. La Llorona peregrinaba cada noche por calles distintas, pero cuentan que sus andares la llevaban invariablemente a cruzar la Plaza Mayor —el actual Zócalo— con rumbo al oriente de la ciudad. Más allá de la plaza era donde la fantasmal figura se perdía al hundirse en los resquicios del lago que aún se extendían por la zona central de la ciudad.

 

3. Para ponerte la piel chinita

Por si un alma en pena que lanza gritos desgarradores a la mitad de la noche no fuera lo suficientemente espeluznante, la leyenda de la Llorona ha ido acumulando características que la hacen más y más terrorífica. Dicen los que saben, que el grito de la Llorona no es buen indicador de la distancia a la que se encuentra, sino todo lo contrario. Si la escuchas a corta distancia, puedes hacer de tripas corazón e intentar conciliar el sueño nuevamente, pero si su alarido es apenas perceptible, quiere decir que está muy cerca de ti, tal vez demasiado cerca. Otra historia similar cuenta que si ves a la Llorona deambulando por la calle, no puedes quitarle los ojos de encima o de inmediato aparecerá a tu lado.

 

4. Tápame con tu rebozo Llorona porque me muero de frío

No podemos hablar de la Llorona sin mencionar su influencia en uno de los sones istmeños más famosos y hermosos de México. La Llorona es un son popular que probablemente tuvo su origen en el Istmo de Tehuantepec durante la segunda mitad del siglo XIX y es una de tantas canciones que se popularizaron durante la época revolucionaria.

La versión moderna que todos conocemos data de la década de los cuarenta y las interpretaciones más populares son probablemente las de Chavela Vargas y Lila Downs, aunque lo melancólico y dulce de la canción la ha llevado a extenderse más allá de nuestras fronteras y a ser interpretada en múltiples idiomas.

 

5. Patrimonio cultural del México

En octubre de 2013, la leyenda de la Llorona fue declarada Patrimonio Cultural Intangible de la Ciudad de México por la Asamblea Legislativa. ¿Para qué sirve esto? Pues en estos tiempos de privatizaciones, una declaratoria de este estilo evita que grupos nacionales o extranjeros se adueñen de los derechos de la leyenda para convertirla en serie de Netflix o en un producto de Pixar. Si esto suena muy descabellado, basta recordar que hace apenas unos años, Disney trató de agenciarse el Día de Muertos ante la oficina de patentes de los Estados Unidos y el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial. Aunque este intento no prosperó, la experiencia nos dejó una buena lección: hay que tener cuidado con el copyright de nuestras tradiciones.

 

6. La omnipresencia de la leyenda

Sabemos que la Llorona se aparece por todo México. Basta con que un pueblito tenga un río cercano para que empiecen a pulular las historias con los pormenores del alma en pena. Sin embargo, algo que no muchos saben es que la Llorona no está restringida por las fronteras que delimitan nuestro país, o por lo menos no por las fronteras como las conocemos hoy en día. Como ya mencionamos, la leyenda se popularizó durante la época colonial, por lo que muchos países centro y sudamericanos adquirieron sus propias versiones de la Llorona por intercesión de la corona española.

La leyenda novohispana complementó y en muchos casos se fusionó con el folclor local de países como Costa Rica, Colombia, Argentina, Chile, Venezuela, Panamá y Uruguay. Actualmente, cada país cuenta una historia distinta y en muchos casos hay más de un personaje con características similares. La Sayona venezolana, por ejemplo, es una mujer que asesinó a su familia como consecuencia de un engaño y cuyo espíritu se dedica a cobrar venganza a los hombres infieles o parranderos —una característica que tampoco es ajena a la Llorona en algunos lugares de México. La Llorona también llegó a los Estados Unidos de mano de los migrantes latinoamericanos. En Santa Fé, Nuevo México, es común escuchar la leyenda de una mujer vestida de blanco que se aparece cerca del río. Para muchos estadounidenses, esta es una leyenda típica del suroeste de su país.