Photo: Artfully Photographer/Shutterstock

6 lugares embrujados de la Ciudad de México

Ciudad de México
by Rulo Luna Ramos 19 Oct 2018

1. El Hospital Juárez

En la esquina de Jesús María, casi esquina con Fray Servando, se encuentra uno de los hospitales más importantes y con más historia de la ciudad. Se trata del Hospital Juárez de México. Su historia comienza en 1847, cuando la invasión estadounidense obligó a acondicionar varios edificios de la ciudad como clínicas que atendieran a los heridos en batalla. Así fue como el antiguo Colegio de los Agustinos de San Pablo adquirió el rol de hospital y quedó en manos de las Hermanas de la Caridad. Su labor volvió a ser requerida durante los conflictos bélicos del siglo XIX y principios del siglo XX, aunque el evento histórico que más ha marcado a este sitio fue el sismo de 1985, en el que una de las torres del hospital se desplomó, terminando con la vida de cerca de mil personas.

Es también en este hospital donde tiene su origen una de las historias de fantasmas más conocidas de México. Por supuesto, hablamos de La Planchada. Se trata de una enfermera de uniforme perfectamente limpio y almidonado que se pasea por los pasillos de los hospitales atendiendo a los enfermos más graves en el silencio de la noche. Las historias sobre La Planchada —y otras versiones locales del mismo fantasma— comenzaron en el Hospital Juárez a mediados del siglo XIX y se han extendido a lo largo y ancho de México —por extraño que parezca, el tema de las enfermeras fantasmales parece estar ausente en otros países de Latinoamérica con los que compartimos mucho folclor.

La leyenda permanece hasta nuestros días y muchos pacientes y enfermeras aún hablan de La Planchada como si fuera lo más cotidiano. Su origen es un misterio. Algunos versiones hablan de una enfermera desalmada que está pagando el precio de sus malas acciones, otras involucran una historia de amor y un corazón roto, mientras que las versiones más modernas ubican a La Planchada como una de las víctimas del derrumbe de la Torre de Hospitalización del Hospital Juárez. Independientemente de su origen, hay pocos hospitales en México donde no se haya escuchado el roce almidonado del uniforme de La Planchada cuando hace sus rondas.

2. La casa de las brujas

 

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A un costado de la Plaza Río de Janeiro se encuentra una de las casas más emblemáticas de la colonia Roma. Le dicen la casa de las brujas. Su estilo inglés con toques góticos contrasta con el resto de las construcciones contemporáneas de la colonia —y del resto de la ciudad— que mantienen la característica influencia francesa del final del porfiriato. Es un edificio imponente y no hace falta tener mucha imaginación para observar que su torre principal, en la esquina de Durango y Orizaba, podría pasar por el semblante de una bruja de cuento, con sombrero y todo.

El Edificio Río de Janeiro —su nombre real— se inauguró como un lujoso hotel en 1908, pero no pasó mucho tiempo hasta que fue universalmente conocido por su apodo. Tal vez fue esta asociación verbal la que lo empezó a rodear de misterio y leyenda. Se habla de los crímenes que sucedieron en su interior, pero esto no es más que una alusión a la novela de Sergio Pitol, El Desfile del Amor. También se habla de que el espíritu de Pachita, una de las curanderas más famosas del México siglo XX, ronda por sus pasillos; sin embargo, no hay ninguna evidencia de que doña Bárbara Guerrero haya habitado ahí —que es en lo que se basa el mito de sus apariciones en el edificio.

A pesar de la fama y de las historias, no dudaría un minuto si tuviera la oportunidad de mudarme a esta joya arquitectónica de la Ciudad de México. Aunque tal vez el costo de la renta de uno de sus departamentos si sea algo parecido a un cuento de terror.

3. El callejón del Aguacate

 

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Coyoacán no es sólo uno de los lugares más antiguos y llenos de historia de la ciudad, también es un semillero de leyendas. Uno de los lugares más tocados por el mito urbano y las historias populares en este barrio es un pequeño callejón que se abre camino por las calles que rodean la plaza de Santa Catarina, el famoso Callejón del Aguacate. ¿Qué pasó aquí? Las historias no se ponen de acuerdo, pero por lo general se hace mención a niños asesinados, a un tesoro escondido, al diablo, a un juego de ouija que se salió de control o a la combinación de los anteriores. El caso es que atravesar el callejón se ha convertido en una clásica prueba de valentía para mucha gente que anda de visita por el barrio.

El callejón no es nada tenebroso, de hecho es bastante pintoresco y muy similar a muchas de las calles peatonales —mucho más estrechas— que se abren camino de Santa Catarina hacia Miguel Ángel de Quevedo. No sé si el callejón aún esté abierto al paso de vehículos, pero algo que a mí sí me daba miedo era quedarme atorado al dar la vuelta por su esquina más estrecha —todos los que hayan atravesado por aquí en auto saben exactamente de lo que estoy hablando. Y también tendría cuidado con atravesar por esta calle a altas horas de la noche. ¿De cuándo acá es buena idea meterse a calles oscuras y estrechas de la Ciudad de México durante la madrugada?

4. La casa de la Tía Toña

Una tremenda casona en ruinas en medio del bosque urbano más grande de la ciudad es el escenario perfecto para las historias más tétricas. Es en este contexto que surge la leyenda de la Tía Toña, una anciana solitaria que se dedicó a adoptar niños al por mayor y a la que un arranque de locura obligó a asesinarlos para después terminar con su propia vida. Eventos de tal magnitud siempre terminan por abrir las puertas del más allá y la obligada historia de fantasmas comenzó a tomar fuerza entre los chilangos. Las fuerzas del mal se concentraron a tal grado alrededor de la Tercera Sección de Chapultepec, que varios entusiastas de lo paranormal sufrieron accidentes y al menos uno perdió la vida en los alrededores de la casa… o eso es lo que se cuenta.

La historia de la Tía Toña es una leyenda que se extendió rápidamente por el internet hace unos diez años. El lugar existe, pero ni está abandonado —aunque sí está en obras— ni tiene fantasmas que se asomen por las ventanas para alejar a los intrusos. Lo que sí existe es un barranco de treinta metros de profundidad que rodea la parte posterior de la propiedad —al frente se puede acceder a través de un fraccionamiento fresón de Las Lomas. Durante el 2009, al menos 23 personas resultaron lesionadas después de caer al barranco que conecta el Bosque de Chapultepec con la casa de la Tía Toña. La única maldición detrás de esto, ha sido la ociosidad.

5. La piedra de Fuentes Brotantes

Si te comienzas a interesar en las leyendas de México, pronto te darás cuenta que muchas de ellas son adaptaciones locales de la misma historia. Una de las que más veces he escuchado tiene que ver con una cueva a la que los incautos se ven atraídos de forma casi compulsiva. Este lugar normalmente se relaciona con el chamuco, y aquel que entra, llamado por lo que sea que se encuentra dentro, inmediatamente pone su alma en las manos del maligno y nunca más se le vuelve a ver. Lo he escuchado en San Luis Potosí, en Hidalgo, en Puebla, en Veracruz y sé que también existe una cueva similar en el Cerro de la Estrella.

La piedra encantada o la piedra del diablo es exactamente lo mismo, pero no es igual. Se trata de monolito de dimensiones considerables que se encuentra en el Parque Nacional Fuentes Brotantes y al que también se le achaca ser un punto de entrada a otros mundos. ¿Cómo es que funciona la piedra? Cuenta la leyenda que cada determinado número de años, durante las fiestas de fin de año, la piedra se transforma en una tienda a la que uno entra y —¿adivinan?— jamás vuelve a salir. Muchos dicen que es obra del diablo y algunos otros le echan la culpa a la mismísima Llorona, que también tiene la mala maña de andar robando almas a mitad de la noche —sobre todo si hay un río a los alrededores.

Algo que me llama muchísimo la atención de esta historia es cómo se ha adaptado a la vida moderna y al entorno urbano; mientras que en otros sitios la cueva se presenta llena de riquezas, manjares y maravillas, aquí basta con una simple miscelánea 24 horas para que los trasnochadores pongan en riesgo su alma.

6. La isla de las muñecas

 

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Los canales de Xochimilco son uno de esos lugares que se prestan para la fantasía. Cualquier intervención, por pequeña que sea, puede transformar el paisaje chinampero del sur de la ciudad en un rincón lleno de magia, un escenario majestuoso o un lugar increíblemente tétrico. Julián Santana se decidió por la tercera opción y convirtió una pequeña chinampa en uno de los atractivos más tenebrosos y surreales de la Ciudad de México, la isla de las muñecas.

La historia de Julián y las muñecas comienza a mediados del siglo pasado, después de que una niña —supuestamente— muriera ahogada en las inmediaciones de su chinampa. Se dice que el alma de la niña comenzó a atormentar a Julián, quien se decidió a colgar muñecas en los árboles alrededor de su casa para mantener al espíritu tranquilo. Parte de su rutina era conseguir nuevas muñecas para añadir a la colección e incluso hay quienes dicen que cambiaba parte de lo que cosechaba por partes de muñecas. Julián mantuvo esta práctica durante casi cincuenta años hasta el día de su muerte en 2001.

¿Podría ser que don Julián haya querido aprovechar la fama mundial que ganó Xochimilco a mediados del siglo XX? De ser así, lo logró. La isla de las muñecas es un ícono de Xochimilco y ha aparecido en innumerables reportajes sobre lugares tenebrosos alrededor del mundo. La alternativa es mucho más tenebrosa. La historia de un hombre alejado de la civilización que fue atormentado por lo que él consideraba un ser sobrenatural durante más de la mitad de su vida. ¿Qué tanto habrá creído Julián en su propia historia?

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