1. Aretes para la olla de los tamales

Los tamales no son cosa fácil. Por más que uno se sepa la receta, siempre existe la posibilidad de que queden crudos o de que no esponje bien la masa. La pericia, una buena receta y uno que otro truco —como poner moneditas dentro de la olla para ir midiendo el agua— son necesarios para obtener el éxito tamalero de forma consistente. Las dificultades en la preparación de los tamales ha provocado que estos sean uno de los platillos rodeados de más elementos metafísicos dentro del recetario mexicano. Cualquier cosa parece ser buen pretexto para que los tamales decidan no cocerse… que si había una embarazada en la cocina, que si le moviste a la masa para el lado que no es, que si alguien se estaba peleando por ahí, que si hay que ponerles música.

La superstición tamalera que más me gusta es la de ponerle aretes a la olla de los tamales. Los aretes no son más que un par de hojas de maíz —las mismas que se utilizan para envolver los tamales— que se amarran en las asas de la olla. Los tamales son muy metiches y les encanta enterarse de los chismes que se cuentan en la cocina mientras se están cociendo. Al parecer los tamales no pueden estar al pendiente de las noticias del día y de su propia cocción —nótese que la culpa siempre la tiene la propia comida y nunca los cocineros. De alguna forma, los aretes evitan que los tamales estén en el chisme y se concentren en lo único que les concierne, quedar buenos y parejitos.

2. La tortilla que no infla y la inestabilidad familiar

Ver una tortilla mientras se infla en el comal es uno de esos placeres de la vida que trasciende toda explicación. Tu alma puede descansar tranquila mientras cada tortilla que eches al fuego se llene de vapor y se separe en esas dos capas perfectas que distinguen sus dos caras. Las tortillas infladas son una señal inequívoca del favor de tu suegra, por lo que pueden ser un buen indicador de la armonía con tu familia política. Supongo que la excepción a la regla son esas tortillas pre empaquetadas de súper. Esas no inflan aunque tu suegra te tenga en todos sus grupos de Whatsapp.

3. El ritual del pepino

En México el pepino no se pela así nada más. Un requisito prácticamente obligatorio al procesar esta fruta es quitarle las orillas con un cuchillo y tallar con ellas la parte expuesta hasta que se forma una pasta blanca. Ahora si ya se puede pelar, picar, rallar o hacerlo agua. Los tallones antes descritos son una especie de exorcismo que se lleva toda la amargura del pepino y lo deja en su meritito punto. Es algo tan fácil de hacer que pocos lo cuestionamos y debo aceptar que es una de esas prácticas que consideré universales y perfectamente justificadas durante mucho tiempo.

4. El mal humor y la salsa

Estar enojado mientras se está en la cocina nunca es recomendable. Uno puede acabar confundiendo ingredientes o rebanándose un dedo por tener la mente ocupada en rencores, venganzas y otras aflicciones del espíritu. Pero además de los riesgos en los que se incurre por la falta de concentración per se, están las consecuencias que el propio humor desata sobre los alimentos. Ya hablamos sobre el enojo y los tamales, pero un caso aún más famoso es la relación entre el enojo y lo picante de las salsas. Preparar una salsa mientras se está encabronado hará que ésta adquiera toda la potencia de nuestra ira y termine haciendo llorar a cuanto comensal se atraviese en su camino. Mientras más grande sea el enojo, más picante será la salsa.

5. Limpiar las ollas y el diluvio

Es una verdad universal que la comida que se queda pegada al fondo de las ollas es lo más rico del guisado y limpiar la olla con una tortilla es un verdadero placer… pero no está exento de consecuencias. No importa si te casas durante el abril más seco que se haya vivido en años, si tienes por costumbre limpiar las ollas, alguna tormenta tropical empezará a tomar forma en medio del Golfo de México o el Pacífico con el simple propósito de arruinar el día de tu boda. ¿Efecto mariposa? ¿Comunicación directa de las ollas con Tláloc? No sé cuál sea el mecanismo propuesto para que esto suceda, pero controlar el clima desde la cocina es un súper poder que ya quisiera cualquier personaje del universo Marvel.

6. La batida del mole

El mole, las claras de huevo, la masa para los buñuelos y de nuevo los tamales… todas estas cosas tienen algo en común, se deben batir en el sentido de las manecillas del reloj para que la receta funcione. En este caso, hay una clara justificación detrás del mito. Batir ingredientes requiere de un esfuerzo mecánico constante y es el típico paso de las recetas en el que las cosas pueden salir mal. Si bates siempre en el mismo sentido, mantendrás el ritmo de manera más natural y las claras subirán, la masa esponjará y el mole quedará bien revuelto. Puedes batir para el lado que se te antoje, pero no dejar de batir.