México es un país de contrastes en donde la diversidad se vive de formas muy distintas. A pesar de contar con más de sesenta lenguas vivas y de mantener identidades culturales de muy diversos orígenes, una buena parte de los mexicanos sigue estando expuesta a la discriminación racial, algunos como víctimas y otros tantos como victimarios. Según la Encuesta Nacional Sobre Discriminación 2017, el tono de piel sigue estando fuertemente relacionado con en el nivel de estudios y el tipo de ocupación que tienen los mexicanos. Aunque muchas de estas expresiones coloquiales se usen en tono de broma, lo cierto es que el racismo en México dista mucho de ser un chiste. Recuerda que la forma en la que hablamos dice mucho de quienes somos.

 

1. Pues tú has de ser güero y de ojos azules

Estás de metiche en algún hilo de comentarios de Facebook y de pronto alguien le dice pinche indio a otro alguien. La cosa sube de tono rápidamente y los comentarios de racismo exacerbado empiezan a volar de un lado para otro. De pronto aparece alguien que pretende ser la voz de la razón y lanza un contundente pues tú has de tener ascendencia europea. Este comentario —aplaudido o no— se enarbola como un faro de cordura y rectitud en medio del caos y las trolleadas.

¿Me están diciendo que la ascendencia europea da la capacidad de mandarlos a todos a freír espárragos sin miramientos? ¿No se dan cuenta que esta respuesta es igual de racista que los insultos que critican? Muchos mexicanos sacan las garras si se demerita al indígena o al mestizo, pero siguen sintiendo que el extranjero —sobre todo el güero y especialmente el europeo— es en cierta forma superior. Esta frase pone en evidencia el racismo prevalente en el subconsciente mexicano y es tan utilizada que da miedo.

 

2. Trabajar como negro

Tan extendida está la idea detrás de esta frase que el ex presidente de México, Vicente Fox, la modificó para hacer referencia a las condiciones de los migrantes mexicanos en Estados Unidos, diciendo que estos hacen trabajos que ni los negros quieren hacer… claro que él también se refirió a las mujeres como lavadoras de dos patas, pero eso es harina de otro costal. Es verdad que en México no existe una historia de discriminación contra las personas de piel negra como en otros países, pero hay una gran diferencia entre referirse a alguien como negro o negrito y pensar que el color de la piel tiene que ver con el tipo de trabajo que desempeñamos. Si andas en chinga, andas en chinga y ya.

 

3. No tiene la culpa el indio…

Sino el que lo hace compadre… pero más allá de quién haya tenido la culpa, esta frase paternalista tiene un mensaje muy claro: la población indígena no es de confiar. Toda esta idea tiene una herencia colonial muy marcada. En siglos pasados, las clases altas de la sociedad mexicana veían la marginación de la población indígena como algo inherente a su raza. Esto está muy asociado con el concepto de indio ladino, etiqueta con la que se le conocía a la población indígena bilingüe y que era considerada indigna de confianza. Es asombroso todo lo que uno puede hacer para mantenerse en su pedestal de moralidad.

 

4. El nopal en la cara

Debo admitir que yo he usado esta frase en múltiples ocasiones. Sin embargo, normalmente la utilizo para expresar que no me puedo quitar las costumbres que traigo como consecuencia de mi identidad mexicana (como todas esas veces que he fracasado en la titánica labor de encontrar buenos tacos al pastor lejos de México). Desgraciadamente, no toda la gente la utiliza en la misma manera. Lejos de ver el nopal como un símbolo de identidad —después de todo, es parte central del escudo nacional y de la historia de México—, mucha gente en México lo asocia con los estratos económicos más bajos de la sociedad mexicana y, en consecuencia, con la población indígena.

El nopal en la cara se usa como referencia a características —físicas o culturales— de los pueblos indígenas de México, menoscabando estos frente a los estándares occidentales que hemos aprendido a ver como normales. Expresiones similares incluyen: bajado del cerro a tamborazos, prófugo del petate y todas aquellas que utilizan el término indio en sentido denigrante.

 

5. Hay que mejorar la raza

Este es el típico argumento de abuelita sermoneando a sus nietos en edades casaderas para que se busquen una pareja de bien, alguien bonito, así blanquito y de ojos claros, para que tus hijos salgan güeritos. La asociación entre racismo y clasismo en México tiene sus orígenes en la colonia, cuando los peninsulares ocupaban el estrato social más alto, seguidos de cerca por los criollos, más de lejos por los mestizos y mucho, pero mucho más de lejos por las poblaciones indígenas.

Desgraciadamente, la idea detrás de esta frase no carece de fundamentos. Como todo el que haya visitado México podrá constatar, la tez blanca está asociada con las clases socioeconómicas más altas, mientras que las facciones indígenas se asocian con condiciones de pobreza y marginación.

 

6. Chino chino japonés…

Son muchas las frases que se utilizan en México para menospreciar y ridiculizar a las personas de origen asiático. Toda persona de rasgos asiáticos en México será objeto de atención desmedida y se le catalogará como chino, independientemente de si nació en Corea, Tailandia, Japón, Estados Unidos o Naucalpan. Este denominativo va generalmente acompañado de una carga negativa. En México se ve a los chinos como ignorantes, aprovechados y malhechos.

El hecho de que las comunidades asiáticas sean minoría en México no demerita los problemas a los que se pueden enfrentar. El año pasado conocí, de primera mano, el caso de dos grupos de turistas —unos malayos y otros japoneses— que se enfrentaron a la misma situación: un grupo de mexicanos se acercó a ellos, pidiéndoles sacarse una foto con ellos. Pese a lo extraño de la solicitud, accedieron; al momento de sacar la foto, los mexicanos se pusieron los dedos a los lados de los ojos y los rasgaron. Sobra mencionar que estas personas no se llevaron la mejor impresión de México. ¡Tengamos tantita madre, por favor!

 

7. Hasta entre los perros hay razas

Frase muy recurrente que sirve para evidenciar que no todos somos iguales… por cuestión de raza. Creo que no hace falta abundar en que esta frase está muy torcida.