1. Resígnate

Septiembre es un punto neurálgico en el año y las fiestas por la independencia de México son el principio del fin. Es momento de darte cuenta que no cumpliste con tus propósitos de este año y que esa dieta que venías postergando para el próximo lunes empieza a tomar tonos más ficticios que el mismísimo chupacabras. Déjate llevar por los caminos del pozole y el mezcal hasta que la fiesta te escupa a finales de enero con ocho kilos de más y un hígado ligeramente más deteriorado.

2. Recuerda que hubo tiempos más oscuros

Esos ayeres en los que las fiestas patrias no implicaban chupar como si no hubiera mañana, pero sí copiar biografías de Miguel Hidalgo, aprenderte alguna cantaleta sobre los héroes de la patria, disfrazarte de niño héroe para la ceremonia de la escuela y ver el desfile para entregar un reporte el lunes. Todo divertidísimo y emocionante a más no poder.


3. Aprovecha la comida de temporada

Ya que estás en los terrenos de la resignación, es momento de aprovechar los manjares que trae consigo esta época. Chiles en nogada, pozole, tamales, buñuelos, pambazos y tostadas empiezan a hacer su aparición en puestitos callejeros, restaurantes y cenas de temporada. No es que no puedas conseguir estas cosas —con excepción de los chiles en nogada, claro está— el resto del año, pero por algún motivo saben más buenos por estas épocas.

 

4. Reconéctate con lo mexicano

México puede tener muchos defectos, pero son muchas más sus virtudes. Aprovecha la euforia nacionalista para empaparte de cultura mexicana. Date una vuelta por una zona arqueológica, ponte a buscar música tradicional interesante, visita algún museo, lee Pedro Páramo… Festejar a México es mucho más que colgarle una banderita a tu coche o pintarte el cachete de verde, blanco y rojo.  

5. Cómprate unos tapones para los oídos

El coheterío está por iniciar. Y aunque el escándalo alcanza su clímax durante la noche del quince de septiembre y la madrugada del dieciséis, tendrá secuelas en los próximos meses durante las fiestas de San Juditas, la Virgencita y demás celebraciones. Ojo que los tapones también pueden resultar efectivos si quieres evitarte la pena de escuchar a personajes nada heroicos dando de gritos durante la noche del quince.

6. Sal a reencontrarte con tu ciudad

El dieciséis de septiembre es un gran día para turistear por la ciudad. La mayoría de los chilangos estarán dormidos, crudos o a punto de entrar a cualquiera de estos dos estados. Esto resulta en una ciudad extrañamente vacía que puedes disfrutar a tus anchas y sin las complicaciones usuales del tráfico y el estrés.

7. Festeja el grito a tu estilo

Dar el grito no implica irte a parar al Zócalo y sufrir a la multitud armada con banderas y espuma en aerosol. Muchas otras plazas públicas ofrecen espectáculos más mesurados, restaurantes y bares promueven eventos para esta noche, y seguro que alguno de tus amigos tendrá una fiesta temática a la que puedes sumarte. Hay miles de formas de aprovechar esta fiesta sin caer en clichés… además del pozole y el tequila, esos me los respetan.