Uno de los síntomas de todo chavoruco es extrañar de más la infancia y algunos de tus recuerdos más nostálgicos seguramente se encuentran asociados a todas esas chucherías y golosinas que te empacabas saliendo de la escuela o mientras te echabas la reta de Street Fighter en las maquinitas de la esquina. Tienditas y cooperativas fueron responsables de este buffet de delicias llenas de calorías que te mantenían en un estado de hiperactividad continua y que hoy seguramente añoras como pocas cosas. Estas es una lista con algunas de las botanas y golosinas chilangas más famosas.  

 

1. Papitas y chicharrones 

Photo: Shutterstock/Joseph Sorrentino

Qué días aquellos cuando podías entrarle sin remordimientos a los carbohidratos. Gracias al señor del carrito de papas que estaba puntual esperándote a que salieras de la escuela, podías recargar las pilas con unas suculentas papas fritas o chicharrones bañados en salsa botanera y limón (bastante de ambos para poder tomarte el juguito al final). Si tus papás se tardaban en pasar por ti, ¡mejor! Así te daba tiempo de aventarte la segunda vuelta de chicharrones aunque después te regañaran en la casa por no querer comerte la sopa. 

 

2. Fruta enchilada 

 

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Quién sabe por qué, pero cuando faltaba el señor del carrito de papas siempre aparecía el de la fruta enchilada para hacer el paro. Entonces había que cambiar temporalmente las papitas por los cocteles de jícama, pepino y zanahorias, también adicionados con tanto limón y chile que te duele la úlcera solo de recordarlo. A decir verdad, esta botana tenía el mismo efecto adictivo que las papitas. Pero uno no puede negar la cruz de su parroquia, así que cuando se restablecía el orden cósmico, había que regresar al carbohidrato. 

 

3. Miguelitos y Pulparindos 

 

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¿Recuerdas cuántas veces combinaste el Miguelito en polvo con el Miguelito chamoy? Ahora lo usas para tus micheladas pero en aquel entonces era suficiente mezclar el contenido de ambos en una sola bolsita y administrártelo como si se tratara de un suero, poco a poquito, para saciar esa necesidad de acidez y picor en las papilas gustativas. Ese mismo placer lo encontrabas en los Pulparindos, el Salim y hasta en el Pelon Pelo Rico. Y que conste que no te estoy albureando.

 

4. El sándwich de helado

 

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Cuando tenías ganas de un helado lo primero que hacías era buscar el carrito de las paletas que, entre otros tesoros, tenía el fabuloso sándwich helado. Aunque ya se lo pirateó la industria del helado y ya aparece hasta con nombres italianos, el sándwich helado al que estábamos acostumbrados no sabía a tanto conservador y te llenaba como si hubiera sido una comida completa, algo que cualquier morro agradece cuando la reta de fut espera y hay que irse bien comido. 

 

5. Las congeladas 

 

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¿Te acuerdas cuando ibas a lanzar ese fatality mientras mordías con ansiedad el plástico de una congelada? Ya que pasaba la angustia y dejabas de torturar las palancas de la maquinita de videojuegos, te dabas una pausa para darle otro mordisco a la congelada y continuar con el siguiente round en Mortal Kombat. Todo esto sucedía mientras tu mamá esperaba a que regresaras de la papelería con la monografía de los mamíferos, pero ¿qué puedes hacer cuándo la doña de la papelería tiene maquinitas y además vende congeladas? La voluntad de ningún niño puede ser tan fuerte.  

 

6. El Boing de triángulo

 

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Que habría sido de nosotros si los Boing de triángulo no nos hubieran ayudado a pasarnos esos sándwiches del recreo. Esta era la bebida de cajón de cualquier morro de primaria y secundaria. Quien se precie de ser buen conocedor estará de acuerdo en que no sabe igual un boing en botella de vidrio que uno en ese legendario envase triangular de cartón.  Además eran ecológicos porque —aunque tenían un agujero— no era necesario un popote para tomártelo.  

 

7. Cueritos con chile

 

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Los famosos cueritos que usualmente nadaban en un vinagre rojizo dentro de un vitrolero. Cada vez que la doña de la tienda metía la cuchara para sacar alguno, era como ver a un extraterrestre dentro del frasco; y no me refiero a la doña, sino a las decenas de cueritos que se movían como tentáculos. Después de pescar al inofensivo cuerito te lo servían en un pedacito de papel de estraza bañado de salsa botanera. Sin duda un buen tentempié cuando tu mamá te mandaba por los chescos.

 

¿De cuántas qué botanas y golosinas chilangas te acuerdas?