La red está plagada de manifestaciones en pro y en contra de las corridas de toros. Lo radical de las opiniones y la agresividad entre estos grupos se entiende por la disparidad entre las posturas, la pasión y los sujetos involucrados: ética contemporánea, moral, tradición, derechos de los animales, símbolos de vida y muerte, naturaleza humana y un largo etcétera de temas no menos trascendentes. A pesar de haber tantas voces alzándose alrededor del tema de los toros, rara vez encontramos validez o peso en sus argumentos, que son un enredo de subjetividad, sentimentalismos y empatía enfocada en diferentes valores y sujetos. Aquí trataré de deshacer un nudo gordiano y brindar unos cuantos argumentos de peso a favor de los toros… es decir, en contra de las corridas.

1. Las normas morales de nuestra sociedad van para un lado…

Y la fiesta brava va para el otro. Es una tradición con fecha de caducidad impuesta por una sociedad donde el respeto a la vida es un valor universal y donde cada vez se tolera menos aquello que atenta contra el bienestar y la subsistencia del individuo. Estas normas sociales se han extendido más allá de lo humano para integrarse en el mundo natural. Dentro de este mundo natural, los elementos con los que empatizamos más son los animales y dentro del mundo animal, empatizamos más con los mamíferos. Imaginarse una sociedad futura donde la fiesta brava siga teniendo cabida es usar la imaginación de forma desorbitada.

2. El “dominio de la naturaleza” está pasando de moda.

Enfrentarse a la ira de la bestia” puede ser muy simbólico y despertar arquetipos y apelar a regiones profundas del subconsciente… lo que quieran. Pero el simbolismo detrás de la tauromaquia es, en gran medida, uno de dominio de la naturaleza, una idea que arrastramos todas las culturas con una base ética cimentada en la tradición judeocristiana. La ética laica o secular está empezando a permear en nuestras sociedades y se está llevando culpas, tradiciones mal fundamentadas y esa idea de que la Tierra está a nuestra disposición. Lo de hoy es entender el equilibrio entre lo humano y lo natural, no clavarle una espada en el lomo para demostrar que somos superiores.

3. Las corridas de toros son espectáculos crueles.

Valerse del sufrimiento de un ser para el disfrute de una audiencia es crueldad, no importa por dónde lo quieran ver. Sé que el sufrimiento de la bestia no es el factor estelar de una corrida, pero está presente y por si fuera poco, dicho espectáculo culmina con la muerte del toro. El animal sufre, porque tiene un sistema nervioso centralizado muy parecido al nuestro, con centros de dolor y capacidad de respuesta al estrés. Las corridas de toros vienen de una época en la que se pensaba que los animales no sentían dolor, pero esa concepción ya no es válida y seguir actuando como si lo fuera, nos muestra como necios e ignorantes.

4. Y para los que se quejan de la humanización de los animales…   

Los antitaurinos pueden pecar de sentimentales al antropomorfizar al toro. Es verdad, el toro no está llorando por su pinche suerte mientras se está enfrentando al matador; sin embargo, el animal tampoco está en un éxtasis de noble agresión, no es un guerrero y no está disfrutando de la oportunidad que se le está brindando de defender su vida como toda una bestia hermosa y salvaje. La retórica de los dos bandos es muy parecida si se le ve con este enfoque. Al final, el animal no sabe por qué se encuentra en la plaza y no tiene la menor idea del simbolismo que carga sobre su lomo… aunque ese simbolismo implique su sacrificio.

5. La confrontación con la muerte y las representaciones efímeras de la belleza están por todos lados, no sólo en las plazas.

El espectáculo de los toros es catártico y lleno de simbolismos sobre lo efímero de la belleza, la vida y la inminencia de la muerte. Esta es la forma en la que los taurófilos lo entienden y es parte de la esencia que defienden a capa y espada. Sin embargo, sabemos que el goce artístico es subjetivo y que puede ser consecuencia de las expresiones más nobles o de las más grotescas. La catarsis que ofrecen las corridas de toros son equivalentes a las que se encuentran en otras expresiones artísticas, como el teatro o lo ópera… la gran diferencia es que en estas últimas, nada ni nadie termina siendo sacrificado.

6. El espectáculo ya tiene mucha competencia.

La fiesta brava precede a los cines, a las obras de teatro populares, a los parques de diversiones, a Netflix, al Xbox One y a echar pata con fines lúdicos. Las opciones de entretenimiento se diversifican y las condenas hacia los pro taurinos aumentan. Como expreso en los puntos anteriores, sólo es cuestión de tiempo para que el utilitarismo haga su magia y la gente se vaya alejando de un espectáculo que resulta poco popular, sujeto a demasiadas críticas y al borde de lo que la moral actual reconoce como aceptable. Las últimas décadas han sido un desfile de tradiciones en decadencia en las que la sociedad ya no está interesada… ¡las cosas están cambiando!

7. ¿Qué le va a pasar al pobrecito toro de lidia?

Eso dependerá de los esfuerzos de conservación y el interés de los ganaderos por mantener sus ejemplares. Tenemos muchos ejemplos de perros y palomas con variedades que subsisten a pesar de haber perdido su modus operandi principal. No dudo que exista interés por parte de muchos criadores de mantener el toro bravo o toro de lidia por el puro gusto estético y por mantener parte de una tradición. Además, debemos recordar que las variedades son elementos abstractos, pero el sufrimiento de los individuos es muy real.

Y a continuación un punto que creo importante, pero que le sacará canas verdes a algunos.

¡Todos los que aboguen por la eliminación de las corridas de toro, deben pasar al pasillo de frutas y verduras de inmediato!

¡Por amor a la congruencia! El objeto de las críticas es exactamente el mismo aquí: sufrimiento animal en favor de una expresión cultural humana. Por un lado tenemos la fiesta brava, por el otro, los tacos al pastor… ninguna de las dos cosas es necesaria para nuestra subsistencia, pero mantenemos estas industrias por el placer que nos dan sus productos. Algunos argumentarán que no es lo mismo fisiología y alimentación que espectáculo y sacrificio… la verdad es que en los dos rubros hay sufrimiento (mucho más en la industria alimenticia) y que bien podríamos prescindir de ellos, pero no lo hacemos porque el placer que obtenemos es demasiado y no estamos dispuestos a dejarlo de lado. Se valen todas las posturas, pero la incongruencia siempre se ve mal.

Crédito de la imagen de portada: Wolfgang Staudt