Existe una probabilidad muy alta de que regreses a Cuetzalan después de visitarlo por primera vez. Son pocos los viajeros que se resisten al hechizo de este pueblito oculto entre las nubes de la Sierra Norte de Puebla, cuna de tradiciones ancestrales y sabiduría indígena. Si aún estás indeciso, aquí van algunas razones que quizás te lleven a Cuetzalan o tal vez te animen a redescubrirlo.

 

1. Las maravillas naturales


Pocos saben que Cuetzalan posee maravillas naturales que sólo existen en el 5% de la superficie del planeta. Nos referimos a los increíbles bosques de niebla, caracterizados por su vegetación mesófila, repleta de helechos prehistóricos que recrean paisajes muy parecidos a los de la era de los dinosaurios. A los alrededores del pueblo también se pueden visitar impresionantes cascadas como Las Brisas y Las Hamacas. Para los más aventureros existen las Grutas Aventura, las cuales forman parte del sistema de cavernas más extenso de México.

 

2. La cultura totonaca

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Uno de los tesoros de Cuetzalan es su población de origen nahua y totonaca. Su sabiduría —heredada generacionalmente desde la época prehispánica— todavía se siente en sitios como las ruinas de Yohualichan, la ciudad predecesora del Tajín.
Cuetzalan también está asociada con ceremonias ancestrales como la danza de los voladores. Aunque su origen sigue estando disputado con Papantla, siempre es impresionante observar a los voladores efectuar su temerario ritual en el atrio de la parroquia de San Francisco de Asís.

 

3. Las maravillas arquitectónicas
Photo: José Miguel Rosas

Estar en Cuetzalan es como hacer un viaje en el tiempo. Aunque han pasado varios siglos desde su fundación, la arquitectura original del pueblo se mantiene casi intacta. Las calles empedradas se pierden entre caseríos de fachadas blancas y tejados rojizos y conforman una de las postales rurales más bellas de México. Mientras que su parroquia y sus peculiares iglesias, como la de Los Jarritos, son parte de la huella que dejaron los misioneros españoles durante la evangelización.

 

4. La comida serrana

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En Cuetzalan, el disfrute no sólo es visual sino gustativo. Basta con meterse a una de las fonditas del pueblo para darse un festín. Si pensabas que los frijoles eran un platillo simple, aquí los percibirás como una de las cosas más suculentas cuando los pruebes cocinados con xocoyol. Y qué tal esa deliciosa mezcla de alberjón aderezada con hojas de aguacate para rellenar los tradicionales tlayoyos.
Pero ahí no para la cosa, la gastronomía local tiene platos insignia como las acamayas o langostinos de río al mojo de ajo, el pipián en su versión prehispánica, el mole, la cecina, las sopas de setas, el agua de maracuyá y mucho más.

 

5. Los licores, la vainilla y el café

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Si has visitado Cuetzalan podrás confirmar que su aroma es una combinación de café, vainilla y frutas. Y es que estas fragancias son posibles gracias a la fertilidad de las montañas que se levantan a los alrededores, donde pueden encontrarse de manera silvestre plantas de café, pimienta, zapote, guayabas, lichi, maracuyá y hasta orquídeas de vainilla. No es de extrañarse que en Cuetzalan sean expertos en producir licores de frutas y aguardientes como el Yolixpa, el cual se prepara hasta con 32 hierbas aromáticas; también se dice que es medicinal, aunque varios tomen ese pretexto para terminarse la botella.

 

6. Los días de tianguis
Photo: Eneas de Troya

El tianguis dominical de Cuetzalan es una experiencia fascinante y enriquecedora. A medida que te sumerges en el mercado, es fácil quedar hipnotizado con la sonoridad de la lengua náhuatl y totonaca que fluye en todas direcciones. Cada domingo, la plaza central se convierte en el punto donde se dan cita vendedores cargados con plantas medicinales, especias, flores, vainilla, café, frutas, animales de granja, textiles y demás productos que demuestran la riqueza cultural y natural de la región. Ten en cuenta que aquí todavía se privilegia el trueque como forma de comercio.

 

7. Las Ferias


Cuetzalan es nada más y nada menos que sede de la Feria Nacional del Café y el Huipil y también del Festival del Yolixpa, cuya primera edición fue apenas en 2016. Motivos de sobra para aventurarse en este rincón mágico de la sierra, ¿no crees?